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Todd McEwen

Todd McEwen

Violines y máquinas simples

 

Texto Xavi Granda

 

Todd McEwen es un escritor californiano asentado en Escocia desde hace tres décadas. Editorial Automática acaba de publicar dos de sus novelas, radiografías certeras y burlonas del absurdo cotidiano. La primera, “Boston. Sonata para violín sin cuerdas”, destripa con humor el vegetarianismo y la vuelta a la naturaleza que comenzaba a imponerse en Massachusetts a principios de los 80. La segunda, “Las cinco máquinas simples” (ambos publicados por Automática Editorial) es un repaso a las etapas de la vida sexual también teñido de acidez y sarcasmo.

 

Su reciente visita al festival Primera Persona es la excusa para hablar de ambas obras y de otros temas como la utilidad de los festivales literarios, la música tradicional de Nueva Inglaterra, la educación a base de cine en televisión, la inutilidad de los cursos de escritura creativa, tener el mismo trabajo que tu pareja y compartir espacio de trabajo y el debate sobre la independencia de Escocia.

 

¿Qué ha tal ha sido la experiencia en el festival Primera Persona?

Extraordinaria, ha sido el mejor festival al que he asistido. Muchos son un desastre y esta vez ha sido genial. Tras mi intervención, había una cama inmensa y varios actores de porno hablaban de sus experiencias con un periodista.

 

Todd McEwen

 

Parece el inicio de una de sus novelas…

Sí, uno llega por primera vez a una ciudad que no conoce y se encuentra en una situación así… La verdad es que todo el mundo ha sido muy amable, pero tengo que confesar que, como autor creativo, no apruebo la idea de estos festivales, son una especie de gueto, de contenedor de cultura, que debería ser algo de la vida diaria, deberíamos leer cada día o ver cuadros.

 

¿Imaginó 30 años después de escribir “Boston…” que sería publicado en España?

Jamás, fue una sorpresa. Le decía a Enrique Maldonado (el traductor) que ahora es una novela histórica. Si se hiciera una película hoy, habría que ambientarla en los 80. Pero creo que sigue siendo una historia moderna, como mitificar el Walden, el new age, volver a la naturaleza... Ahora es un asunto más serio, era más fácil burlarse de ello entonces y ahora tenemos que ponernos serios y reciclar. Pero es que mis personajes son tontos, ese es el mensaje que quiero que aflore, aunque está claro que el cuidado de la naturaleza es un tema importante.

 

¿Qué opina del cambio del título? De “Fishers Hornpipe” a “Boston, sonata para violín sin cuerdas”…

Creo que es brillante, ojalá se me hubiera ocurrido (ríe). Mi título original hace referencia la  canción folk más famosa de Nueva Inglaterra, es una canción marinera. Yo toco el violín y entonces estaba muy interesado en este tipo de música y el nombre me cuadraba para el protagonista.  

 

¿Le ha puesto nombre a su violín, como Fisher?

Bueno, no. Pero todo el mundo lo llama Don Chirridos, como en el libro.

 

Todd McEwen

 

Fisher lleva una vida muy tranquila hasta que se da un golpe en la cabeza y su vida cambia, en una espiral que le acaba llevando a liderar una peculiar revolución. ¿Por qué es tan crítico con la ciudad de Boston, a la que llama El Culo?

Cuando vivía allí era muy feliz, aunque había cosas que me molestaban. Tenía un trabajo estupendo a tiempo parcial como secretario de la universidad, con un seguro médico incluido, algo que nunca sucede en EE.UU. Es el mejor trabajo que he tenido nunca, pero me acabé cansando después de tres años y tuve la oportunidad de mudarme a Escocia, a aprender música y casarme. El matrimonio no duró pero la música sí. Pero cuando me casé, me di cuenta que tenía dinero ahorrado para centrarme en escribir durante un año y decidí reírme de Boston.

 

¿Los personajes están inspirados en personas reales del ámbito universitario?

Sí, además por entonces leía mucho a Samuel Beckett y por eso el libro está puntuado de esta manera, jugando con la tipografía. Me gusta cómo Beckett hace lo que quiere con sus lectores y les hace sentirse como él quiere. Y fue mi intento de conseguir ese control, de imitarlo. Es una novela para leer muy despacio y ver cada efecto que describí, aunque hay gente que me dice que lo leen muy deprisa, porque no hay comas. Pero no es lo que quería. Por cierto, estoy muy contento con la edición española y con las notas a pie de página.

 

¿Sigue satisfecho con el libro, o cambiaría algo?

Ayer volví a releer partes de él, llevaba mucho tiempo sin hacerlo y me asombra ver que había olvidado partes enteras. Veo ahora, con la distancia, que hay frases, chistes y situaciones que sé perfectamente de dónde provienen. Cuando lo escribí no era consciente y ahora no me siento tan original como pensaba que era.

 

¿Usted nació y creció en California?

Sí, al lado de Hollywood y, en los 50, éramos niños que ya sabíamos que todo lo que consumíamos salía de ahí. Era una especie de excitación extra, porque nosotros éramos media-kids y había mucha tele, 15 cadenas en Los Ángeles. Y, como había que llenar horas de programación y no había presupuesto, lo hacían con películas. Esa fue mi educación, una educación muy rica: lo había visto todo a los diez años, desde las mudas, westerns, bélicas, comedias… 

 

¿Nunca ha pensado trabajar en el cine?

No, no, no. Odio trabajar con gente (ríe), escribir es hacer una película tú solo. Ha habido dos personas interesadas en llevar el libro al cine y colaboré en ambos guiones: el primero no era bueno, el segundo era excelente. Trabajando en este me acordé que, cuando escribí el libro, mi editor me pidió que quitara una escena de la revolución que lidera Fisher, porque iba mucho más allá de lo imaginable.

 

¿Cuál?

En Boston hay una tienda muy famosa, del siglo XVIII, con una tetera enorme de latón como símbolo. Y yo imaginé que los alborotadores la arrancaban y la hacían rodar escaleras abajo, como la piedra gigante de “En busca del arca perdida”. Toda la escena de los alborotos es bastante increíble y no sé por qué me hizo quitarla. Pero la volví a poner en el guion, y si alguien hace la película, verán la tetera gigante rodando por las calles de Boston.

 

¿Ha llegado a imaginar un reparto?

Lo hice hace mucho tiempo, el actor de “Friends” Matthew Perry hubiera sido una elección perfecta, en su momento. Ahora está un poco viejo y fondón, como yo. Hoy no lo sé…

 

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Automática ha publicado también su último libro, "Las cinco máquinas simples". ¿De qué trata?

Recorro la vida sexual a partir de seis historias y me baso en estas máquinas simples, la palanca, la rueda, el tornillo, la polea, el plano inclinado y la cuña, aunque hay gente que opina que esta es sólo una aplicación del plano inclinado. Es la primera parte de un libro que contará de tres. Creo que es lo mejor que he escrito.

 

¿Cómo surgió?

Fuimos a Roma hace un par de años, por un periodo de unos meses. Y surgió esta idea de las fuerzas mecánicas, algo que aprendí en el colegio. Una mañana pensé que sería divertido escribir sobre sexo con esta premisa, empecé con la rueda y funcionaba. Cada historia, además, habla de venganza, de encontrar el amor… Resultó y, además, fue muy divertido de escribir. Y lo pasamos genial en Roma.

 

También es profesor de Escritura Creativa en la Universidad de Kent ¿cómo es la experiencia de dar clase?

Lo que es genial es que siempre, en todas las clases, hay alguien con talento: la conexión que se consigue cuando se da clase es fantástica, siempre encuentras a alguien con quien hablar y compartes lo que sabes y lo que has leído. La literatura es importante porque te puede llevar, al menos hasta la mitad del camino, a sitios que no conocías y con los que estás conectado. Aunque prefiero enseñar sobre Literatura y no sobre Escritura Creativa: creo que es un error que haya cursos de esta disciplina.

 

¿Por qué?

No es justo, porque nadie con 18 años ha leído lo suficiente para intentar escribir. Y estos programas de escritura tratan de acelerar el proceso y los alumnos son demasiados jóvenes, deberían estar leyendo libros, viajando y conociendo gente (ríe). Y no olvidemos que es difícil hablar de escribir con gente que no ha leído. O han leído a TS Eliot y a Ian McEwan y, por el camino, quizá lean o no a Shakespeare. Muchos no son capaces de decirte quién es anterior entre Chaucer y Shakespeare y, si quieres leer, tienes que saber lo que pasó, cuándo y por qué, porque tú eres parte de eso.

 

Ha citado a Ian McEwan, ¿le confunden con él a menudo?

Es mi rival (sonora carcajada). Nadie me confunde, porque nadie ha oído hablar de mí (más risas). Curiosamente, nunca hemos hablado, aunque hemos coincido en festivales literarios. Y sé que ha oído hablar de mí, porque tenemos amigos comunes, como Kazuo Ishiguro o Martin Amis. Quizá cuando vuelva a casa tengo que conseguir que nos conozcamos.

 

Está casado con una escritora, Lucy Ellman. ¿Es difícil la convivencia?

Ella nunca habla de lo que está haciendo, es genial. Y ella me pregunta a mí y yo le cuento un poco sobre lo que escribo. En el día a día no hablamos, tenemos una especie de regla de silencio y si coincidimos en la cocina, no nos dirigimos la palabra. Sé que es extraño, pero funciona.

 

¿Y en qué trabaja ahora?

Una obra de ficción, difícil de describir. Es visual y trata sobre el agua en verano en diferentes escenarios. Y será algo divertido, aunque no sé dónde acabará.

 

Para finalizar, ¿cómo ha vivido como espectador el movimiento para la independencia de Escocia?

Ha sido muy interesante y estoy deseando que suceda; me decepcioné mucho cuando no resultó. Pero sé que acabará sucediendo mucho antes de lo que cualquiera pueda imaginar. Si vuelve a haber un referéndum, pediré la nacionalidad inglesa para poder votar: la última vez se perdió por poco y no me podría perdonar que se perdiera la próxima vez por un voto y ese fuera el mío (risas).

Xavi Granda

Xavi Granda es belga, hijo de peruano y española y residente en Badalona. Periodista freelance, para dar de comer a sus hijas escribe de medicina en infinidad de medios generalistas y especializados como El País, La Razón, Diario Médico, Correo Farmacéutico y El Médico, entre otros. Para vivir, habla y escribe de música, libros y cine en Onda Cero, Fiat Lux y el blog ojoalacartelera.com, del que es coeditor.

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