Menu

Thoreau01

Henry David Thoreau

Reserva natural

 

David Aliaga

Dibujo David Sáchez

 

Los libros de Henry David Thoreau no sólo encierran la sabia argumentación del individualismo y la irredención que lo convirtieron en uno de los avatares de la desobediencia civil. Más de un siglo después de haber sido escritos, sus libros de viaje, sus obras vivenciales constituyen una reserva natural en la que sobreviven especies casi extintas como la vida sin prisa, la introspección sosegada o la rebelión íntima. De la mano de la editorial Errata Naturae, Thoreau le ofrece al lector una experiencia de oposición a la vida cosmopolita sin salir de casa.

 

Habitan más flores en cualquiera de las primeras veinte páginas de "Musketaquid" de las que yo recuerdo haber visto. "Un paseo invernal" es un deambular de casi doscientas páginas lentas como no las he caminado nunca. Trabajas, estudias, visitas a tus padres, haces la compra, atiendes el teléfono… y los trayectos se convierten en una pérdida de tiempo, fastidiosa por ineludible, entre dos tareas que se desarrollan en distintos lugares. De casa al metro, del metro al trabajo, del trabajo al supermercado. Leer a Henry David Thoreau es un ejercicio de resistencia a la prisa.

 

Musketaquid03

 

Errata naturae –latín, ¿para qué? No malgastes horas en una lengua muerta, niño– está recuperando los libros, no tanto de viaje, como de vida serena del escritor de Massachusetts. Cuatro, cinco, diez horas de lectura sosegada en la era de la inmediatez de Facebook y los ciento cuarenta caracteres de Twitter. "Musketaquid", un descenso iniciático por el río que atraviesa Concord; "Walden", un retiro en la naturaleza que no es más que uno mismo sin el estorbo del ruido; "Un paseo invernal", el aprendizaje en el camino que va del frío a la primavera.

 

Thoreau escribe sobre un espacio extinto. Los coches apenas circulan dos segundos ante la vista de los transeúntes. Uno, dos, tres, rojo, plateado, negro, rojo. Los discos luminosos de los semáforos cambian de color cada treinta segundos. En el último trayecto te cruzas con medio centenar de rostros que ya no recuerdas. Das un paso tras otro, el teléfono vibra en tu bolsillo, los platos están por fregar. Ese es el lugar en que se han convertido los bosques que perviven en Thoreau y resulta impensable volver a habitarlos, reconquistarle el espacio a la celeridad. Sin embargo, como si se tratase del último y precioso ejemplar de su especie, lo encierran para el lector las páginas del autor norteamericano.

 

Empecé a leer "Musketaquid" en un vagón de tren de la línea 5 del metro de Barcelona. Diez minutos entre las paradas de Pubilla Casas y Entença. El primer pensamiento es que me desespera su descripción de las orillas del río. Flores que no conozco, de cuyos pétalos no soy capaz de imaginar la forma, un bucolismo insoportable. ¡Que pase algo! Camino hasta la oficina. Cinco horas de teléfono y ordenador. Vuelvo a abrir el libro en el metro. Árboles, la calma del pescador hundido en el cauce del río hasta la cintura, la espera. ¡Que pase algo! Una detallada explicación de las proporciones de la canoa que Thoreau y su hermano han construido en relación con el diseño anatómico de las aves y los peces. Apenas han navegado cien metros de río y yo acumulo cuatro trayectos en metro.

 

Thoreau02

 

No comprendo el valor de "Musketaquid" hasta esa noche. Termino de cenar, friego los platos, recojo la mesa. No me quedan tareas pendientes, así que se trata de apagar el televisor y rogar que el sueño se demore un par de horas. Es martes y todavía no ando demasiado cansado. Estiro las piernas y sigo leyendo. En diez minutos, sin una voz incordiosa que anuncie a cada rato la próxima parada, sin siete conversaciones enmarañándose en mis oídos, ni música sonando en los altavoces de un teléfono móvil, soy el tercer navegante en el bote de los hermanos Thoreau.

 

En el descenso por el Musketaquid o en los paseos por paisajes nevados han de venir también el dolor y la desgracia, el espacio para ver la propia silueta recortada del panorama estatal, el hormigueo de unos pies que quieren echar raíces en la tierra húmeda. Pero también sin aspavientos. La afirmación de que la insumisión tiene mucho que ver con el silencio y la pausa y poco con el exhibicionismo y las llamas.

Comentarios
David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.

Artículos relacionados (por etiqueta)