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Sandman

Preludios y nocturnos

 

Albert Fernández

 

Donde el sueño regresa a su reino tras un cautiverio oculto y un silencio de más de medio siglo. Donde Morfeo se manifiesta por primera vez en viñetas y se da comienzo a una saga que dotaría de aires legendarios al noveno arte. Donde el británico Neil Gaiman recoge el relevo del mito en una obertura inolvidable, hecha de relatos de magia y terror que continúan abrumando, desde el principio al fin de los tiempos.

 

Tengo un recuerdo difuso del primer cómic de Sandman que leí; tal vez estuviera soñando. En todo caso, juraría que la primera vez que la tez blanca del Morfeo creado por Neil Gaiman asomó a mis pupilas fue desde las viñetas del número 8 de la edición USA de “The Sandman”.

 

Aquel episodio, titulado “El sonido de sus alas” es precisamente el último de los recogidos en el primer volumen de la fabulosa reedición que ECC Ediciones dedica a este clásico contemporáneo. Más allá de las encendidas impresiones que causara en aquel melenudo infante, esa sola historia representa el perfecto epítome de la etapa inicial de la creación de Gaiman, además de la clave para responder a la pregunta que algún veterano decapita-nostalgias se hará: ¿vale la pena leer (o releer) “Sandman” hoy en día? La respuesta es sí, sin duda.  Afirmo esto mientras vuelvo a ver a Morfeo dando de comer a las palomas en el parque, pasando las páginas para presenciar de nuevo el encuentro con su díscola hermana mayor, Muerte: él, con ese aspecto de Robert Smith a régimen severo, ella con la mirada disparatada y el atuendo de una chica gótica y paradójicamente sonriente, que grita divertida referencias a “Mary Poppins”

 

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Ese cómic define formidablemente el universo de Sandman, al tiempo que le confiere un nuevo punto de partida a la historia del Rey de los Sueños tras su regreso de un prolongado cautiverio, precisamente el relato que ocupa el grueso de este volumen.

 

La manera en que aquellas lecturas resisten el paso de los años determinan el peso de la sustancia de la creación de Gaiman: “Preludios y nocturnos” es una apertura  formidable a un cosmoverso todavía en formación, pero que, ya desde su semilla, entra en contacto con la genealogía del mito, arde en ese mismo fuego de las hogueras de los relatos antiguos. Las historias de “Sandman” son narraciones maravillosas que se sitúan fuera del curso del tiempo, no en vano su protagonista es un eterno, Morfeo, el dios del sueño. En estas páginas no presenciamos los debates fútiles de un ser humano, o contemplamos las gestas de un tipo afortunado que cierto día consigue súper-poderes, sino que se nos permite seguir los pasos de un ser capaz de guardar silencios de 70 años, o descender al infierno y regresar airoso pese a ser retado por el mismo Lucifer; una criatura de fábula que no habita en un mundo de cemento, sino en las tangencias del sueño con lo real.  

 

Por eso, la ilación de sus sagas gana sentido con esta nueva edición, donde se compila cada tomo a través de un arco argumental, con tal de lograr un perfil episódico que resultará definitivo y completo, tanto para los fans de toda la vida como para nuevos lectores.

 

Con “Sandman” Neil Gaiman abrió las puertas al reino del sueño a un público ávido de ese enrarecimiento en el mundo de papel y grapa. El británico supo aprovechar el momento en el que otros brillantes escritores de las islas, con Alan Moore a la cabeza, estaban cambiando el paradigma de la historieta americana. La serie de Gaiman, que empezó su andadura en 1989, es una clara heredera del entorno sobrenatural que Moore destapara con brillantez en su etapa al frende de “La Cosa del Pantano”, y aparecía de la mano del surrealismo superheroico con el que Grant Morrison, ese otro bastardo loco y genial, dotó a “Animal Man” y “Doom Patrol”. Pero mientras los demás se dedicaban a deconstruir y reinterpretar con profundidad adulta personajes clásicos de la editorial, Gaiman tuvo la habilidad de buscar una rendija para la creación propia. Karen Berger, la editora de DC Comics de aquel momento, le instó a hacer una serie mensual recuperando el Sandman clásico de DC, y el británico se las ingenió para crear a su escuálido Sueño de piel albugínea y ojos estremecedores. Eso sí, el bueno de Gaiman planeó el argumento tan sólo para ocho números: estaba tan acostumbrado al fracaso, que  jamás imaginó que la serie pasaría de ahí.

  

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Las historias de este volumen, las que prendieron el mito, comienzan con las formas de un oscuro relato victoriano, en una vieja mansión de Wych Cross, Inglaterra, en la noche de 1916 en la que el ocultista Roderick Burgess captura al Señor de los Sueños en su tentativa por hacer prisionera a la muerte. Sin intención de desvelar nada, diré que en lo que sigue hallamos encuentros sorprendentes, como la casual ayuda que brinda el cínico mago John Constantine, las predicciones de Hettie la loca, o las incluso más sobrenaturales reuniones con las Hécates, el demonio rimador Etrigan o los guardianes del paisaje de ensueño Caín y Abel y el carismático bibliotecario Lucien, demolido por las consecuencias de la prolongada ausencia de la encarnación del tiempo onírico. Pese a quedar en evidencia un cierto aire pautado, de trabajo incipiente, en el primer arco argumental del volumen, en esos episodios donde Morfeo regresa a su mundo y recupera los objetos que magnifican su poder, lo cierto es que “Preludios y nocturnos” desata historias que desvelarían al más distraído. El relato de John Dee (que no en vano tiene el nombre del astrólogo, ocultista y erudito consejero de la reina Isabel I), y su encierro de 24 horas junto a un grupo de víctimas delirantes en una cafetería, es de aquellos difíciles de olvidar. Al final, como veréis, el terror está en un simple puñado de polvo.

 

Querría contaros mucho más, pero me temo que eso será en nuestra próxima visita a los reinos de Morfeo. Ahora oigo algo crujiendo en el pasillo, y siento un escalofrío recorrerme la espalda mientras me vuelve a la cabeza el tarareo de esa pobre chica, Rachel, cantando con su voz de yonqui aquella canción de los Everly Brothers

 

Dream, Dream, Dream… Whenever I want you, 
All I have to do, is 
Dream, dream, dream, dream…

 

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Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com