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Colin Niel

¿Son ya los animales la única gente de confianza?

 

Texto Santiago García Tirado

 

Una historia turbia acaba de tener lugar en el Causse, con muerte incluida. Cinco voces que se corrigen entre sí van desplegando un mural de piezas que se solapan, se distorsionan, se arrugan al tiempo que el lector tiene que esforzarse para no dejarse engañar de cada nuevo narrador. Así ha pensado Colin Niel (1976) “Sólo las bestias”, un polar que llega arropado por un aluvión de premios y con el que el autor abandona momentáneamente la Guayana, que ha sido el escenario de sus relatos anteriores. A la espera de que Principal de los Libros se decida a publicarlos, la presente novela es una envidiable carta de presentación para acercarse al público español, por su originalidad, por su mecánica endiablada y por su repertorio de personajes. Hace frío en el Causse, y en Barcelona, donde nos vemos, pero una charla cálida siempre arregla el día, y aquí está el documento que lo prueba. Colin Niel, hablando de bestias y de hombres.

 

De repente, una novela de ámbito rural. ¿Está el género negro cansado de la ciudad?

No creo que el género negro (polar) sea sólo un entorno de ciudad. Hay mucho rural en Simenon, y en otros como Indriadsson –que, por el propio entorno de Islandia, tampoco podría ser muy urbano–. El género negro, por propia naturaleza, siempre se ha adaptado al entorno rural.

 

En España el hábitat natural del género negro es el urbano.

No es que me plantee cuando voy escribir si el ámbito debe ser rural o urbano. Pero sí me interesa la relación del hombre y la naturaleza. En esta novela, me ha interesado la fuerza del paisaje y el entorno real del campo. 

 

El título me desconcierta: no sé decir si destaca algo positivo o algo torvo.

El protagonismo aquí lo tiene la soledad de esos hombres que son granjeros y crían animales en la montaña, por eso el título que hace referencia a la soledad. Y las bestias que son sus únicos compañeros. Es algo que a mí me interesaba mucho explorar, porque estoy convencido de que es algo universal y no solamente aplicable a estos tipos. La soledad es algo que experimentamos todos en un momento u otro de nuestra vida.

 

Pero no es menos cierto que todos los personajes esconden un lado salvaje.

Aparte de la soledad, el otro motor de la novela es la búsqueda del afecto. Los animales, de hecho, son los más pacíficos de todos: esas vacas, esas ovejas.

 

¿Por qué cinco relatos?

Quería que el lector viviera en carne propia la historia, como desde dentro de la cabeza del personaje, que viviera todas y cada una de las cosas que experimentaban los personajes en este mundo cotidiano, agrícola, toda esa bola de angustia a la que el relato se refiere en momentos de gran tensión. Y la única manera de transmitirlo, en mi opinión, era con la primera persona. De ahí el relato coral con cinco personajes.

 

 

Esos relatos en conflicto parecen decir que al mundo lo mueve una constante confusión.

Era el objetivo de esta narración de muñecas rusas, que van desvelando nuevas capas de la historia, pero en el fondo es la excusa que me sirve para hablar de lo que me interesa, esa capacidad que tenemos todos para vivir en la equivocación, en la mentira, sin darnos cuenta. Creemos que somos una cosa, los otros nos ven de otra manera, y somos, probablemente, de una tercera manera que no es ninguna de las anteriores. Hay palabras y actitudes nuestras que son mal entendidas por los demás.

 

¿Es un diagnóstico del mundo en el que vivimos?

No es mi visión del mundo la que me interesa, es la de mis personajes. Trato en todo momento de borrar a Colin Niel para que sólo queden los protagonistas. El origen de todo drama es la incomprensión –en el ámbito de la cultura, de la historia, la religión…–.

 

Alguna vez has hablado de que no te atrae entrar en debate político, pero tu obra refleja una fuerte crítica social.

Lo que aparece en la novela no es mi visión del mundo. Es cierto que hay un problema en el mundo rural, tal como se ve en ella, pero la novela no es una crítica en la medida que tampoco propongo soluciones. Yo describo una situación, que es el marco donde se desarrolla una historia. Un ejemplo lo tenemos en el libro, cuando se habla de la reintroducción del lobo de forma natural en la zona donde se crían las ovejas y, lo que para los ecologistas es saludado alegremente, para el protagonista (Joseph) es un problema económico, de gestión de su rebaño. Como ecologista, me preocupa la reintroducción del lobo, pero en la novela me interesa la reacción del granjero hacia a ese hecho. 

 

Para los españoles, la literatura francesa siempre ha sido un espejo. Colin Niel, que ha ganado tantos premios, ¿debería dar un paso al frente y participar del debate político?

No es el papel de la novela hacer propaganda política. Cuando es evidente que una novela está empujando al lector a pensar de una determinada manera, deja de interesarme. Por supuesto, todos los temas que aparecen ahí me interesan antes de escribir la novela, pero hacer política es la antítesis de lo que espero que pase en la novela.  

 

Entonces seguiremos esperando que el intelectual francés vuelva.

(Risas)

 

Hay una representación muy ácida de los modernos: neohippies, reggaetoneros, etc. Esto lo veo especialmente en Maribé, que aparece como una chica del ámbito alternativo y, contra pronóstico, resulta siempre estúpida y caprichosa. ¿Desconfía Colin Niel de la nueva fauna social?

Me da un poquito de pena que la veas así (más risas), porque Maribé es mi preferida. En la novela hay muchos personajes, y yo me esfuerzo por quererlos a todos, pero para mí Maribé es la mejor persona, la más enternecedora. Ahora estoy escribiendo una historia ambientada en la Guayana, en la que una patrona explota a los niños del oro; a priori es un personaje muy interesante, en un entorno muy interesante –yo mismo he firmado peticiones contra las minas de oro–, pero cuando he estado escribiendo he tenido que pasar mucho tiempo con esa mujer, y he acabado conectando con ella.  

 

  

El personaje que aparece al final, Armand, un marfileño que parece salido de un vídeoclip de reggaeton, es rompedor. ¿Se inspira en alguien real?

Para documentarme he tenido que consultar muchas revistas, pero también FB, que es una mina de información, para saber cómo piensan, cómo se expresan, etc.

 

Seguro que la Guayana te ha dado un conocimiento valioso de la gente que aún tiene creencias ancestrales.

Al margen de lo que pueda haber profundizado para crear a Armand, es cierto que cuando tienes un personaje y no compartes sus creencias –católicas, tradicionales y, en el caso de Armand, animistas–  te pierdes gran parte de lo que define ese personaje. Los autores de novela negra (polar) son en su mayoría unos descreídos, entre los que me incluyo. Corremos el peligro de, si no les prestamos la debida atención, perdernos gran parte de lo que define a un personaje: lo que le empuja, lo que le hace crecer, etc., por eso me esfuerzo en dedicarle atención. Aunque observa que también aparece el personaje de Joseph, que está continuamente rememorando la presencia de su madre, porque el tema de las supersticiones o la brujería no hace tanto tiempo que estaban vivas en Francia. En Guayana he visto cómo todo esto estructura la sociedad, vehicula las relaciones, incluso los cotilleos, las conversaciones, etc. No lo incluyo por darle un toque de color, es que si no se habla de esto, se deja fuera gran parte de lo que define un personaje.

 

Seguro que puedes desvelar algo más de tu proyecto.

Sí, esa próxima novela gira en torno a un río que hace de frontera entre la Guayana y Surinam, con las tribus amerindias que habitan esas orillas, que están desapareciendo. Viven una coyuntura social muy dura, con unas tasas de suicidio altísimas. Pero va a ser muy divertido.

 

Europa se encuentra en una fase de descrédito, en la medida en que se van desvelando sus prácticas oscuras con el tercer mundo, y parece que tus novelas quieren alimentarse de esa materia narrativa.

Sí, y yo he vivido en lo que antes era la antigua Guadalupe, una colonia –hoy en día, un departamento francés– que es distinta de Costa de Marfil, por ejemplo. Y me parece muy interesante la relación entre Francia y sus antiguas colonias, con esa dificultad que tiene Francia –y cualquier país– de relacionarse con esos espacios sin creerse a la vez la policía del mundo. Uno de los problemas actuales es que todo ese pasado está literalmente estallándonos en la cara, y esa incapacidad de relacionarnos sin prepotencia es lo que nos está creando gravísimos problemas. 

 

La semana pasada aparecía la noticia de que, en la Polinesia francesa, el cáncer de origen radiactivo afectará a tres generaciones. Y las pruebas nucleares fueron en época de Mitterrand, que era muy apreciado en España.

Tristemente, el hecho de que fuera humanista o de izquierdas no garantiza que no tuviera una actitud colonial a nivel subconsciente. Yo me eduqué en un entorno muy de izquierdas, continuamente estuve en manifestaciones con mis padres, llevaba la pegatina de “No te metas con mi amigo”, que era el lema para defender que blancos y negros éramos amigos. Conforme pasa el tiempo me doy más cuenta de que las cosas no eran tan sencillas, y continuamente hay que estar en lucha cotidiana con todo el aparato de racismo que llevas dentro. 

 

¿No crees que tu público espera precisamente luz sobre estos asuntos?

No, no, quedarían muy decepcionados (risas, de nuevo). Sí tengo la voluntad de mostrar el mundo, y decir que no todo es tan sencillo como parece. Hace unas semanas apareció un artículo escrito por una antigua diputada guyanesa, una persona de referencia, agradeciéndome que mis novelas reflejen una imagen real y cercana de la Guayana Francesa. Eso me hace sentir halagado, porque alguien reconoce que mis novelas aportan luz. La política, para cambiar las cosas, a veces tiene que simplificarlas, y el mundo no es tan sencillo. Una novela permite mostrar la complejidad del mundo. Eso es lo que me gustaría que mis lectores se llevaran consigo.

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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