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La Mazmorra

Más allá del anillo

Manu González

 

En 1998, después de haber triunfado en toda Francia con el primer álbum de “Lapinot”, Trondheim unió su absurdo sentido del humor con la imaginaría fantástica de Joann Sfar para crear “Donjon” (“La Mazmorra”, publicado en España por Norma Editorial), una saga épica (y absurda) de gran éxito en toda Europa que lleva publicada la friolera de 19 álbumes y un juego de Rol. Bienvenidos a “La Mazmorra”. Este artículo se publicó en la desaparecida Revista Trama número 41, diciembre de 2004.

“Cuatro torres negras, la más altas de las cuales se divisa a diez jornadas de marcha... Una puerta de plomo oculta en lo hondo de los infectos pantanos.... Kilómetros de pasillos, tapizados de musgo y salitre... Escalas, montacargas escaleras hasta las entrañas de la tierra... Es la mazmorra, mi mazmorra. Tenemos suficiente oro como para hacer palidecer a los obispos de Kitai, armas legendarias ocultas tras cada piedra, trampas en las que caería el mismísimo Grimtooth y monstruos a docenas, mi ejército personal. Conozco por su nombre a cada uno de mis bichos, cada cual mora en un hábitat adaptado a sus necesidades, dosifico la alimentación, la luz y la temperatura para que esas hordas babosas estén en forma. Aventureros de todo el mundo, en busca de riqueza y experiencia, se adentran en esta mazmorra para medirse con mis monstruos. Todos ellos con prisa por morir en mi morada”. Así, con este largo monólogo de dos páginas que inicia el primer tomo de “Donjon Zénith”, Corazón de pato, Sfar y Trodheim describen la Mazmorra, el peculiar punto de partida de esta saga que ya ha hecho historia en la band dessinée del país galo: el peculiar mundo imaginario de Terra Amata. Un universo inspirado (en parte) en la Tierra Media de Tolkien, pero con la ironía y el sentido del humor del Mundodisco de Terry Pratchett. Un universo donde personajes de la altura épica (¿?) de Herbert el pato, Marvin el dragón, el Guardián de la Mazmorra, Alcibíades el mago o Horus el nigromante vivirán absurdas aventuras a través de tres sagas diferentes entre sí. Pero, cómo nace una saga como está, de dónde viene tanto derroche de imaginación y talento. La respuesta la encontramos en la unión de sus dos creadores, dos de los mejores valores de la historieta gala moderna: Lewis Trondheim y Joann Sfar.

 

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Cenit. ¿Qué tendrá ese pato?
Aunque Sfar y Trondheim compartieran sudor y lágrimas entre las cuatro paredes del Estudio Nawak (germen de la editorial L’association que fundaron Trondheim, Stanislas, Mattt Konture, David B, Killofer y Jean-Cristophe Menu), nunca habían trabajado juntos. Trondheim ya arrastraba esa faceta de huraño que tan bien retrata en su biografía “Mis circunstancias” (Astiberri, 2002) y rechazó muchas veces las invitaciones de Joann para que se involucrará en un ambicioso proyecto de nombre Donjon. Según el propio Trondheim, “Sfar me persiguió durante años, todos los meses, para que hiciéramos un cómic junto. Siempre me estaba contando un gag o una escena de La mazmorra. A mí personalmente no me gustaba mucho el título y, además, yo esperaba que me dejase hacer un álbum de Lapinot que ocurriera en Terra Amata. Pero Joann no estaba muy convencido de que funcionase”.

 

Tras muchas negativas llegó el esperado sí para Joann. Con el respaldo de la editorial Delcourt (que quería contar con el genio de Trondheim tras el éxito en Dargaud de “Lapinot 1: Slaloms”) queda definido el equipo técnico de Donjon. El grueso de las ideas y diseños son de Sfar, pero los guiones se trabajan entre los dos. Sfar y Trondheim dibujan a cuatro manos pero el grosor de los cuatro álbumes de Zénith -el principal arco narrativo de “Donjon”, compuesto por “Corazón de pato” (98), “El rey de la pelea” (99), “La princesa de los bárbaros” (00) y “Sortilegios e infortunios” (02)- podemos atribuírselo a Trondheim. La línea clara de éste gana a las características tintas opresoras de Sfar. En “Zénith” se narra la historia de Herbert, un pato que trabaja en la Mazmorra que, por absurdidades de la vida, se hará con la Espada del Destino, salvará la Mazmorra en un par de ocasiones y se convertirá en uno de los residentes más famosos de ésta. A su lado encontramos el reverso responsable de Herbert, uno de los monstruos más válidos del Guardián de la Mazmorra: Marvin, el dragón rojo.

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Con semejante pareja, humor y responsabilidad, las bromas están servidas. El sentido del humor de “Donjon Zénith” es más propio de Trondheim que de Sfar (diálogos absurdos, largas sucesiones de viñeta para demostrar la estupidez de un comentario o una acción, introducción del surrealismo en un monólogo o diálogo serio) y muchas de las composiciones cómicas de “Donjon” no hubieran desentonado, por ejemplo, en el “Lapinot” de Trondheim. Incluso tenemos dos arquetipos cómicos parecidos en la otra gran obra del autor de “La mosca”: Lapinot y Richard, responsabilidad y comicidad. Pero como el propio Sfar reconoce, “los personajes hacen lo que quieren, les dejamos vivir su vida y por eso hacen cosas que nos sorprenden y nos dejan atónitos, cosas que no se encontrarían en otros BD para todos los públicos. Les dejamos hacer y no le decimos ‘¡eh!, esto no se acepta en prime-time, nada de sexo, nada de violencia, nada de palabrotas’. No tenemos ninguna intención de llevar ‘Donjon’ hacia extremos más duros o, al contrario, demasiado burlescos. Lo que queremos obtener es un resultado sorprendente; es decir, que nos sorprenda a nosotros mismos. Así que si lo que queréis es una serie en los que todos los álbumes se parezcan, ‘Donjon’ no está hecha para vosotros”.

 

Y tiene razón, poco se parecen el Herbert de “Corazón de pato” con el Herbert de “Sortilegios e infortunios”. Los personajes de “Donjon” maduran, crecen, cambian, no permanecen inmutables peleando contra los romanos álbum tras álbum. En este caso, cabe decir que la innovación de “Donjon” no es su comicidad o su particular universo épico-fantástico. La gran innovación de “Donjon” es que tiene un presente, un pasado y un futuro. Tres sagas que responden al nombre de “Cenit” (“Zénith”), “Amanecer” (“Potron-minet”) y “Crepúsculo” (“Crepuscule”), aparte de recopilaciones de episodios sueltos como “Monstruos” (“Monster”) y “Parade” (situada cronológicamente entre los dos primeros álbumes de “Zénith”) o la colección “Bonus”, que aglutinará los productos más alejados del cómic como el juego de rol publicado sobre “La Mazmorra”. Una saga que la acerca al universo Tolkiniano, pero también a “las diferentes sagas de ‘Star Wars’ o la serie ‘Star Trek’, como reconoce el propio Trondheim. “Pero de manera diferente. ‘Donjon’ tiene la voluntad de utilizar un género sobre explotado en el cómic pero poco explotada en su forma y fondo”.

 

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Amanecer. La inocencia del Guardián
Aunque los primeros álbumes de “Amanecer” y “Crepúsculo” (“El camisón” y “El cementerio de los dragones”, respectivamente) se publicaran al año siguiente de la edición de "Corazón de pato" (1999), se considera Amanecer como la idea que surgió más tarde en el cerebro de los dos creadores de “Donjon”. Para Trondheim y, sobre todo, Sfar era más divertido crear el fin de la Mazmorra, el negro devenir del futuro de “Crepúsculo”. Pero aunque las desventuras del Rey Polvo (Marvin el dragón) y el conejo bárbaro llamado Marvin el Rojo contra el imperio del Gran Khan tengan su gracia, gran parte de las innovaciones arguméntales de “Donjon” las encontramos en “Amanecer”.


La primera novedad de “Amanecer” es la presencia de Christophe Blain (un colaborador habitual de Sfar, junto a Emmanuel Guibert) en el dibujo. Con tres álbumes por año (más proyectos privados ajenos a “La Mazmorra”), Sfar y Trondheim se veían incapaces de continuar con el estricto plan de dibujo que necesitaba la serie. A partir de Amanecer el trabajo se replantea. “Normalmente le doy un texto a Lewis”, nos cuenta Sfar, “y Lewis le pasa un story-board al dibujante invitado. Juntos trabajamos también las fichas de personajes y los decorados. Pero previo a todo este trabajo, Lewis y yo discutimos interminablemente sobre el contenido de los álbumes”. En “Amanecer” cuenta tanto la opinión de Blain sobre el diseño de la serie como la de sus dos creadores. Algo que tienen muy claro según las palabras de Trondheim. “No me molesta que el dibujante aporte cosas, eso entra en el espíritu de la colaboración. No me siento revestido de un orgullo de autor”. En “Amanecer” asistimos a un espíritu nuevo, a un planteamiento un poco más clásico pero no muy alejado del leit-motiv de la serie. En “Amanecer” nos narran al nacimiento de la Mazmorra, una excusa para relatarnos la juventud del Guardián (cuyo nombre es Jacinto) y sus aventuras y desventuras en la ciudad de Antípolis (heredera del Ankh-Morpork del Mundodisco de Pratchett) a lo largo de tres álbumes publicados –“El camisón” (99), “Un justiciero en apuros” (01) y “La juventud que se va” (03). Unas aventuras caracterizadas por la inocencia del propio Jacinto, lejos del fuerte poder de mando del Guardián de “Cénit”, ante una realidad alejada de la clásica dicotomía del bien contra el mal. Jacinto, como el lector, descubrirá que el mundo está repleto de claroscuros (profético el título de su tercer volumen, “La juventud que se va”), cosa esencial para comprender “Cénit” y, sobre todo, “Crepúsculo”.

 

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Crespúsculo. This is the end
“El cementerio de los dragones” (99) fue el primer álbum de la última saga de Terra Amata. El principio del fin. Quizá sea esta la saga que más parecido tiene con “El señor de los anillos” debido a su filosofía de final de una época (pero en la que se puede entrever el principio de otra). Con “Crepúsculo” asistimos al cruel destino de Herbert y Marvin, amigos enfrentados en el futuro. Herbert se ha convertido en el máximo tirano de Terra Amata (bajo el nombre de Gran Khan). Un emperador cruel a quienes se enfrentarán Marvin (rebautizado como el Rey Polvo, un místico famoso) y su extraño ayudante, el conejo Marvin el Rojo.
Aunque los dibujos de “Crepúsculo” estén firmados por Trondheim y Sfar, es este último quien se ha hecho cargo de casi todo el grosor de la saga. Si en “El cementerio de los dragones”, Sfar se esforzaba en imitar descaradamente el estilo de Trondheim (aunque él lo niegue categóricamente, aludiendo que quería llevar “La Mazmorra” a un estilo más clásico para el gran público, acarreándole, claro está, más de una crítica), en “El volcán de los Vaucanson” (01) el dibujo cambia a mejor, adquiriendo todo el grafismo de una obra normal del autor de “El gato del rabino”

 

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Parade. ¿Más de lo mismo?
“Parade” fue la siguiente parada (perdonen la broma) de “Donjon”. Historias individuales de Herbert y Marvin situadas entre “Corazón de pato” y “El rey de la pelea”. Cronológicamente hablando: aprovechar la torpeza de Herbert antes de que se convierta en un gran luchador gracias al maestro de Marvin. Como “Amanecer”, “Parade” cuenta con el dibujo de un solo asalariado, Manu Larcenet, quien, al igual que con lo ocurrido con el autor de “Issac el pirata”, también tiene bastante que decidir en el diseño de la nueva serie de “Donjon”. La risa continúa estando asegurada.

 

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Monstruos. Mis adorables vecinos
Monstruos es la justificación de Sfar y Trondheim para poder completar esos 297 álbumes prometidos (la pregunta está clara: ¿vivirán para contarlo? ¿Y nosotros para leerlo?): episodios individuales en los que se investiga algunos de los muchos personajes que conviven en las tres etapas de Terra Amata. Aparte de que es la única saga que incorpora en cada número un dibujante nuevo y diferente, enriqueciendo con nuevos dibujos y visiones el ya de por sí interesante mundo de “La Mazmorra”. En España solo han sido publicados dos tomos, los dedicados a Horus, “La noche del seductor” (03, con dibujos de Jean-Emmanuel Vermot-Desroches), y un joven Marvin, “Mi hijo el asesino” (03, dibujos de Blutch), ambos pertenecientes a la época de “Amanecer”. Aunque sean historias auto conclusivas se hubiera agradecido una publicación cronológica de estos (“La noche del seductor” es el Monstruos 5), pero bueno, nunca llueve al gusto de todos. Con Monstruos han tenido sus cinco minutos de fama el pesado inventor de “Sortilegios e infortunios”, “Jean-Jean la Terreur” (01, dibujos de Mazan); Horus y Alcibíades, “Le Géant qui Pleure” (01, dibujos de Jean-Christophe Menu); Marvin el Rojo, “La Carte Majeure” (02, dibujos de Andréas); un primerizo Gran Khan, “Le Noir Seigneur” (03, dibujos de Stéphane Blanquet); o Grogro, “Du Ramdam chez les Brasseurs” (03, dibujos de Yoann). El último álbum publicado en Francia de la saga “Monsters” es “Crêve-Coeur” (04) y está dibujado por el argentino Carlos Nine, una de las pocas incorporaciones no francófonas al universo ya eterno de “Donjon”.

Manu González

Hizo su primer trabajo periodístico entrevistando a Derrick May por fax en 1995 para la desaparecida revista aB. Desde entonces, este natural de Hospitalet de Llobregat (1974) ha colaborado en publicaciones como Qué Leer (donde se encarga de la sección de cómic), Guía del Ocio BCN, Playground Mag, Revista Trama, EnBarcelona Magazine, Terra Gum, Hoy Empieza Todo (RNE 3), Agenda San Miguel o los catálogos del Festival Sónar 1997 y el Festival Doctor Music 1998. Experto en cómic y literatura fantástica, ha colaborado con editoriales como RBA, Random House Mondadori y Círculo de Lectores. Pero sobre todo es conocido por haber sido el Jefe de redacción de la revista Go Mag desde mayo de 2001 hasta su último número en junio de 2013.

manu@blisstopic.com

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