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El_Txef_A

Estampas campestres

 

Vidal Romero

 

Dos años después de sorprender a propios y extraños con “Slow dancing in a burning room” (12), un disco sedoso y brillante, Aitor Etxxebarría vuelve a calzarse el disfraz de El_Txef_A para dar forma a una nueva colección de canciones que cada vez tienen menos poso electrónico y más vocación pop. Un disco, “We walked home together” (Fiakun, 14), que sigue conservando un cierto anclaje (lejano) con la pista de baile, pero que prefiere dedicar sus esfuerzos a cultivar melodías y atmósferas. Que intenta capturar la belleza de un hermoso paisaje campestre entre los difusos bordes de una canción.

 

De niño estudié algunas cosas de música: solfeo, piano, percusión, pero lo abandoné y, cuando lo quise retomar, ya con veinte años y con la intención de tocar en una orquesta, era demasiado tarde. Así que decidí estudiar ingeniería de sonido”. Aitor Etxebarría, en fin, es de los que nacieron con un gen para la música muy desarrollado, aunque al principio le costara reconocerlo. “Siempre he escuchado todo tipo de cosas”, prosigue, “pero empecé a investigar la música electrónica a los dieciséis o diecisiete años, comprando vinilos en una tienda de Bilbao, Cybertech. Me gustaban sobre todo el minimal y el ambient”, géneros que “no tenían mucho que ver con lo que se escuchaba entonces en el País Vasco. En los clubes ponían música más rápida y dura, sobre todo trance, así que en realidad tuve que aprender por mi cuenta. Quizás por eso siempre he sido muy independiente: al estar fuera de la escena, mi música ha sido desde el principio muy objetiva y personal, no está contaminada por las modas o por lo que pudiera pensar la gente a mi alrededor”.

 

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Posiblemente gracias a esa sensación de desarraigo, Etxebarría decidió desde muy pronto buscarse las habichuelas por su cuenta, aunque eso le llevara lejos de casa. “Mandé una maqueta a una revista que ya no existe, Trax, y seleccionaron una de mis canciones para el CD que regalaban al número siguiente. Ahí estaba yo, al lado de gente como Ellen Allien”. Fue gracias a esa canción como contactaron con él los chicos de Flumo, uno de los netlabels más activos del sur de España. “Simplemente me llamaron y me propusieron grabar un EP para ellos, y todavía seguimos funcionando así”. Un primer paso tras el que llegarían vinilos y maxis digitales para sellos como Hypercolour o Factor City, y la posterior fundación de su propio sello, Fiakun, donde estos días aparece “We walked home together”.

 

Tu primer álbum, “Slow dancing in a burning room”, fue una pequeña sorpresa. A pesar de que estaba anclado en el house de alguna manera, era mucho más suave y pop de lo que muchos esperaban; no se parecía a los maxis que habías publicado hasta entonces.

Me encantan géneros como el folk, el pop o el country, y también me interesa mucho el hip hop, así que imagino que todas esas influencias tenían que salir por algún lado. Además, decidí grabar aquel disco porque tenía mucho tiempo libre, y eso me permitió juntarme con músicos a tocar y experimentar. No tenía demasiadas ganas de bailar, era una época muy de pop y de folk, muy de mezclar melodías comerciales con arreglos más extraños, sólo por ver qué salía de todo aquello.

 

Sin embargo, se trata de un disco con una cierta coherencia interna. A mí, al menos, no me parece el resultado una serie de canciones que han acabado juntas por casualidad.

Es que no lo es. Si te digo la verdad, tenía decidido el título antes siquiera de empezar a grabar la primera canción, y también había un concepto, aunque pueda parecer un poco extraño. Tenía en la cabeza la imagen de una pareja que, en sus últimos momentos de existencia, decide ponerse a bailar; un baile de despedida antes de morir. Era una metáfora acerca de cómo es posible llegar con éxito al final después de toda una vida en pareja.

 

¿Y hay también un concepto detrás de “We walked home together”?

Sí que lo hay. Me gustan mucho los paisajes campestres, sobre todo esas estampas rurales de Norteamérica, que parecen extenderse durante kilómetros. Mi idea en esta ocasión era la de dos amigos caminando por uno de esos paisajes, de vuelta al pueblo, hablando entre ellos.

 

¿Es por eso que el tono de las canciones es más suave, como si estuvieran hechas para sonar a media voz?

La verdad es que pasé una temporada bastante difícil a nivel sentimental, y todas esas sensaciones, ese estado anímico, han quedado reflejados dentro de las canciones. Es algo que creo que se nota sobre todo en la segunda parte del disco, que es bastante más oscura.

 

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También es un disco que parece estar más compuesto, en el sentido de que suenan muchos más instrumentos, vamos a llamarlo así, “reales”.

Hasta ahora, solía grabar yo sólo en casa tocando todos los instrumentos y haciendo de ingeniero, pero la verdad es que no soy ningún virtuoso, y además tengo un equipo limitado. Por eso, decidí alquilar un estudio que hay aquí cerca y contratar a un ingeniero que me ayudara a mejorar el sonido. Llevaba las canciones preparadas, así que durante todo ese tiempo me dediqué a grabar instrumentos en plan analógico, llamando a los amigos que necesitaba en cada momento y trabajando todo con mucha calma.

 

Desde luego, se nota mucho esa relajación en el disco. Es muy atmosférico y recogido, tiene un aire un poco a banda sonora.

Me encanta la música para cine, pero si te digo la verdad, creo que las grandes influencias en “We walked home together” son Peter Gabriel y David Sylvian, que son dos artistas que he estado escuchando mucho, mientras escribía las canciones y mientras grababa el disco. Del primero me interesa el rollo cinematográfico que le da todo lo que hace, y que a lo mejor es lo que te hace pensar en bandas sonoras. Y de Sylvian me gusta esa capacidad que tiene para empezar las canciones con un punto muy comercial, y luego meterse en todo tipo de soluciones extrañas, que nunca sabes a dónde te van a llevar.

 

En el disco hay unos cuantos cantantes invitados. ¿Cuál ha sido su papel? ¿Han colaborado en las canciones de manera activa?

Cada canción es una historia diferente, pero en todos los casos de se trata de amigos que me parecía que podían encajar bien en el disco, y que fui buscando a medida que me hacía falta. Con Biskonti suelo grabar yo todo y luego le pido que cante, porque me gusta mucho la voz que tiene. Con Hannot, en cambio, solemos escribir la canción juntos, y algo parecido sucede con Napora Iria, con quien he colaborado muchas veces. En el caso de Woolfy le mandé la canción con una guía de voz, y me devolvió algo mucho más grande; hizo crecer muchísimo la canción.

 

¿Y qué me dices de la banda que te acompaña en directo? La cara B del primer single del disco, “The love we lost” (Fiakun, 14) suena espectacular.

Hace un par de años recibí una oferta para tocar en el Volkstheatre de Viena y llamé a los músicos que me habían acompañado en “Slow dancing in a burning room” para tocar esas canciones y algunas nuevas que hicimos para la ocasión. La canción que tú dices, “Somewhere in a small town” es una de estas. La grabamos en la Sala BBK, y aunque no era coherente con el resto del disco me gustaba mucho cómo había quedado. Por eso la hemos publicado como cara B del single, y en un formato tan bonito como el de diez pulgadas. Es un premio para la gente que todavía sigue comprando vinilos.

 

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¿Harás gira con la banda?

Seguimos tocando, pero de una manera muy esporádica, porque es una formación de seis músicos y que incluye un piano de cola, y los promotores no suelen tener presupuesto para sacarla adelante. Pero tengo ganas de tocar las canciones nuevas: si el disco te parece íntimo, los conciertos lo son mucho más, porque además solemos eliminar los ritmos casi por completo, para centrarnos en las atmósferas. Los bombos me los guardo para las veces que me toca ir en solitario, que tengo que dar más caña.

 

Tanto este disco como el anterior se han publicado a través de Fiakun, un sello/colectivo del que formas parte. ¿Qué puedes contarme sobre él?

Es un colectivo de siete personas, que está basado en Guernika. Todos nos conocemos desde niños, aunque no todos se dedican a la música. Comenzamos montando fiestas y después de algún tiempo decidimos tomárnoslo más en serio: hace ya tres años y medio que tenemos una oficina propia, y hemos publicado una decena de discos, siempre en vinilo. El ritmo es lento, pero porque nos gusta que sea así; funcionamos en plan cooperativa, ayudando todos un poco, y publicamos sin presiones, sólo cosas que nos gustan a todos.

 

Pero seguro que has tenido ofertas de sellos extranjeros, o al menos más grandes.

Sí que me han llegado varias ofertas, pero quizás porque soy un poco romántico he decidido quedarme con lo mío. Tiene sus ventajas: soy una persona muy meticulosa, y sacando el disco en Fiakun puedo controlar mucho mejor todo el proceso, desde la grabación al diseño de la portada o la manera en la que quiero que se publique y se distribuya. De todos modos, tampoco creas que me han llegado ofertas como para volverse loco; Warp todavía no ha llamado a mi puerta.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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