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Enrique Bunbury y yo

Sé que las venganzas suelen ser indiscriminadas pero creo que esta vez te has pasado

 

Ainhoa Rebolledo / Ilustraciones de Raquel González Ibáñez

 

Mi amiga Laura siempre decía que, si invitabas a comer a Patti Smith, Courtney Love, Nacho Vegas, Andrés Calamaro, Quique González, Andy Chango, Tom Waits, Enrique Urquijo, Russian Red y a Enrique Bunbury, Patti vomitaría en la olla, Courtney la robaría, Nacho Vegas lloraría contigo la pérdida de la olla y de la vitrocerámica, Calamaro compondría esta tarde un séxtuple álbum con dos canciones buenas, 85 miserables y 15 versiones de canciones de otra gente que hablan de ollas, Quique González le propondría un trío a Courney y a Patti con la olla como fetiche, Andy Chango esnifaría las drogas de Nacho Vegas, las de Patti Smith y la tierra de las macetas para luego llamar mariquita a Quique González. Tom Waits se bebería el alcohol de Andrés Calamaro, el agua de la tierra de las macetas que esnifaría Andy Chango, las lágrimas de Nacho Vegas y el vómito de Patti Smith. Enrique Urquijo avisaría discretamente "que se baja un momento al portal, ¡pero que sólo es un segundito!", así que Courtney bajaría a buscar a Enrique Urquijo al portal con una escopeta mientras Russian Red preguntaría "entonces, ¿cuánto me pagáis por estar aquí?”, así que Bunbury tendría un golpe de lucidez e invitaría a todos los invitados a hacer una gira en la que se hagan pasar por creadores de ollas, actuando en talleres artesanos de pueblos perdidos de Sudamérica, cantando versiones del séxtuple álbum de Calamaro sobre ollas y todos estarían de acuerdo. Andrés Calamaro preguntaría "pero entonces, ¿qué vamos a comer si no tenemos olla?" y Enrique se pondría a reír pero en realidad estaría sufriendo un ataque de histeria y se pondría a gritar sobre SU PUTA GIRA y se irían de gira inmediatamente pero luego Enrique los abandonaría a su suerte a mitad de gira en un pueblo perdido de Santo Domingo. En fin. Volvamos a la realidad que nos ocupa.

 

Ahora que se ha pasado de moda eso de la "Marca España" porque, bueno, las autoridades españolas han colado un par de tuits muy desafortunados y se les ha escapado una gran malversación presupuestaria así que se han rendido. Pero, eh, yo sigo aquí, yo no me rindo a la hora de completar los catorce ochomiles y sacar a España de la crisis, así que aquí os traigo, queridos lectores de Blisstopic –a saber qué significa Blisstopic, por cierto– una nueva idea para la marca España (para levantar el país, se entiende), una idea muy similar a la de tirar un piano de cola por el balcón, una chorrada como un templo que requiere mucho esfuerzo y tiene unas consecuencias inútiles pero que demuestran poderío, vamos, una cosa "typical Spanish":

 

Y la idea es, ATENCIÓN: MANDAR A ENRIQUE BUNBURY A Eurovisión. Y que no vuelva.

 

Rebolledo con una camiseta de Bunbury en el Nasti de Madrid

 

Estoy muy enfadada con Enrique Bunbury, no sé si es porque he madurado y ahora lo veo como un exnovio convertido en energúmeno, como un acto inexplicable que pienso todo el rato omitir de tu biografía ("¿en serio? ¿cómo pude estar con este gilipollas?"), y es que cuando era adolescente yo era de las que gritaba "Enrique, Enrique" en sus conciertos pero es que todo cambió cuando Bunbury  terminó de promocionar el disco (no me gustaría quedar como una cursi pero quiero calificarlo de "maravilloso") que publicó con Nacho Vegas, "El tiempo de las cerezas" (2006), empezó a cantar versiones de hits de Raphael y decidí perderme completamente sus avances discográficos.

 

Cuando Héroes del Silencio yo era muy pequeña y estaba más pendiente de los dibujos de Doraemon que de la actualidad musical española (e internacional, ¡los Héroes lo petaban en todas partes!) pero en 1999, a mis tiernos 12 o 13 años, cayó en mis manos una copia pirata de “Pequeño” (1999) y apagué la tele. Sé que hoy en día las niñas de 13 años saben más cosas que yo de la vida, pero mis 13 años eran "trece años de provincias", así que desde aquí me gustaría pedir un poquito de RESPETO. Bunbury le dio a mi adolescencia ese matiz histriónico que, años más tarde, al juntarme en Madrid y/o Barcelona con otros jóvenes que habían crecido aislados en provincias, en situaciones complicadas como la mía, me di cuenta de que, a ellos, ese matiz histriónico-diferenciador se lo había dado el punk. O el hardcore. Y que, por eso, sus fotos de adolescencia molaban más que las mías.

 

“Mis padres se negaron a llevarme al concierto, no sé si por la pereza que les daba la vida o Enrique Bunbury.”

 

Cuando tenía 14 o 15 años vivía en Santiago de Compostela, una ciudad muy pequeñita que no es capital de provincia pero que, en cambio, es la capital de Galicia –pequeños misterios de la idiosincrasia gallega– y la gira de “Flamingos” (2002) pasó una noche por Coruña, ciudad señorial y capital de provincia, a 60 kilómetros y/o media hora en coche de mi casa. Mis padres se negaron a llevarme al concierto, no sé si por la pereza que les daba la vida o Enrique Bunbury, y por eso me indigna tanto ver en el telediario, en los albores del siglo XXI (qué forma más literaria de decir 2013), a madres venidas de todas partes esperando durante horas (¡o incluso días!) la cola del Justin Bieber de turno.

 

Esa noche me quedé sin ver a Enrique Bunbury pero, un par de años después, cuando ya tenía 17-18 años y me había puesto al día con los anteriores discos de Enrique Bunbury (véase, Héroes del Silencio), así que mi adolescencia ya era un problema, coincidimos en un radio de acción de 20 kilómetros, allá por la provincia de Castellón, Enrique Bunbury, mis padres y yo. Ahí sí que cogimos todos el coche y nos plantamos en la plaza de Vinaròs (no aparcamos dentro) y nos zampamos un concierto de Enrique Bunbury: yo en el ruedo, mis padres en el tendido. Mi madre siempre dice que se lo pasó muy bien. No recuerdo muy bien qué tocó Bunbury, sólo sé que no le hizo mucho caso a su disco “Radical Sonora” (1997) y que yo por aquel entonces me sabía las canciones de “El viaje a ninguna parte” (2004) de memoria.

 

Yo no sabía que ese sería el penúltimo concierto que daría Enrique Bunbury antes de que se le fuera definitivamente la olla y dejara de tocar en directo durante un par de años –¿alguien recuerda el berrinche que le dio en un concierto en Zaragoza, (su pueblo, por cierto) por el que canceló el resto de su gira, disolvió su banda "El Huracán Ambulante" y se fue a vivir a Los Ángeles mandando al infierno sus ganas de hacernos disfrutar A SUS FANS con sus discos?–. A lo mejor por aquí sólo lo recuerdo yo porque creo que los lectores de Blisstopic son bastante exigentes a la hora de seleccionar las cosas en las que invertir el tiempo.

 

“Ese disco es maravilloso y me paso la vida recomendándoselo a punta de pistola a familiares y amigos.”

 

En 2006, Enrique Bunbury publicó mi disco favorito de la historia de la música española. Se llama "El tiempo de las cerezas" (2006) y fue uno de los últimos CDs que me compré antes de la democrática llegada de Spotify y el regreso moderno "nivel cupcake" del vinilo. Ese disco es maravilloso y me paso la vida recomendándoselo a punta de pistola a familiares y amigos. Por aquel entonces, yo ya escuchaba un poquito a Nacho Vegas, así que desde que escuché este disco decidí olvidar a Enrique Bunbury parasiempre y quedarme con Nacho. Empecé a interesarme por otro tipo de música y Bunbury empezó a publicar discos muy extraños del tipo "Helville De Luxe" (2008) "Las Consecuencias" (2010), "Licenciado Cantinas" (2011) o “Palosanto” (2013). (¿Se entiende ahora la introducción del texto? Todo eso de la olla, etc. No sé, a mí no me gusta que me expliquen las cosas que leo, así que tampoco lo voy a hacer ahora).

 

Bueno, un par de apuntes sobre su último disco, que publicó la semana pasada y que ha provocado este texto bunburynesco: “Palosanto” está lleno de rimas asonantes muy extrañas, melodías muy pero que muy alejadas de… ¿todo? y ojo, atención, a la canción de "Hijo de cortés", donde Enrique pide perdón por la colonización de América. ¡Guau!

 

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Ainhoa Rebolledo

Ainhoa Rebolledo es gallega y vive en Barcelona. Aficionada a contar cándidamente y en MAYÚSCULAS todo lo que sucede, ha publicado un minilibro, "Mari Klinski" (Honolulu Books 2012), y un libro muy gordo de autoayuda para chicas intelectuales, "Tricot" (Principal de los libros, 2013). Escribe sobre cosas de chicas para Norma Jean Magazine y sobre cosas de hombres para El Butano Popular. Cuenta chistes en tuiter a través de @ainhoareb.

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