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alabanza  

Alabanza

Alberto Olmos

Lit. Random House

9,2

384 págs.

19,90 €.

Milo J Krmpotic’

 

Allá por 2019, Sebastian (así, sin acento, no tanto una impostura como el primer signo de la construcción que de sí mismo ha realizado el personaje) se considera corresponsable de la muerte de la literatura, al menos la de tipo elevado, como firmante de uno de los grandes best sellers de esa década, novela de cuyo título no quiere acordarse (“El mapa del misterio” o “El misterio del mapa”), que le granjeó tanta fama popular como despecho por parte de las fuerzas vivas de la alta cultura y que le ha impedido, desde entonces, retornar a sus raíces como autor de relatos más exigentes, quizá más experimentales, desde luego más minoritarios.

 

Es por ello que decide exiliarse un verano en un pueblo recóndito, la última localidad de España ajena a la colonización cibernética; una villa polvorienta y casi comalesca, atravesada tan solo por alguna que otra anciana en sempiterno estado de luto, de donde no saldrá sin un nuevo volumen de cuentos, “Las amadas”, compuesto a partir de retazos procedentes de su propia memoria erótica. Todo ello, por cierto, mientras su pareja de los últimos años, la misma a la que ha comenzado asegurando “No estoy enamorado de ti” (así, sin anestesia, no tanto una forma de crueldad como el primer signo del ánimo iconoclasta del personaje), se dedica a adecentar el jardín de la casa, emprende interminables y solitarios paseos, se deja influir por la leyenda sobre el incendio de una de las dos iglesias del lugar.

 

Es “Alabanza” una declaración de intenciones y el hecho de que lo sea desde su título mismo la convierte, además, en una propuesta marcadamente metaliteraria, plagada de posibilidades interpretativas, cuyo carácter de profecía autorrealizada deja a las claras no sólo el nivel de destreza alcanzado por Alberto Olmos, sino la predominancia de su persona crítica, tan inseparable de la autoral, encumbradas ambas a partir de un muy poderoso andamiaje narrativo que, a la vez, se permite el lujo de jugar constantemente con la ilusión y la paradoja. Por poner un ejemplo de esa capacidad para mostrar escondiendo y viceversa, tal y como esta crítica no puede explicar al Olmos escritor sin comentar su faceta de comentarista en la Red, ya a través de la máscara de Lector Mal-Herido ya a partir de su propio blog, en la novela internet es una ausencia tirando a constante, una presencia que brota de su supuesta omisión.

 

Tales juegos, en cualquier caso, distan mucho de perseguir el despiste del lector; se transforman, por el contrario, en una suerte de Leitmotiv y, por tanto, en un signo de coherencia. Así como en “Pedro Páramo” –ya que antes apuntábamos a Comala– la búsqueda es hallazgo per se y los personajes alternan la entidad de lo presente con el carácter fantasmal de todo tiempo pasado, Olmos trata la muerte de la gran literatura desde una novela mayúscula, asienta sus comentarios acerca de lo que nos es contemporáneo otorgándoles una pátina atemporal, se afianza en la fábula sirviéndose de perspectivas claramente ligadas a la realidad y justifica así con creces el carácter admonitorio que se desprende de la ambientación futura de la trama. A la vez –y he aquí el único pero que podría encontrarle al libro– la parte tercera, la que de forma más evidente ilustra esa cualidad “realista”, quizá extraviará brevemente al lector no particularmente interesado en la deriva del mundillo editorial español a lo largo de la última década.

 

A esas alturas, no obstante, cabe destacarlo a su vez, quien haya sellado su compromiso con “Alabanza” no estará ya dispuesto a romperlo. Porque, si la primera parte se ha servido del erotismo como anzuelo, ha establecido un doble mcguffin (el citado incendio de la iglesia para ella y la muerte del padre en lo que a él respecta) más sutil y sugerente y hasta necesario que los de “Ejército enemigo”, si ha surcado con gracia no exenta de rigor las procelosas aguas del bloqueo creativo y la vida en pareja, la segunda viene de sorprender con una revelación sobre el pasado del protagonista que se funde en un recorrido por la vida rural, universal en su anclaje adolescente, de prosa exquisita y carácter sencillamente hipnótico. Y esa exhibición, reivindicativa a la par que orgullosa, casi religiosa en la celebración de su propia liturgia y ansia de trascendencia, apunta a un creador en plenitud, a una obra incontestable por serena, inteligente y ambiciosa, certeramente bella, puntualmente emotiva, sencillamente inacabable.  

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Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com