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Iain Sinclair

Iain Sinclair

Psicogeografía urbana en el CCCB

Sergi de Diego Mas

Fotos Jordi Vidal

  

Iain Sinclair, mago de la psicogeografía, de la topografía profunda, del ocultismo urbano, de la ruina oculta entre los amasijos de nuevo cemento que son las urbes estuvo en el CCCB ofreciendo la conferencia "La ciudad desaparecida", en el marco de la exposición "Las variaciones Sebald".

 

En el CCCB de Barcelona la visita a la exposición “Las variaciones Sebald” se inicia negro sobre blanco, en un panel rectangular justamente iluminado, con una cita del autor germánico (nunca un gentilicio me pareció menos necesario que en W.G. Sebald; si alguno le pudiera corresponder no sería otro que el de europeo o testigo) procedente de su obra "Pútrida Patria": “En el campo de la estética hay siempre, en definitiva, una cuestión ética”.

 

Iain Sinclair

 

En una de las conferencias y lecturas enmarcadas en la mencionada exposición, el escritor galés Iain Sinclair, de quien la editorial Alpha Decay ha puesto recientemente en circulación la excelente antología de textos "La ciudad de las desapariciones", afirma que caminar la ciudad es un acto profundamente político y subversivo, un medio e instrumento para descubrir aquellas capas que han quedado ocultas con el paso corrupto del tiempo, una putrefacción muy propia de la inmediatez de este presente en el que la memoria RAM de la urbe, su historia colectiva queda sepultada bajo carpetas burócratas que describen macroproyectos urbanísticos, capas sobre capas sobre capas: asfaltar una calle quiere decir asfalto sobre asfalto, y así, en el campo o en la metrópolis, puede ser difícil recordar cuál es el “perfil natural del terreno” cuando éste ha sido modificado ya multitud de veces: en definitiva, es el genocidio de la historia colectiva por parte del capitalismo.

 

El campo de exploración de los ensayos de Iain Sinclair se centra en la circunscripción de Hackney, uno de los boroughs londinenses y lugar en el que el autor practica un trabajo microscópico, partiendo de lo obsesivamente local que le permite también la abstracción, es decir, poder acercarse a una teoría general de la desaparición en la ciudad válida para ciudades como la mediterránea Barcelona, tan removida en los últimos lustros y tan en boca de todo debate hoy (hablamos de la ciudad en genérico, pues Hackney deviene en argumento y concepto universal). Sinclair trabajará en ello mediante textos híbridos en los que aparecerán poesía, metaficción, el documental arqueológico o el archivo, buscando aquellas historias míticas, leyendas urbanas subterráneas que el secuestrador ha sepultado bajo una manta de olvidos: un trabajo clarividentemente sebaldiano.

 

Las variaciones Sebald CCCB

 

Tal y como el propio autor explicó a la concurrida audiencia en el hall del CCCB, lo que conforma una ciudad es tanto lo que vemos (y lo que pisamos: el autor sale a caminar cada mañana como rutina de conexión con el contexto urbano que habita, como primer paso de su singular proceso creativo) como lo desaparecido, lo re-olvidado, aquellos lugares maltratados interesadamente por las instituciones, que tratan (y en demasiadas ocasiones consiguen) anestesiar emociones del entorno urbano sobre el cuerpo colectivo. En esa búsqueda Sinclair trata de conocer todo lo que rodea y pudo haber rodeado al lugar, ese espacio por conocer, tratando de reconstruir los añicos de recuerdos que se sitúan sobre el mapa (un formato que de muchas maneras han trabajado autores como Peter Ackroyd, J. G. Ballard, William Burroughs, Sarah Wise, Robert Smithson, William Blake, Walter Benjamin, Robert Walser, Werner Herzog o el ya comentado W. G. Sebald). De esos fragmentos, defiende Sinclair, se puede obtener una visión total de la ciudad embriagadora. "Yo veía mi tarea como una historia detectivesca. Sabía dónde yacía el cadáver de nuestro pobre distrito y quién lo había matado, pero no sabía por qué. La historia previa del muerto estaba en blanco. Habría que investigar versiones en conflicto de los mismos episodios. Pensé en una película de Orson Welles que había visto hacía años: "Mister Arkadin" (alias "Informe confidencial"). Un magnate con una barba ridícula y nariz de masilla contrata a un escritorzuelo acabado para que investigue su pasado. A los testigos, después de que cuenten su parte de la historia, los van liquidando. Mis entrevistas, por mucha cortesía que les pusiera, seguirían siendo interrogatorios".

 

Iain Sinclair

 

Los primeros trabajos de Sinclair tratan de reflotar la historia oculta y ocultista, casi esotérica, de Londres, trazando recorridos a partir de símbolos extraños, excéntricos, para nada aparentes: las alineaciones de las seis iglesias planificadas por el arquitecto Nicholas Hawksmoor en el siglo XVII o las tenencias de pitbulls entre los ciudadanos,  por ejemplo, sirven como puntos geográficos para anclar la historia, el relato verídico oscurecido por la sombra del gran Londres.

 

La psicogeografía que practica Sinclair, o la topografía profunda, como prefiere enunciar él, es eminentemente crítica desde el inicio de su obra literaria, pero son sobre todo políticos y reactivos los trabajos de los últimos 20 años, cuando la realidad temática y crispada de la ciudad se sitúa por delante de cualquier otro debate (y fueron estos los argumentos que básicamente recorrieron la charla en el CCCB junto a Javier Calvo, el escritor barcelonés, excelente conocedor de su obra, encargado tanto de la recopilación de textos como de su traducción para Alpha Decay). La escritura de Iain Sinclair gana en furia y sequedad e indignación cuando el autor se enfrenta a grandes monstruos: son los tiempos de Margaret Thatcher, de ruinas modernas como la autopista orbital M-25 que circunvala Londres, eliminando toda huella y recuerdo a su paso, o como la celebración de los Juegos Olímpicos en Londres en 2012, grandes fastos que provocan la expulsión de los pobladores originales de aquellas zonas, un proceso de gentrificación capitalista que entronca directamente con la idea de migración violenta que sobrevuela la obra de W. G. Sebald, el ADN del siglo XX. "Nuestros paseos repetidos, nuestros circuitos e intentos de orientarnos —de llegar al corazón del laberinto— resultaron frustrantes. No había centro. La geometría había sido saboteada y los alineamientos retorcidos para satisfacer una serie de imperativos falsos: el lago del dinero”.

 

Iain Sinclair

 

"La parabólica activada emite dosis de luz líquida del Sun; sustitutos de la dopamina que inducen un estado de trance paranoico, en el cual la única reacción posible a la inercia programada es un aullido lobuno de locura: imágenes ígneas de violación, ataques de epilepsia apocalípticos. La televisión por satélite es un ataque al corazón a larga distancia, una serie de cánceres graduales: el trauma narcoléptico en el que los sueños del perro y los sueños del hombre (cerveza, deporte, esteroides, sangre y serrín) se juntan y se entremezclan". El descubrimiento de estas faltas, de estos agujeros negros en la memoria, no está exento de dolor, pues el desconocimiento no es mero olvido, defiende el galés (quien emigró de su lugar natal para poder desaparecer del vecindario, invisibilizarse y poder ser testigo sin ser observado o conocido, para ser algo y alguien secreto, como el mito que persigues, y poder cuestionar todo y todos, crear una historia oral –y luego escrita– de todo lo acontecido). Se trata de ser consciente que hay tres tipos de personas en una ciudad: aquellos que quieren conocer su historia, sus estratos, la sección de esas capas; aquellos que no quieren conocerlo o recordarlo, pues duele el olvido; y aquellos a quienes no les interesa ni una ni otra acción. Son todas ellas acciones y decisiones que podemos calificar como performáticas, debido al compromiso ético que conlleva cada una de ellas.

 

No hay espacio para la nostalgia o melancolía: Sinclair dirige toda la crudeza del duelo de la desaparición hacia lo que sería más bien una acción elegíaca, una celebración vindicativa de la ciudad que fuimos. La ciudad que alguna vez fuimos y todavía somos, aunque en ocasiones no quieran que lo recordemos. “Lo único que podemos conocer es la forma que el objeto desaparecido deja en el polvo, y los relatos, las mentiras que montamos para disfrazar el dolor de una ausencia que no podemos definir”.

 

Todas las citas pertenecen a “La ciudad de las desapariciones” (Ed. Alpha Decay, 2015) de Iain Sinclair.

 

Iain Sinclair

Sergi de Diego

Melómano compulsivo y urbanita adicto a YouTube. Ha escrito “E-mails para Roland Emmerich” (Honolulu Books, 2012) pensando en J. G. Ballard y los próximos cinco minutos. Sus películas favoritas son “Annie Hall”, “Mulholland Drive” y “Tiburón”. Padece ataques de nostalgia al recordar “Los 4 Fantásticos” de John Byrne. Le gusta repetir que “El final del verano es el principio de los conciertos”. Forma parte del colectivo DJ The Lokos. Es fan de Roy Orbison y Sonic Youth. Lo puedes encontrar en su blog, Interferncia Sónica