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Michel Houellebecq

Mentalmente Houellebecq

Las diez mentes de Michel Houellebecq

Brais Suárez

 

En un pasado no muy lejano fue ingeniero agrónomo, informático, poeta… Ahora es misántropo, fumador, novelista, borracho, cínico y estereotipo viviente. Michel Houellebecq entendió la actualidad y la actualidad lo puso de moda, pero no lo entendió a él. Se debe ir mucho más allá de la superficie para poder conocer una sensibilidad que se escuda en lo que el público quiere ver; hay que adentrarse en sus frases simples y sus personajes solitarios para percibir una verdadera naturaleza activista y humana. Su inteligencia y sinceridad lo hacen uno de los escritores más representativos de nuestra época porque no hay verdad que se le resista ni moral que lo contenga. Houellebecq no teme a nada y, si bien las novelas no suelen enseñarnos el mundo más que como lo queremos ver, él se atreve a escupírnoslo a la cara tal y como es.

 

01 DESGRACIADAMENTE DE MODA

Quizá una de sus facetas que más le cueste asumir, aunque también la fobia que mejor se pueda permitir. De moda para sus fans, para las editoriales, para otros escritores, para las revistas, para el cine y hasta para el Estado Islámico, no parece que lo sea por casualidad. Y es que Houellebecq ataca y entiende la actualidad con una perspectiva tan inteligente y lúcida que la abarca por completo y sin generalizar, hasta el punto de que es imposible que cada uno de sus personajes no nos veamos reflejados en los mundos que sus libros (re)crean. La desgracia lo sobreviene cuando, en una simplificación por comprender al autor, lo reducimos a un mito o, peor, a un estereotipo.

 

02 TRISTEMENTE MITIFICADO

El problema es que en eso mismo, en un mito viviente, parece haberse quedado el personaje público de Houellebecq. Pero en cuanto lo escuchamos con cuidado, de tan apolítico se vuelve luchador, de tan misántropo se hace enternecedor, de tan irreverente se amansa… “Yo solo me aprovecho de lo que la gente quiere pensar de mí”, respondía a la pregunta sobre cuánto de real tenía su propio personaje en “El mapa y el territorio”. En efecto, alimenta la leyenda que lo tacha de borracho, de genio espontáneo, de misántropo… Cuando, en realidad, su dedicación lo lleva a un conocimiento exhaustivo de sus temas, es capaz de sonreír a los periodistas o incluso se basta con una sola copa de vino. Lo único que de verdad muestran de él sus personajes es que “me gusta fumar cigarrillos”.

 

03 METAFÓRICAMENTE ACTUAL

Esa misantropía, sensibilidad o irreverencia parecen mantenerlo tan al margen de lo cotidiano que le otorgan una distancia con la que descifrar la realidad de manera nítida y clara. Como si en vez de estar sumergido en el agua pudiera observar las corrientes del océano desde el espacio. Trabaja también como nadie por adentrarse en cada uno de los temas que guían sus novelas (turismo en Plataforma, arte contemporáneo en El mapa y el territorio, informática en Ampliación del campo de batalla…) y se sirve de ellos para adoptar su jerga y utilizarla como un lenguaje propio, un universo concreto que no es sino metáfora del verdadero sentido del libro. Como hacía Steinbeck, toda la novela es una alegoría y a medida que avanza toma una dimensión bíblica y fabulosa que culmina de una manera tan trágica como reveladora. Deja las partículas más elementales del día a día en evidencia.

 

Michel Houellebecq

 

04 PROFÉTICAMENTE VISIONARIO

Tal es la claridad con que Houellebecq percibe el presente, que parece leerlo a través de un libro de historia, desde dentro de doscientos o trescientos años. Y, claro, desde el futuro no debe de resultar muy complicado averiguar qué va a ocurrir hasta entonces. “Las partículas elementales” engendraba un precedente de Dominique Strauss-Kahn, “Plataforma” anticipaba qué le podría pasar a los turistas más libertinos y en “Sumisión” volvía a apuntar a los mismos culpables para dibujar una Francia que, desde el viernes pasado, parece más cercana. Es un autor de sátiras. Toma la actualidad como punto de partida y la lleva a su extremo para dar con escenarios tan reales y factibles como el resultado de una ecuación. La magia estalla en la factibilidad con que esa transición se produce. Como en Carver, las situaciones más cotidianas llevan poco a poco, sin que apenas nos percatemos, a un descalabro, a un drama casi inconcebible, solo que a una escala social

 

05 CIENTÍFICAMENTE PESIMISTA

Al principio de “Ampliación del…”, el protagonista decide denunciar el robo de su coche solo por no buscar dónde lo dejó aparcado.

 

Además de las historias, algo en el propio tono de la narración parece indicar que si los personajes no se pegan un tiro es porque les da pereza cargar la escopeta. Hay en cada frase una desidia latente que surge con fuerza y hasta vitalismo desde las descripciones, las conversaciones e incluso el significado connotativo de las palabras. Esa ausencia de vida y alegría nos aleja de esperanzas y fantasías y hace que los acontecimientos sean reales, dolorosamente posibles. Y así, si las profecías cumplidas de estas novelas son turbadoras, mucho más desalentador resulta comprobar hasta qué punto las tragedias de sus personajes pueden resultar tan cercanas y personales.

 

“La desgracia solo alcanza su punto más alto cuando hemos visto, lo bastante cerca, la posibilidad práctica de la felicidad”, escribe.

 

06 POLÍTICAMENTE POLÉMICO

Polémico, sí, pero no provocador barato. No importa a quién odies sino cuánto odies se antoja el mantra de unos personajes resignados a la desilusión y el sufrimiento y lo mismo pasa con Houellebecq, que parece haber perdido todo y no tiene reparos en decir lo que piensa. Como el niño al que ya solo le queda insultar a sus acosadores cuando no le pueden hacer más daño, carga contra todo lo que se le pone por delante porque no “me permite ser un humano”, porque le resulta opresor o porque le cae mal. Los ejemplos sobran y los indignados también, pero, al menos, a Houelebecq le caen bien los escoltas que lo protegen de tantos enemigos.

 

07 CÍNICAMENTE COMPROMETIDO

Sin embargo, el pesimismo y la desolación que encogen el espíritu del lector son el instrumento que Houellebecq usa para protestar. Su misantropía se convierte en un arma de lucha social como contraste al activismo. La miseria de sus personajes nos acompaña, resulta reconfortante y, de pronto, nos despierta, nos reconduce hacia una posición crítica que no sucumbe a ese “campo de batalla” del que el propio escritor parece ser mártir. Es eso lo que le hace centrarse en lo importante: “La tradicional lucidez de los depresivos, descrita a menudo como un desinterés radical por las preocupaciones humanas, se manifiesta ante todo como una falta de implicación en los asuntos que realmente son poco interesantes. De hecho, es posible imaginar a un depresivo enamorado, pero un depresivo patriota resulta inconcebible”. Por muy resignado que parezca, Houellebecq nunca deja sus principios de lado, pero solo los que considera de verdad importantes.

 

Michel Houellebecq

 

08 ASOMBROSAMENTE ORGULLOSO

Para algo es, desde Sartre, la gran estrella de la literatura francesa (según Le Nouvel Observateur). Sería difícil no serlo con su talento. Pero es ese talento el que debería mostrarle que por muy orgulloso que uno esté de sí mismo, por mucho que el reconocimiento de sus fans les lleve a arrojarle leche materna, un ejercicio onanístico de la categoría del “Secuestro de Michel Houellebecq” es difícilmente perdonable, por él mismo y por sus fans. Eso sí, le sirve para alimentar el mito de genio misántropo e incomprendido que generaron sus personajes. La cuestión es que no solo se parece a Sartre por su fama, sino también en esa personalidad que proyecta y de la que solo cabría lamentarse, no por distinta sino por agónica.

 

09 LÍRICAMENTE HUMANO

Aunque Houellebecq nació en la poesía, el lirismo con que percibe las escenas y la sensibilidad con que descubre el mundo no se reflejan en un estilo depurado de frases fantasiosas y llenas de ingenio. Su lenguaje cotidiano y sencillo consigue traslucir una personalidad inconfundible de la que proviene su estilo. Son la expresión y las construcciones que más se ajustan a sus personajes y situaciones. Es la escritura con que escribe poesía en prosa. Una prosa precisa y sin alardes. Un género que adopta el vocabulario de sus temas y roza el tecnicismo. Es una escritura casi matemática, perfectamente lógica y estructurada.

 

10 SINCERAMENTE, HOULLEBECQ

Si hay algo que destaque sobre cualquiera de sus rasgos es la sinceridad. Su pesimismo es la expresión melancólica e incluso nostálgica de esa sensibilidad que el mundo le niega con sus prisas, sus cartas del banco, sus llamadas de compañías telefónicas… Hay un punto en que nada más importa, en que cualquier obscenidad o salida de tono tiene sentido, porque es el propio entorno el que lo expulsa de los corsés morales que lo martirizan. Houellebecq no necesita mentir para quedar bien con nadie y se redime con la verdad. En ese punto, sus libros parecen salidos de una necesidad vital de explorarse a sí mismo y sacar lo que no le cabe dentro.

Comentarios
Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.