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shackleton  

Shackleton

Freezing opening thawing

Woe To The Septic Heart

8

Techno chamánico

Vidal Romero

 

Cuenta Shackleton, en la escueta nota de prensa que acompaña a “Freezing opening thawing”, que su nuevo maxi supone el comienzo de un cambio, “el abandono de la manipulación de samples en favor de los procesos de síntesis”. O dicho de otra manera, el productor inglés es el último en apuntarse a una corriente, que recorre en los últimos tiempos el mundo de la música electrónica, y que consiste en dejar de lado los ordenadores y recuperar los procesos artesanales: tocar las cajas de ritmos con las manos, programar los sintetizadores sin ayudas informáticas, manipular filtros y efectos en tiempo real y sin colchón de seguridad. Una forma de trabajar que ha producido algunas de las obras más interesantes de los últimos tiempos –pienso, por ejemplo, en el monumental “The inheritors” (13) de James Holden- y que encaja a la perfección con la asfixiante presión sonora que a Shackleton le gusta introducir en sus producciones.

 

Publicado casi dos años después que “Music for the quiet hour / The drawbar organ EPs” (12), aquel monumental disco doble en el que nuestro hombre vació todas sus obsesiones y llevó al límite todos sus recursos, “Freezing opening thawing” parece estar diseñado como un artefacto de transición. Muchos de los elementos que siempre han formado parte del vocabulario de Shackleton siguen ahí –las polirritmias de aire tribal, los ecos ancestrales, las melodías psicodélicas–, pero la suciedad atmosférica casi ha desaparecido: ya no hay cámaras de ecos monstruosas, no hay bajos que parecen sonar desde el abismo, no hay nubes de oscuridad tiñéndolo todo con sombras. Esa intención evolutiva se nota sobre todo en la cara B, con un “White flower with silvery eye” limpio y casi pastoral, que añade a las melodías un acento tropical y juega con voces no muy alejadas del pop, y con un “Silver keys” descaradamente psicodélico, repleto de voces manipuladas, detalles cósmicos y líneas de sintetizador que se retuercen en el plano fondo. Y si esas dos pistas muestran por dónde irá el futuro, el músculo lo exhibe el tema titular: un laberinto de ritmo frenético que se va más allá de los once minutos, en el que infinitas capas de percusiones tribales van entrando y saliendo de manera continua, punteadas por nubes melódicas, arpegios hipercinéticos y voces que resuenan como psicofonías violentas. Un híbrido imposible entre el shangaan electro, el minimalismo neoyorquino de los setenta y los mantras chamánicos, que demuestra que las visiones de Shackleton siguen siendo tan espectaculares como inimitables.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com