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HOLLYWOOD NO ES PAÍS PARA ESCRITORES…

…NI SIQUIERA PARA CORMAC McCARTHY

Antonio Lozano

 

Confirma Antonio Lozano en este artículo que los escritores deberían mantenerse siempre lo más alejados posible de la Meca del Cine. Como última prueba del desencuentro, la adaptación que Ridley Scott ha realizado de “El consejero”, guión original del generalmente notable Cormac McCarthy  que ha editado entre nosotros Mondadori.  

 

La nómina de escritores geniales que decidieron vender su talento a Hollywood por una astronómica cifra de dinero y salieron tan ricos como escaldados es kilométrica. Son célebres los comentarios de William Faulkner asegurando que lo que uno debía hacer es citarse de madrugada en una autopista vacía con sus patrones, ambas partes circulando en sentido opuesto en sus respectivos vehículos, hacerse luces, reducir la velocidad al mínimo y, alcanzada la altura precisa, lanzar cada una de ellas su material, uno el guión, el otro el saco con el dinero; o el de Raymond Chandler confesando que la mejor línea que jamás habían conservado de sus adaptaciones venía a ser algo así como “se giró y le lanzó un beso” (cito de memoria), o el de Ian McEwan aceptando que lo que hacen los productores es pagarte un billete en primera clase a Los Angeles y meterte en un hotel de cinco estrellas con piscina y barra libre de cocktails con sombrillita para que luego te calles la boca si no te gusta cómo han destripado tu trabajo. ¿Cómo puede ser que metieran a Francis Scott Fitzgerald a pulir guiones… que ni siquiera se filmaron?

 

Pero un caso único (al menos hasta donde alcanzan los conocimientos de este periodista) parece ser el de Cormac McCarthy, víctima de una absoluta esquizofrenia en lo que respecta al traslado de su material narrativo al cine. Con su estilo seco, áspero y lacónico, atravesado sin embargo por latigazos poéticos, se antojaría muy complicado llevar a la pantalla grande sus libros, pero ahí están las brillantes modulaciones de “No es país para viejos”a cargo de los hermanos Coen o de “La carretera”de John Hillcoat, por ejemplo, para desmentirlo. Ahora bien, cuando el autor de “Meridiano de sangre” ha decidido escribir directamente para el celuloide, el resultado ha sido mayoritariamente un despropósito. Viene esto a raíz del reciente visionado de su última tentativa, “El consejero”, base de la película homónima de Ridley Scott, sólo disfrutable si se absorbe en una involuntaria clave cómica.

 

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Su violencia desaforada, tener al diablo paseándose por Nuevo México, su crudísimo retrato de la lujuria y el mal, las corrosivas dudas existenciales son cotos afines al autor, pero lo que funciona en la profundidad y gravedad narrativa de su literatura no casa en absoluto con las necesidades de un largometraje. McCarthy decide ser tan abstracto y filosófico como de costumbre pero, puestas en boca de sus fantoches protagonistas, sus bellas palabras e intrincados conceptos suenan ridículos, risibles,  gongorismos en un programa de “Sálvame Delux”. El recitado parcial de una poesía de Antonio Machado provoca ganas de meterse bajo el asiento, aunque la lúbrica conversación que abre el film ya debió prevenirnos para lo peor (luego vendrá un ejemplo de sexo telefónico más terrible si cabe).

  

Ocurría algo similar con “The Sunset Limited”, guión para una producción de la HBO donde la grandilocuencia de los temas (en especial, la creencia o no en los designios divinos) se estrellaba contra la artificiosidad de embutirlos en un diálogo entre absolutos desconocidos hasta imposibilitar cualquier suspensión de la credibilidad. La pregunta es pues, ¿por qué diantres escribe McCarthy guiones? Una cuestión todavía más misteriosa que la de sus motivos para visitar el show de Oprah Winfrey si, sabedor de su alergia a las entrevistas, luego iba a sudar la gota gorda y poner cara de querer salir huyendo del plató, sensación calcada a la que experimentarán seguramente la mayoría de espectadores de “El consejero” sin un retorcido sentido del humor.

 

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Antonio Lozano

Antonio Lozano (Barcelona, 1974) es licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona y cursó un doctorado en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra. Entre 1997 y 2008 ejerció de responsable de secciones de la revista Qué Leer. Actualmente colabora como periodista literario en Qué Leer, el suplemento Cultura/s y el Magazine del diario La Vanguardia, y las revistas Woman y Esquire. También es autor de seis libros infantiles: "Orson y el bosque de las sombras"; "El diente, el calcetín y el perro astronauta"; "Mark Twain y el tren de juguete"; "El cuerno y el centro de la luna"; "La vela que nunca se apagaba" y "El 5º caso del mítico detective Penta", y coautor de la novela juvenil "Terror en la red". Forma parte del jurado del Premio Internacional de Novela Negra RBA, sello para el que realiza un blog de actualidad sobre género policíaco llamado «Lo leo muy negro». Asimismo, ejerce de conductor del club de lectura del Centre de Cultura Contemporània de Barcelona (CCCB).