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Mundial: Día 13

Uruguay muerde, a veces demasiado

 

Textos de Albert Fernández, Rodolfo Santullo, David Aliaga y Santiago García Tirado.

Fotos Fifa.com

 

¿Saben aquel que dice que van tres campeones del mundo a un grupo clasificatorio, dos quedan fuera y la cosa la gana Costa Rica? Si ya maldita la gracia que le hizo el chiste a Inglaterra, ahora es Italia quien lo llora tras su derrota por la mínima ante Uruguay. Los de Prandelli, a quienes bastaba el empate, jugaron a verlas venir y no supieron reaccionar cuando la expulsión de Marchisio, primero, y el gol de Godín, después, los dejaron contra las cuerdas. En esas, Luis “Hannibal” Suárez volvió a las andadas con un mordisco en el hombro de Chiellini que el árbitro no supo o quiso ver. Mientras tanto, en el grupo C, con Colombia dando nueva fe de la predominancia de las escuadras sudamericanas, Grecia salvó la honra del día para el Viejo Continente gracias a un penal en el tiempo de descuento y a un dúo goleador que suena a declinación: Samaris-Samaras.     

 

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Costa Rica 0 – Inglaterra 0

Lo de ayer en Belo Horizonte no era un partido, era un obituario. Para el equipo de Hodgson, su última oportunidad de despedirse con un último aire honroso se convirtió en un doloroso recordatorio de su precoz defunción en el campeonato, y del mundo al revés que se plasmaba en el descalabrado Grupo D. Para los orgullosos ticos, con el cielo ganado después de batir consecutivamente a dos campeones mundiales, la cita fue una nueva confirmación de su aureola de imbatibilidad, y de su flamante vitola de equipo revelación. El gesto de frustración de un delantero habitualmente fiable como Sturridge, gafado todo el campeonato, iba creciendo al tiempo que se ampliaba la sonrisa del infalible Keylor Navas, feliz incluso con los tacos del 9 inglés clavados en su piel. Pero la cara del joven delantero no era la que más dolía ver. En el grupo de la muerte, la lista de partidas de defunción deportivas llevaba nombres tan memorables como Lampard y Gerrard, dos iconos fracasados de una selección que hace tiempo que no prevalece. Y eso en la misma tarde en que el Mundial acabaría enterrando a otros mitos del balón, que añoraremos siempre que despegue otro torneo internacional, caso de Pirlo o Buffon. Infinito minuto de silencio por todos ellos. Albert Fernández     

 

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Italia 0 – Uruguay 1

(Godín 81’)

Tensión. Desde tempranas horas de la mañana, eso era lo que se vivía en el país. Tensión pura y dura. No cambió la cosa con el arranque del encuentro, ni siquiera con los amables saludos que intercambiaron los jugadores en el túnel a segundos de salir. Italia es otra cosa. Lo ha sido siempre. Se parece mucho a los uruguayos y eso se sabe. Tienen la misma entrega y eso preocupa.

Arranca el partido e Italia tiene la pelota. La tiene tanto, que la primera estadística indica un 64 por ciento contra un 36. La tiene, sí, pero no avanza claro. Se mueve lateralmente, con poca gana de inquietar. Usted dirá: mezquinos, pero es el juego que les conviene. Que traten los otros. Y los otros tratan. Tan así que, sobre el minuto 36, hay una combinación entre Suárez y Lodeiro, cruza el pase el primero, tapa Buffon, le prende en el rebote el segundo, vuelve a tapar Buffon. Italia, apenas un tiro libre fuerte y lejano de Pirlo que no supone especial riesgo para Muslera. Será el único remate franco de Italia en todo el partido.

Arranca el segundo tiempo y más tensión. El arbitraje del mexicano Rodríguez -correcto hasta el momento- dispara todas las dudas cuando no cobra un penal claro contra Cavani. Pero, minutos más tarde, echa sin contemplaciones a Marchisio. Roja directa por tremendo patadón contra Arévalo Ríos. Más tensión, ahora son once contra diez.

Y Uruguay trata, con poca imaginación, pero trata. Va por las bandas y manda el centro, una y otra vez. Siempre fáciles para controlar, ya sea para la corpulenta saga italiana o para el gran Luigi. Que se vuelve más grande poco después, cuando salva tremendo remate de Suárez, en la más clara del goleador.

Suárez no anda claro y encima se entrevera. Empujón, carga y mordisco sobre el actor Chiellini –que, si había demostrado grandes capacidades histriónicas en las faltas que no existieron, imagínense en esta-, Rodríguez una vez más no cobra nada, siga y siga (y uno se pregunta: Luisito, por Dió, qué te pasa por la cabeza cuando hacés esas cosas???”).

Italia, con uno menos, inquieta cada tanto. La entrada de Cassano le da más juego. Pero los dos mejores de Uruguay en este partido -Godín y Giménez- llegan a todas, están en todas. Pero el gol no llega.

Más, más tensión. Entra Gastón Ramírez. Uruguay parece que no puede, busca y busca, pero con pocas variables o alternativas. Entonces, sobre el minuto 80, llega un córner que ejecuta el recién ingresado. Es una rosca perfecta, que se congela en el aire. Y Diego Godín, el capitán, el símbolo de la renovación dentro del mismo equipo, como lo hiciera tantas veces en España, en la final de la Liga, en la final de la Champions, con cabeza, hombro y espalda, la manda a guardar.

Más, más, mucha más tensión. La teoría de Einstein se prueba una vez más. El tiempo no pasa para los uruguayos y vuela para los italianos. No se nota el hombre de menos en unos y sí el agotamiento brutal en los otros. Pero, una y otra vez, allí salen al cruce Giménez, Godín y un incansable Martín Cáceres.

Termina y no puedo dejar de recordar esto: "Está claro: todos le ganamos a Costa Rica y luego al menos hay que empatar. Con un buen saldo de goles alcanza", decían analistas deportivos uruguayos antes del inicio del Mundial. Cada día me convenzo más que es imposible pronosticar nada en el fútbol. Este Uruguay me ha enseñado eso.

Los dejo. Por mi ventana se escucha: "Sooooy celeeeesteee, soooooy celeeeeeesteee, celesteeeeee sooooooy yoooo". Hora de festejar. Rodolfo Santullo

 

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Japón 1 – Colombia 4

(Cuadrado p. 17’, Okazaki 46’, Jackson 55’ y 82’, James 90’)

A Japón le falta lo que a Colombia le sobra: instinto y pegada. En el encuentro de la tercera jornada del grupo C, el combinado cafetero se impuso por 1-4. Los asiáticos dominaron el balón y exhibieron voluntad y un gran catálogo de recursos, probándolo con conducciones, combinación, centros…, pero la pegada y la solidez colombianas no admiten debate. Incluso con algunos suplentes en el once titular y ya clasificados, los de Pekerman se deshicieron de Japón con cuatro mazazos.

Salieron los sudamericanos con Cuadrado gustándose de todocampista, partiendo de la izquierda para ocupar el centro o la derecha y despistando a la defensa nipona. Al cuarto de hora de juego, cuando Okubo y Kagawa habían pisado área colombiana sin conseguir armar el tiro siquiera, Konno cometió penalti y Guillermo Cuadrado “el Deseado” anotó el 0-1. Con un gol en contra, el equipo asiático perseguía el tanto del empate mediante el juego de combinación y lo lograría en el tiempo de descuento gracias a un testarazo de Okazaki.

En la segunda parte, Colombia exhibió músculo y Japón, sus debilidades. Con Cuadrado en el banquillo y el talentoso James Rodríguez aportando oxígeno y criterio, Japón sufrió con cada pérdida del balón y los cafeteros transformaron las recuperaciones en contraataques verticalísimos. Tres acabaron en gol: dos de Jackson Martínez, que reclama a cañonazos la titularidad que detenta Teófilo Gutiérrez, y uno del propio James. Con el partido decidido, el técnico cafetero decidió dar entrada al portero Mondragón, que a sus 43 años se convierte en el jugador más veterano en disputar un encuentro del Mundial.

Colombia se clasifica como primera de grupo y enfrentará a Uruguay en octavos. El ciclo de tres partidos que ha cerrado con la victoria sobre Japón le sirve a los de Pekerman para presentar su candidatura al título. David Aliaga

 

mundial13e

 

Grecia 2 – Costa de Marfil 1

(Samaris 42’, Wilfried 74’, Samaras p. 91’)

Martes aciago: hoy se marchan Italia, Inglaterra y una meritoria Costa de Marfil, con mucho fútbol todavía en las botas. Vamos quedando sólo algunos aguerridos, los cronistas de Blisstopic y cuatro más. Todos nos aferramos al presente con uñas y dientes, y algunos sin complejos.

Hecho está: vomitado el chiste fácil, me queda la boca libre para relatar como se merece este Grecia-Costa de Marfil que se ha saldado con (otra) victoria en el tiempo de descuento después de noventa minutos que han sido todo un monumento al fútbol.  

Grecia llega al encuentro definitivo en crisis, pero qué se puede esperar de Grecia, si no: su estrella, Mitroglou, se queda en el banquillo, y el resto no anda muy sobrado. En media hora de partido ya ha perdido a dos jugadores por problemas físicos: primero, Panagiotis Kone, y poco después el portero titular, Karnezis. Así de tocada llega Grecia al momento crucial, la pura sinécdoque de lo que es también más allá del fútbol. Frente a ella, Costa de Marfil amanece herida, y eso la vuelve altamente peligrosa: con la mejor selección del continente, ha visto cómo siempre caía en los momentos clave, a punto de alcanzar la gloria. Hoy están peleando como lo que son: grandes figuras de musculatura explosiva, aunque su punto débil sigue siendo la falta de un buen central, lo que se nota en el juego.

El partido se espesa en la primera media hora, necesita entrar en ebullición. Y eso ocurre: Samaras y Holebas caen sobre el área como demonios y este último estampa la bola contra el poste. Responden los africanos, crean ocasiones, pero no acaban de culminar con un buen tiro. Entonces aparece, al filo del medio tiempo, el gol salvífico: en un descuido de la defensa, Samaris roba un balón, hace la pared con Samaras, y acaba metiendo el gol que pone a Grecia en octavos, por primera vez en su historia. Rezan porque no se transfigure en gol la prima de riesgo, cuando llega la noticia de que Japón ha empatado en el añadido del primer tiempo. Silencio.

El tiempo volverá a anudarse en los siguientes 45 minutos, donde se puede bifurcar la existencia por los caminos más insospechados. Los delanteros de Costa de Marfil regresan dando muestras de mucha confianza: lanzan Boka, Yaya Touré, Kalou. El portero Glykos está sacando todo su fútbol para frenar los ataques de los elefantes. Lo hace bien. Ya se sabe que Colombia ha metido el segundo, y a los africanos no les queda otra que empatar, como sea. Pero no es fácil, unos y otros pegan al contragolpe con jugadas eléctricas, muy bien trazadas. Salpingidis lanza un mortero que es detenido por Boubacar (como suena, a página web); Karagounis estrella otro contra el poste. Se abre el último cuarto de hora: ¿hará un viraje la historia?

Lo hará: Bony mete el gol que pone a Costa de Marfil en octavos y elimina a Grecia. La mente empieza a lamentarse por estos europeos, por todos, con su idiosincrasia, sus ligas, y este martes negro. Metidos en el juego, sin embargo, los griegos no dejan cancha a la especulación. Touridis manda otro balón al palo, el tercero. Salpingidis pone a pasear un centro a un metro de puerta, que no encuentra quien lo remate. Y sí, el tiempo se copia otra vez a sí mismo, y otra vez en el minuto 91 hay penalti. Lanza Samaras un trallazo que, pese a la estirada de Boubacar, acaba en gol. El jardín de los senderos que se bifurcan ha sido propicio esta vez a Grecia. Y no sé por qué intrincada conexión se me ocurre pensar que esta vez, con Grecia, podemos. ¿Se han fijado que ahí afuera está todo que arde? Santiago García Tirado

 

Redacción

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