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ROBERTO BOLAÑO NUNCA PROBÓ LA HEROÍNA…

…Y SU BEBIDA FAVORITA ERA EL TÉ

 

Ainhoa Rebolledo

Ilustraciones procedentes de las ediciones de Anagrama de los libros comentados + The Publishing Lab

 

Ah, otro artículo sobre Bolaño, uno más. ¡Qué bien! Lo bueno de escribir en una revista nueva es que nadie lo ha hecho antes (ahí) y puedes escribir lo que quieras. Lo malo es que hay un 50% de posibilidades de que los lectores de tu "otro artículo sobre el genial Bolaño" hayan leído más libros de Bolaño que tú y empiecen a insultarte por escribir mentiras y un 50% de posibilidades de que los lectores de tu "otro artículo sobre el Bolaño de los cojones" no hayan leído nunca NADA. De Bolaño tampoco. Nadie va a estar contento con este texto, con un título muy amarillista, que empieza con un irrefrenable ataque de pesimismo, sigue con una prosa tranquila y serena pero calculo que en dos o tres párrafos habré perdido definitivamente el control de las palabras y pasaréis a leer en el gran internet otra cosa. Mariposa.

 

Cuando éramos jóvenes, Víctor Manuel Martínez García, Julio Fuertes Tarín, Pope, yo, y cuatro chavales de provincias como nosotros más fundamos un movimiento inspirado en los real visceralistas llamado "Los catorce ochomiles". Nos inspiraban Roberto Bolaño, Nacho Vegas y Juanito Oiarzábal, entre otros grandes. Teníamos un blog, un blogspot rollito 2007, que se llamaba, cómo no, "los catorce ochomiles". La idea era empezar publicando poemitas y relatitos (posteando, ¡jerga internet!), cuatro o cinco y acabar siendo catorce. Ochomiles. Por supuesto, nunca llegamos a ser catorce, ni llegamos a molar. Creo que solo nos leían nuestras madres y nuestra amiga Lucía. Nosotros le llamábamos "blog" a lo que hoy en día, de haberla fundado en Barcelona, sería una "revista online de prosa y poesía" llena de anuncios y textos de calidad dudosa. Pero, eh, nosotros teníamos un blog. Aguantamos así unos meses hasta que el blog de los catorceochomiles se fue al carajo porque Víctor descubrió que existía una secta chilena del séptimo día que se llamaba igual que nuestro blog y decidió, unilateralmente, eliminar el blog y disolver el movimiento. [Yo me cagué un poco porque la mayoría de los textos los había escrito directamente en ese blog y no guardé copia pero Víctor se encargó personalmente de insultarme y desde entonces, guardo todo. Incluso los textos que no termino porque me parecen una mierda.] Nunca volvimos a fundar nada, pero abrimos y bebimos varias cervezas. Ahora es tarde porque tuiter se lo ha cargado todo y no hay Dios que consiga colgar algo en internet que retenga la atención de un tuitero durante 12 minutos. Y, hoy en día, ¿quién no tiene una cuenta en tuiter? Las regalan gratis, con la suscripción a la vida.

 

Entiendo que todos los lectores de este "otro artículo sobre Bolaño" saben quiénes eran los real visceralistas, de dónde salen y todo eso. Y si no, ¡a la Wikipedia, chavales! Pero estoy segura de que nadie sabe cuáles son las características del real visceralismo y, si las sabe, es porque se las ha inventado para ir impresionando por ahí. No hay nada que nos seduzca más a las mujeres que un hombre susurrándonos al oído "te voy a explicar lo que es el real visceralismo". Yo intento extender al resto de las mujeres mis opiniones sobre la vida para sentirme menos sola. A mí me funciona.

 

El 2 de noviembre de 2013 empecé a releer por DECIMOCTAVA vez “Los detectives salvajes”, con la diferencia de que esta vez sí que lo he terminado. Lo empecé a leer ese día porque es la fecha en la que empieza el libro, 2 de noviembre. También, el día que ganó el Premio Herralde. Las únicas veces que terminé este libro fue la primera vez que intenté leerlo y esta última. Supongo que lo volveré a releer entero cuando vuelva a tener alguna crisis de identidad del tipo "quedarme embarazada" así que entiendo que he terminado de leer “Los detectives salvajes”. Por esta vida, fue bastante ya. Me leí este libro a los 20 años, cuando Víctor Manuel Martínez García bajó de Burgos a Madrid a pasar el fin de semana. Por aquel entonces, los catorceochomiles ya nos habíamos leído todo lo que había publicado Enrique Vila-Matas en Anagrama (hasta 2007, aproximadamente) y un par de Italos Calvinos, y recuerdo a Víctor contándome en un McDonald's, exaltado, que acababa de descubrir –a través de Vila-Matas– a un superpirado llamado Roberto Bolaño que escribía pepinazos de libros. Y me obligó a leer “Los detectives salvajes”. Después intenté leer “2666” pero me quedé a medias en la parte de los quinientos asesinatos (contados uno por uno, mujer por mujer) y nunca llegué al final del libro. Terminar “2666” es algo que tengo pendiente. “2666” es el primero de la lista de libros que tengo siempre a mi lado y que nunca leo pero son libros de los que nunca me alejo, ni cuando me mudo de casa o de ciudad. Libros que tengo bien guardados, que nunca les presto a nadie, que tal vez hojeo de vez en cuando. Algún día lo terminaré, cuando llegue el apocalipsis atómico, no podré hacer otra cosa que leérmelo del tirón.

 

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Justo cuando me mudé a Barcelona, Víctor vivía aquí y ese mes salió "El Tercer Reich", y no recuerdo haberlo comentado con él pero puedo inventarme algo guay al respecto. No, no puedo. En 2009 decir que Roberto Bolaño molaba era demasiado mainstream. Ya había llegado la locura, el patapum. Ahora, a puntito ya de llegar el apocalipsis atómico y en la última pausa para la publicidad antes del juicio final, se dice, se comenta, en los McDonald's de internet, que Roberto Bolaño está sobrevalorado y yo me pregunto, ¿acaso no está sobrevalorado Stieg Larsson o las 50 sombras de Grey? Por favor, no seamos idiotas al despreciar algo que mola diciendo que está sobrevalorado. Por una vez, en serio. Sólo por una vez. Asumid de una vez que todo el mundo que lee literatura habla de Bolaño. Dejemos que, por una vez, triunfe la justicia poética cósmica. Apaguemos los realities de la tele.

 

Roberto Bolaño fue antes un poeta que un novelista. Leí por ahí que le daba mucho respeto escribir novelas, en 1978 escribió por ahí que "quiero empezar a escribir una novela pero me cuesta tanto empezar…" y parece que lo escribió y lo publicó todo de golpe pero no: Roberto Bolaño fue un tipo muy raro que vivía y pensaba en la literatura y para la literatura. Se pasó 30 años leyendo y escribiendo en su casa (pasaba más tiempo leyendo que escribiendo, por cierto), sumergido en rompecabezas ficcionales y narrativos, con una constancia perfeccionista y sin distracciones que el internet del siglo XXI no puede permitir. También leí por ahí una carta que le escribió Roberto Bolaño a Jorge Herralde mientras terminaba "Los detectives salvajes" (y antes de escribir “2666”) en la que prometía que nunca escribiría algo tan grande y complejo como “Los detectives…” porque "lo estaba pasando fatal escribiéndola" (sic).

 

Roberto Bolaño dejó en el cajón muchos textos inéditos. A pesar de que se copiaba continuamente a sí mismo –sólo un experto en Bolaño podría aclarar si esos textos del cajón son realmente inéditos o una maniobra de marketing muy básica– tiene dos inéditos que tengo muchas, pero que muchas ganas de leer y le pido a Dios (Andrew Wylie, el chacal, quien controla sus derechos) que por favor se los venda baratitos a Anagrama (y no a otra editorial) para que pueda leerlos cuanto antes. Los inéditos en cuestión son una novela sobre toreros (sin título) y una que escribió en 1984 titulada "El espíritu de la ciencia ficción", dedicada a Philip K. Dick (otro pirado por la escritura como Bolaño). Cuando salgan yo me alegraré mucho, el imperio editorial se frotará las manos y a la mayoría de las personas les dará exactamente igual porque su publicación coincidirá con una final de ¿Quién quiere casarse con mi hijo?

 

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PD. En The Publishing Lab, María Serrano, lleva meses intentando encontrar explicaciones a los dibujos que Roberto Bolaño insertó en “Los detectives salvajes” y creo que no existe información al respecto más allá de la opinión de que su mano dibujando era su particular sismógrafo del alma. Yo creo que nadie ha escrito nunca una explicación convincente al respecto porque los eruditos en materia bolañesca no han llegado tan lejos leyendo: los dibujos están al final del libro. Echadle un vistazo a esto, es su página de Facebook donde van añadiendo sus averiguaciones. También Matt Bucher publicó en su blog las averiguaciones de María Serrano. Esperad con ansia a que publiquen la respuesta definitiva en The Publishing Lab. Pasad un buen día, sed felices.

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Ainhoa Rebolledo

Ainhoa Rebolledo es gallega y vive en Barcelona. Aficionada a contar cándidamente y en MAYÚSCULAS todo lo que sucede, ha publicado un minilibro, "Mari Klinski" (Honolulu Books 2012), y un libro muy gordo de autoayuda para chicas intelectuales, "Tricot" (Principal de los libros, 2013). Escribe sobre cosas de chicas para Norma Jean Magazine y sobre cosas de hombres para El Butano Popular. Cuenta chistes en tuiter a través de @ainhoareb.

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