Menu

markaris1

Petros Márkaris

“EL SER HUMANO TIENE QUE VOLVER A SER EL CENTRO DEL DISCURSO”

 

Antonio Lozano / Fotografías de Jacobo Medrano

 

El griego ha publicado recientemente la novela, “Pan educación y libertad” (Tusquets), última entrega de la bautizada como “Trilogía de la Crisis”, donde la ficción se ha tomado sangrienta venganza de los abusos de banqueros, financieros, corruptos y nepotistas varios, al tiempo que en este último título se denuncia los abusos que los mártires de la dictadura cometieron una vez alcanzaron el poder. Lo que sigue es una transcripción de parte de la entrevista que se realizó el pasado 24 de octubre en la Fábrica de Harinas de Getafe, durante un acto público en el marco del festival de género negro organizado en la ciudad. 

 

Hay varias paradojas alrededor de Petros Márkaris. Es seguramente el principal portavoz de Grecia pero nació en Estambul en 1937. Se le considera un hombre de letras, si bien estudió económicas y no empezó a publicar novelas hasta bien avanzada la madurez. Parecería que Alemania es su bestia negra, pero habla a la perfección la lengua de Thomas Mann, habiendo estudiado en Viena y Stuttgart y ejercido de traductor de la misma durante décadas. El escritor, pelos blancos de científico loco en perpetua rebeldía detrás de su cogote y cíclope a resultas de un accidente laboral, es ensayista, dramaturgo, guionista de televisión y cine (diversos films con Theo Angelopoulos), si bien debe su fama mundial a las novelas negras que empezó a publicar en 1995 con el comisario Kostas Jaritos al frente. Al ser un militante de izquierdas –si bien desencantado según propia confesión- ha declarado que tuvo que otorgarle rasgos de su padre a su policía para simpatizar con él y cogerle cariño.

 

Lo que singulariza a la serie de Jaritos es su radiografía de las turbulencias que afectan a la sociedad griega, muchas de las cuales compartimos otros países del sur de Europa, las cuales compensa con la calidez del espacio familiar del protagonista y un sentido del humor irónico y punzante. Márkaris se define como una persona pesimista y el panorama que pinta en sus libros es ciertamente tétrico, lo que abre la puerta al hecho de que sus miles de lectores puedan ser unos masoquistas de tomo y lomo.

 

En “Pan, educación y libertad” hace que Grecia vuelva al dracma. ¿Sigue pensando que el euro es la bestia negra de Europa? Buscar la unidad de Europa basándonos en la economía y las finanzas, en vez de en sus tradiciones, valores y principios sociales, fue un error carísimo. Una moneda barata como el dracma ya le iba bien a un país de pequeña escala como Grecia. El euro era demasiado potente pero, al  facilitar la circulación de crédito, todo el mundo vivió de una peligrosa virtualidad. Veo la situación cada vez peor en el sur del Viejo Continente, abocado a una más que probable fractura si prosigue la recesión y el desempleo. La hipótesis de regresar a las anteriores divisas provoca temor y es complicada, pero no 100% descabellada, ya que los políticos parecen querer dejar la puerta abierta. “Pan, educación y libertad”, con todo, es una distopía, puesto que nadie sabe verdaderamente lo que va a ocurrir en los próximos meses. 

 

¿La serie de Jaritos fue concebida desde su origen para expresar un pronunciado malestar social? Sin ninguna duda, aunque yo llegué muy tarde al género, fregando los sesenta años…por lo que no he inventado absolutamente nada. Vázquez Montalbán, Sciascia o Izzo, entre muchos otros escritores, ya lo hacían en los años 1960, por lo que yo me limité a aprovecharme de ese bagaje. Otro asunto es que poco después de empezar a escribir mis novelas policíacas llegó la crisis, de modo que pude volcarme en reflejar su impacto. Quizás tanto que, durante un acto literario en Suiza, una señora mayor me acusó de haberme beneficiado de la crisis, la cual seguramente ayudó a popularizar mis libros. No pude menos que darle toda la razón. Y con la misma honestidad le dije que habría cambiado el éxito por no encontrarnos ahora en este maldito agujero, Jaritos incluido. 

 

A propósito de Philip Marlowe, Raymond Chandler aseguró que lo suyo no era tanto una conciencia social sino una moral particular. ¿Concibe a Jaritos en una onda similar? Creo que los adjetivos que mejor definen al inspector son “decente” e “íntegro”. Yo lo entiendo como un reflejo de la propia Grecia: un país que lleva mucho tiempo siendo pobre, pero con un alto nivel cultural. Tradicionalmente los griegos de las clases menos favorecidas han sido fieles a unos principios morales. Lo malo es que en los últimos treinta años han visto cómo otros, aquellos que precisamente debían de dar ejemplo, destruían todos esos valores y les dejaban sólo con la pobreza. 

 

¿Alguna vez ha recibido críticas de los poderes fácticos de Grecia, tildándolo, por ejemplo, de difamador o antipatriota? Hasta la fecha, el partido Amanecer Dorado no ha ido a por mí, aunque la abogada hija de JaritoS sí ha tenido que vérselas con esos bárbaros. A título personal me preocupan mucho los resultados de las próximas elecciones al Parlamento. Pese a que en apariencia ha sido descabezado tras los últimos escándalos, sigue contando con muchos partidarios, un voto que tristemente el resto de formaciones políticas están deseosas de atraer a su terreno. Tras los comicios veremos realmente el alcance del problema, hasta qué extremos su discurso violento y xenófobo ha calado en la sociedad.

 

markaris2

 

Se le define por sistema como un autor de género negro mediterráneo. ¿Se reconoce en la etiqueta y, si es así, cómo la entiende? ¡Por descontado! Pertenezco a la misma familia que Montalbán y Camilleri. Nuestros respectivos detectives cargan con una ironía capaz de hacer frente a sus desastrosos lugares de origen. Otro paliativo excelente es la comida. Cuando leo a un autor nórdico y me encuentro con que el protagonista se pone a calentar un plato precocinado en el microondas casi me santiguo. La familia es otro pilar. Los tres son elementos de la cultura mediterránea y yo disfruto convocándolos todos en la misma escena: una comilona en casa Jaritos donde al mal tiempo se pone buena cara. El hecho de que en el norte de Europa no coman bien quizás explique en parte porque en su género negro aparecen crímenes tan brutales. Los mediterráneos, en cambio, que ya tuvimos que enfrentarnos a dictaduras brutales durante muchos años, no necesitamos de emociones fuertes, que corra la sangre de un modo estomagante. 

 

En su ensayo “La espada de Damocles” argumenta que sólo volviendo al “humanismo” podemos superar esta crisis. ¿Qué pasos hay que dar en este sentido? El ser humano tiene que volver a ser el centro del discurso. Así hallaremos lo que nos une, atenderemos nuestras necesidades y la fraternidad y la comprensión volverán a significar algo. La inestabilidad económica provoca que ahora haya demasiado prejuicio, menosprecio y odio escampándose entre los europeos. A esto se suma, claro está, una clase política mediocre y sin soluciones.

 

Pese al negrísimo panorama social que se dibuja en la serie, nunca está lejos el sentido del humor, basado en la ironía, el estoicismo y la mordacidad… ¿El género negro necesita una distancia desdramatizadora? El humor quizás sea lo único que nos separa de la oscuridad y, además, sin su ayuda el acceso al género negro se reduciría de forma considerable. Lo veo como un contrapeso indispensable a la tragedia. Jaritos viene de un pueblo en el que la ironía es la norma y aunque los griegos, en general, han perdido bastante la costumbre de recurrir a ella, él la conserva. 

 

El microcosmos familiar de Jaritos tiene un peso fundamental y, junto a ejemplos de solidaridad ciudadana, es otro de los instrumentos de desahogo del ciclo. La familia es la base de nuestra existencia y en la actual coyuntura de crisis resulta aún más evidente su calidad de sostén, algo que me parece particularmente visible en Grecia y en España. En los países mediterráneos el sentido de la comunidad como fuente de apoyo y refugio está muy desarrollado,  de aquí que la solidaridad ciudadana esté evitando que todo salte definitivamente por los aires. También detecto una solidaridad entre los países del sur de Europa, una idea compartida de “ya que todos estamos igual de jodidos, preocupémonos por el vecino”. Jaritos cumple con su cuota comprándose un coche español. 

 

markaris3

 

Atenas es siempre protagonista en su ciclo de Jaritos, donde se desempeña una gran labor cartográfica. Da la impresión de que si unimos todos los títulos probablemente obtengamos un mapa muy completo de la ciudad. La ciudad ha sido tradicionalmente troncal en la novela mediterránea. Jaritos me sirve para mostrar cómo Atenas se ha ido transformando con el paso del tiempo, levantar acta de aquello que se fue y transmitir aquello que la hace grande y por lo que merece la pena luchar. Tanto el inspector como yo vemos con pesar el modo en que se ha degradado espiritual y físicamente, mas el hecho de quedar reflejado en los libros también invita a soñar con que los lectores tomen conciencia de la necesidad de revertir la situación. 

 

Jaritos es aficionado a leer el diccionario, el “Dimitrakos”, lo que cuadra con su condición de dinosaurio atecnológico. Sin embargo, la afición supone una gran frustración, ya que la realidad deja obsoletos los significados de muchas palabras, aquella siempre parece ir un paso por delante de estas. Todo empezó como un guiño a mi pasión por los diccionarios, que se deriva de mi labor como traductor durante muchos años, y ha acabado colándose en todas las novelas, básicamente porque Jaritos no lee otra cosa. Es cierto que ocasionalmente al inspector le enrabia que el “Dimitrakos” no refleje las mutaciones que el habla de la calle le ha conferido a sus moradores, pero hay veces que le sirve pistas que le permiten avanzar con un caso. Una cosa por la otra.

 

En su última novela, en el domicilio de Jaritos no se ve la televisión, lo que trae sosiego ya que esta dramatiza aún más la situación y escampa aún más el pánico. ¿Tiene la impresión de que los medios de comunicación, por lo menos en Grecia, pecan de alarmismo? Yo lo primero que hago al levantarme es leer la prensa extranjera y sólo me acerco a la griega al final del día, cuando ya he podido contrastar las mentiras y las manipulaciones que han tenido al resto de mis conciudadanos tirándose de los pelos. Si enciendes la televisión en mi país, te dan ganas de no salir de casa. Esparcen el miedo y la psicosis con lo que están consiguiendo hundir anímicamente a los griegos más de lo que ya lo estaban, o bien engañarlos. Hace poco se sacaron de la manga un superávit de cientos de millones de euros que, en realidad, correspondía a las deudas adquiridas con los contribuyentes. Me recuerda a lo que he visto aquí al anunciarse a bombo y platillo un crecimiento del ¡0,1%!, casi esperando que la gente se pusiera a bailar de agradecimiento. Son de una irresponsabilidad absoluta.

 

Ha anunciado que en estos momentos trabaja en un libro que vendrá a cerrar sus últimos libros dedicados a la crisis y que ha titulado “Títulos de crédito. Un epílogo”. ¿Hartazgo? ¿Sensación de que ya lo ha dicho todo? ¿Necesidad de pasar página? Las tres.

 

Antonio Lozano

Antonio Lozano (Barcelona, 1974) es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona y cursó un doctorado en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra. Entre 1997 y 2008 ejerció de responsable de secciones de la revista Qué Leer. Actualmente colabora como periodista literario en Qué Leer, el suplemento Cultura/s y el Magazine del diario La Vanguardia, y las revistas Woman y Esquire. También es autor de seis libros infantiles: "Orson y el bosque de las sombras"; "El diente, el calcetín y el perro astronauta"; "Mark Twain y el tren de juguete"; "El cuerno y el centro de la luna"; "La vela que nunca se apagaba" y "El 5º caso del mítico detective Penta", y coautor de la novela juvenil "Terror en la red". Forma parte del jurado del Premio Internacional de Novela Negra RBA, sello para el que realiza un blog de actualidad sobre género policíaco llamado «Lo leo muy negro». Asimismo, ejerce de conductor del club de lectura del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).

Más en esta categoría: « Gonzalo Torné Edward St. Aubyn »