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NUDO’18 Crónica Final

Texto y fotos Santiago García Tirado

 

El saldo, esa es la cuestión. Qué deja a su paso un festival de poesía joven ­–en un sentido y en otro– después de tres noches, llenos continuos y más de una veintena de participantes en torno al  arte del ritmo y la desautomatización del lenguaje. Del saldo económico, mejor no hablamos, aunque en esta segunda edición la responsable, Carmen Berasategui, bregó como las grandes hasta conseguir colaboraciones suficientes para que el festival saliera lindo, ovación cerrada, vítores y ojalá que vuelva. Volverá, porque el saldo emocional deja varios ceros de optimismo.

 

Antes del saldo, la última noche fue así: proyección de vídeopoesía suministrada por Maldito Festival; a continuación, María Sánchez y Luna Miguel; cierre tecnopoético a cargo de Jansky, expertos en electroverso. Cris de Ver se lanzó a pintar en vivo un cuadro de grandes dimensiones poniendo un fondo azul mientras leían lo suyo María y Luna. Luna fue la que explicó cómo los arcos temáticos entre ella y María Sánchez seguían un trazado recóndito que les había llevado, sin ser conscientes de ello, a escribir poemas espejo. Sobre ese tema anduvo su mano a mano, sin sofisticaciones, libro abierto, voz cruda, silla a la medida de una soleá. Y lo demostraron: versos de una y otra que hablaban de padres, o del mapa cotidiano, o de animal, o de procreación. Un destello común, o similar, o reflejado, o de conspiración gemela.

 

 

Lo íntimo ha sido mayoritario en las diferentes propuestas del festival. Ninguna otra fuerza temática ha podido hacerle sombra. Cuando ya han pasado unos días, todavía vuelven con fuerza algunos momentos en esa línea, como el momento trance de la propuesta de Sara Torres-Lola Nieto, con su viaje al corazón del dolor, la prospección en la pérdida, la lágrima, el aullido. Tienen obra propia e independiente y hay que seguirles el pulso. Ahora hemos experimentado que también tienen obra de autoría compartida e indisoluble, y que no se puede perder de vista. Otro derroche de intimidad, el momento hogar, en la propuesta de Mara Carver, Los acróbatas, con tecno en el aire y proyección de vídeo preñado de lo cotidiano, el campo, los hijos, el territorio efímero del juego y de la felicidad. La poesía de Mara se propone como una gira por la cartografía de la leve seguridad emocional que crea la poeta en sus inmediaciones: el gozo se une a cierta sensación de plenitud mientras cuenta una tras otra las posibles manchas que un día amenazan con extenderse en la foto hogareña. Otra forma de la intimidad que invita a seguir.

 

A destacar, en fin, el saldo creativo que dejan los diferentes cruzamientos de formas expresivas: música, videoarte, performance, pintura, ruido, humor y, cómo no, poesía. Todo invita a suponer que en el futuro esperan nuevas y diversas ediciones de NUDO. Si sirve para aumentar el saldo, allá va el calor de la gente de Blisstopic, que hemos disfrutado a lo grande con el festival. Nos vemos en 2019.

Santiago García Tirado

Soñó con llevar subliminalmente en su DNI una cifra capaz de avivar el deseo, pero llegó al mundo en 1967, con dos años de antelación para la fecha correcta; desde entonces no ha hecho más que constatar que siempre estuvo (contra su voluntad) en el tiempo equivocado para ser cool. Con empeño, y en contra de la opinión de las hordas hipsters internacionales, ha llegado sin embargo a crear la web PeriodicoIrreverentes.org, y colaborar en Micro-Revista, Sigueleyendo, Quimera y Todos somos sospechosos, de Radio 3. Sus últimas obras de ficción son Todas las tardes café” (2009, relatos) y La balada de Eleanora Aguirre” (2012, novela). En 2014 verá la luz su novela “Constantes Cósmicas del Caos”, con la que espera coronar su abnegada labor en beneficio de la entropía universal.

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