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La segunda vida

Matías Candeira y Javier Jubera

Aristas Martínez

8,7

80 págs.

15 €.

Santiago García Tirado

 

En época de estrecheces económicas (e intelectuales) se vuelve más necesaria que nunca una apuesta ética por parte de editores (y autores), toda vez que las instancias supremas (valga decir los de siempre) se emperran en calificar de superflua cualquier inversión que tenga como objeto la cultura. Para hacer frente al feísmo, el utilitarismo, el conservadurismo y otros miasmas de la clase dirigente, nada mejor que un sí al capricho de la belleza insolente, optimista.

 

“La segunda vida”, de Matías Candeira, da cuerpo de manera brillante a esta actitud necesaria. En este relato, un cartero visita a diario un extraño edificio habitado por seres asociales al que inexplicablemente todavía llegan cartas. Aquí viven hombres y mujeres que no necesitan el mundo, advierte un rótulo. En el vestíbulo, un enigma en forma de mujer, Helena Ribas, lo recibe cada mañana y le da conversación, lo acompaña, lo orienta en su búsqueda de cada destinatario. Como cabría esperar, cada puerta del inmueble esconde a una familia con su particular historia, que iremos conociendo a la par que el protagonista. Simultáneamente, las calles de la ciudad en la que vive el cartero se van llenando de chillidos animalescos, los que emite una turba de alborotadores a los que no parecen conmover ni lo bello ni lo milagroso. Por eso hacen lo que saben: ruido.

 

Como se puede observar, la historia se construye sobre dos planos: el edificio por dentro y el caos exterior. Dos mundos incompatibles de los que uno se erige en seductor absoluto: el de la vida interior del edificio. A esa configuración de espacio mítico contribuye el entretenimiento de Helena Ribas, que a lo largo del relato va cubriendo las mohosas paredes con un mural en el que despliega su fantasía oculta de ballenas y coral y luces abisales. El final está a la altura de lo esperado en un relato que se propone como una defensa del derecho a la fantasía. Para experimentarlo hay que dejarse arrastrar por las fuerzas de la narración y el rumor de los cetáceos, leer con las puertas de los balcones cerradas y en modo activo la capacidad de sorpresa. Esa es la actitud subversiva que este tiempo exige. 

 

Pero hablábamos de que la apuesta ética implicaba también a los editores, y aquí se impone una vez más (y van…) destacar la intrepidez de Aristas Martínez al publicar este libro, ideado como un auténtico objeto de deseo y que como empresa no generará beneficios al mismo ritmo que un banco subvencionado con dinero público. Observen que, si ya es de por sí arriesgado publicar relato, lo que aquí encontramos es un solo relato breve, extraído del primer volumen publicado por Candeira, “La soledad de los ventrílocuos” (Tropo editores, 2009). Lo que les movió a hacer esta apuesta, explican los chicos de Aristas Martínez, fue la fascinación que en su día les produjo la lectura de ese texto. Así de simple. Convertirlo en libro era una forma de malbaratar toda teoría economicista en boga y apostar por la obra de arte en sentido puro (ay, hablar de pureza en pleno veintiuno). Pero así lo decidieron, y así han dado forma a la idea. A Javier Jubera, un diseñador joven y de fuerte personalidad, se le encargó el aparato estético que debía acompañar al relato y, en mi opinión, resuelve el encargo con coherencia y exquisitez. Forma y fondo, como pocas veces, dialogan a la perfección en este libro que, ya digo, tiene mucho de apuesta ética, y por supuesto estética, a la altura de los tiempos.

 

La cosa está tan mal que no podemos permitirnos escatimar ahora precisamente en cultura. Vengan, pues, muchos más hijos pródigos como este “La segunda vida” de Candeira y Jubera, que desde ahora prescribimos como medicina necesaria contra el feísmo, el utilitarismo; en fin, esas taras que exhiben esos muchachos de arriba, que mira que hacen ruido y molestan. Como una turba de animales dispuesta a arrasar con todo.  

Comentarios
Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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