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El conde de Montecristo

Una venganza de ayer, de hoy y para siempre

Vanessa Pellisa / Ilustración de Esther Burgueño

 

Es absolutamente necesario que el inicio de esta sección de “clásicos modernos” se dé con una frase que les motive y que les convierta a la causa, algo perogrullera, de recomendarles libros que quizás, de buenas a primeras, no les suenen muy apetecibles. He elegido “El Conde de Montecristo” (1844) para empezar, y voy a llevar a cabo mi cometido inspirada por el chapucerismo que me caracteriza, con una “punch line” de bajo calado intelectual pero, espero, gran efectismo: “El Conde de Montecristo” es un libro chulísimo.

 

La más famosa de las novelas de Alexandre Dumas es una historia de aventuras clásica cuyo telón de fondo, el Imperio de los Cien Días y la Segunda Restauración, es tan apasionante que es capaz de convertir a cualquiera en francófilo aficionado por un mes. La historia del buen marinero Edmond Dantès, al que traicionan repetidamente por un plato de lentejas (o, para ser más precisos, una bandeja de ostras de Marennes-Oléron), de su injusto encarcelamiento y de su metamorfosis en conde de Montecristo es más o menos conocida por todos. Quién más quién menos sabe que “El Conde de Montecristo” es la historia de una venganza, la clase de pasión descontrolada que asociamos a las telenovelas venezolanas y novelas anticuadas. Hoy ya nadie reclama “vendetta!”. Ni siquiera los programas del corazón, con sus grandilocuentes “traiciones, decepciones y pasiones” se atreven a  hablar de “venganza”. Es una emoción que consideramos tan caducada que, de hecho, hemos llegado incluso a desclasificarla como sentimiento. Entonces, ¿a qué viene esta recomendación? ¿Para qué leer este libro que trata fundamentalmente de un tema que hemos convenido en calificar de obsoleto?

 

La respuesta simple es que es mentira. Puede que la palabra “venganza” esté obsoleta, pero como acción, a marzo de 2014, sigue en pleno apogeo. Algunos la llaman “superación” (Steve Jobs), “justicia” (Julian Assange) o “independencia artística” (Axl Rose), pero la venganza, aunque se disfrace de nobles sentimientos, sigue viva.

 

Dantès es un oficial marsellés al que la vida está tratando bien. Llega a puerto tras una ruta complicada en la que el capitán del barco para el que navega ha muerto enfermo y en la que se ha hecho cargo del bote y su tripulación. El armador quiere ascenderle a capitán, va a casarse con su querida Mercedes, una joven que vive en el barrio outsider de Els Catalans. Todo va bien.  Con su nuevo puesto de trabajo ganará más dinero con el que mantener a su nueva familia y a su viejo padre. Es un hombre joven y sensato, aunque algo inocente.

 

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Su buena fortuna le pone en conflicto con los enemigos principales de la trama: Danglars, jefe de cargamento y hombre avaricioso donde los haya, que envidia a Dantès intensamente, y Fernand, catalán enamorado de Mercedes, hombre sin oficio ni beneficio, un tzigane encubierto, incapaz de dominar sus emociones. Durante la travesía, y siguiendo las órdenes del capitán moribundo, Dantès baja a la Isla de Elba y recoge una carta del Gran Mariscal que debe entregar a su regreso. Danglars aprovecha la circunstancia para urdir una trama para acusar al inocente Dantès de agente bonapartista y, junto a Fernand y el sastre Caderousse (la mosca cojonera de la historia), escribe una carta anónima que provocará su detención el día de su boda. Cuando lo llevan ante el sustituto del procurador del rey, Dantès sufre un nuevo contratiempo. El procurador, el señor de Villefort, un joven ambicioso y monárquico, se convence rápidamente de la inocencia de Dantès. Parece dispuesto a dejarle marchar hasta que lee la carta que el Gran Mariscal le entregó en la Isla de Elba. La carta habla de la intención de Bonaparte de retomar el poder y va dirigida a un importante revolucionario parisino, Noirtier, que no es otro que el propio padre de Villefort. Para proteger su reputación, Villefort destruye la carta y permite que se encarcele a Dantès en el castillo de If.

 

Se comete la injusticia y nuestra indignación como lectores es tan grande que, si pudiéramos, nos dedicaríamos a repartir mamporros a diestro y siniestro. La trama crece a partir de este momento, y le siguen los capítulos más geniales del libro: el encarcelamiento, la desesperación ante la injusticia, el abate Faria y la educación del joven Dantès, la fuga, la llegada a la isla y, de golpe y porrazo, en un movimiento literario hipermoderno, la desaparición de Dantès, que durante una decena de capítulos deja de existir como personaje para reaparecer poco después metamorfoseado en conde. La venganza empieza después, y también las dudas.

 

Nos indignamos con “El Conde de Montecristo” porque se trata de una novela casi tan moralista como lo es nuestra época. Su tono es fruto de una época de impasse, no muy distinta a la que vivimos, en la que es la inercia civil la que mantiene la estructura de Estado en movimiento. La fragilidad del sistema deja un espacio vacío de poder en la Francia mareada de la época. Los personajes de la novela construyen con adobe su estatus en la sociedad parisina, pura arenilla frágil que cae en picado con la amenaza de tormenta. Desde el primer momento queda claro que Edmond Dantès es un títere que otros usaran por motivos puramente egoístas y que, en su transformación, será él quien, como Conde de Montecristo, convertirá a sus enemigos en instrumentos de venganza. Es fácil señalar como una falla moral el comportamiento indigno de los otros. La absoluta modernidad de esta novela es reconocer que no hay buenos ni malos, solo gente algo dolida y gente algo necia.

 

(Añado una pequeña nota sobre la estupenda traducción de Jesús Moncada que he leído y que merece parte del mérito, una traducción moderna y sencilla, que busca los puntos de conexión entre el francés y el catalán sin someterlo a los modismos de muchas traducciones “clásicas”.)

 

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Vanessa Pellisa

Melómana acérrima desde muy jovencita (viajó al festival de Glanstonbury con sólo 15 añitos), Vanessa Pellisa ha colaborado regularmente con artículos de crítica musical y literaria en varias publicaciones (aB Magazine, Rockdelux, Qué Leer, La Vanguardia...) pero sobre todo es conocida por su trabajo en Go Mag, donde ha entrevistado a artistas de portada como Postal Service, Death Cab For Cutie, James Blake, The Shins, Belle And Sebastian, Badly Drawn Boy, Fleet Foxes, The xx o Tame Impala. Nació en Reus en 1979 y en 1998 fundó la distribuidora y discográfica Inane; ha trabajado en los sellos Houston Party y Barsuk Records de Seattle, ha sido mánager y promotora de conciertos y tiene pendiente publicar su primera novela.

 

vanessa@blisstopic.com

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