Menu

mundial11a

Mundial: Día 11

De planes tediosos y entusiasmos desbocados

 

Textos de Albert FernándezRodolfo Santullo y Santiago García Tirado.

Fotos Fifa.com

 

A Capello le faltó enfundarse unos pantalones de lino blanco para que su vestuario de camisa azul marino y corbata roja conformara una perfecta bandera rusa. Pura apariencia, claro. Porque el friulano es un entrenador ajeno a colores y nacionalidades, que rige su carrera en torno a un dios personal, la victoria, y una víctima para él cada vez más indispensable: el entretenimiento. Y, aunque en efecto logró sumir a la espumosa Bélgica en el bostezo, el carácter no italiano de su actual equipo quedó de manifiesto con lo tardío del gol que acabó concediendo. Todo lo opuesto se vio y se vivió en el Corea-Argelia, un festival de tantos entre dos maneras de entender el fútbol muy ligadas a sus respectivas culturas. Y, de forma paralela, Estados Unidos insistió con disciplinado entusiasmo hasta poner contra las cuerdas a Portugal, que se salvó (de momento) gracias a un cabezazo de Varela en el minuto 95.      

 

mundial11b

 

Bélgica 1 – Rusia 0

(Origi 88’)

Un bar de Bilbao. Tarde de domingo. Rusos en Maracaná. Belgas con la pica puesta de antemano. Capello sudando como Camacho. El Mundial en la tele, hilo musical de radio-fórmula y el estruendo de señores vascos jugando al dominó con sus coñacs y sus zuritos. De los altavoces roñosos no dejan de sonar baladas, aquella tan crooner de Robbie Williams, luego una de Joss Stone, incluso Bon Jovi. Suenan baladas y, ugh, irremediablemente el cerebro se me ablanda. Solían traerme a este bar cuando no alcanzaba a tocar la parte más alta de los taburetes y, con toda probabilidad, también mucho antes. Antes de que me gustara el fútbol, sólo me fijaba en los héroes y, mientras corretean los Hazard, Witsel y De Bruyne, me viene a la cabeza el nombre de Pfaff, aquel portero legendario que recuerdo sin acabar de recordar, y que cierto día, en cierto relevante campeonato, le paró un mano a mano a cierto artillero alemán (?), clavándose a medias en mi memoria. Eso podría explicar mi filia-2014 para la selección de Wilmots: tal vez sea por esta generación, los Fellaini, Mertens, Mirallas, pero también, casi seguro, Pfaff, antes de que me gustara el fútbol. Podría no gustarme el fútbol mientras la pelota atraviesa el medio campo sin ansia otra vez, porque, más que esa pauta ordenada de ataques sin filo y contrataques Capello-zaristas, me interesa mirar a los señores vascos, sus risas y trifulcas entre fichas. Uno grita sobre el tapete "¡al otro lado! ¡al otro lado!" y, en efecto, Lukaku la vuelca a la derecha para que Mertens llegue de nuevo con su entusiasmo aislado. Vuelvo a Pfaff, y me vendo la idea de Courtois convertido en su reencarnación para el siglo XXI, pero el guardameta responde a los dos chuts peligrosos de los rusos con despejes nada fiables, y el árbitro prescinde de señalar una pena máxima en su área que tal vez le concedería un momento de gloria, una forma de salvar a su equipo, esa selección tan presumiblemente lúcida que solo ha mostrado espesor. Llega la segunda parte y Rusia solo chuta fuera, Lukaku desaparece entre quejidos cobardes en el banquillo, y por las botas belgas no pasa nada. La cosa se acaba, la radio sigue machacándome, los señores con txapela apuran la partida y los vasos. Me quedo con esa nebulosa de gloria, con el bostezo y el desasosiego. Los equipos revelación no son más que un gran banner de neón. Nadie arriesga, pase atrás. Los héroes han muerto. La emoción ha muerto. Solo que el fútbol es un tópico, del primer minuto al último, y no responde a absolutismos. Eden Hazard despierta al final, tomando ejemplo de la ley del mínimo esfuerzo de Messi, para brindar diez últimos minutos gloriosos. Y le alcanza para fintar, driblar, ponerle un gol en las botas a Origi, e incluso regalarle otro medio hecho a Mirallas, que desaprovecha para sentenciar. Capello sudará en Rusia. El partido se resuelve en un tuit. Los tiempos, ya se sabe, están cambiando.¡Paf!, no Pfaff. Albert Fernández

 

mundial11c

 

Corea del Sur 2 – Argelia 4

(Slimani 26’, Halliche 28’, Djabou 38’, Son 50’, Brahimi 62’, Koo 72’)

Cuando se arma el fixture del mundial, uno mira y encuentra partidos que a primera impresión van a ser flojos. Corea contra Argelia cumplía este prejuicio. Si además consideramos sus presentaciones (el primero empatando con Rusia, el segundo perdiendo con Bélgica) no teníamos nada que prometiera cambio. Pero es asombrosa la capacidad de este Mundial de brindar partidazos sin importar los nombres de quienes se enfrentan. Y, así, Corea-Argelia se contó entre los más entretenidos hasta el momento.

Y fue un partido raro en el arranque. Las formas de jugar de ambos equipos, de pararse en la cancha, son tan distintas, juegan tan a otra cosa entre sí, que era como tratar de mezclar agua con aceite. Y no ayudó que, en el minuto 4, el juez colombiano Roldán cumpliera con la cuota del error arbitral (¿lo habrán pautado antes?) y se comiera un penal claro a favor de Argelia.

Pero lo destrabó el equipo africano con un golazo de Islam Slimani (quien, junto a Feghouli, es de lo mejor de su equipo) a los 26'. No pasaron ni dos minutos que, en una quedada del arquero Jung en un córner, Halliche cabeceaba contundentemente y lo ponía 2 a 0. Corea, de manera algo confusa, salió a buscar el partido y lo que encontró fue un contragolpe y el tercer gol argelino, en los pies de Djabou.

Partido liquidado, piensa el espectador veterano, ese que ha visto mil partidos. Pues algo que decir al respecto tiene Son, el buen número 9 coreano, porque ni bien arranca el segundo tiempo descuenta para su país. Ahí se vienen los coreanos y los argelinos se quedaron, yo siempre dije que los africanos son en el fondo livianitos, remacha el espectador veterano como para sí. Pues la vuelve a errar porque, cuando mejor jugaba Corea, una gran combinación de la ofensiva argelina y es Brahimi quien a los 62' aumenta la distancia. Ahora sí, liquidado, 4 a 1 y faltando media hora, se acabó, refunfuña nuestro veterano. Pero una carga de Corea en el área le deja la pelota a Lee y este habilita perfectamente a Koo, quien con su pantorrilla pone todo 4 a 2. Y ahí se venía de nuevo Corea.

Los últimos minutos de ida y vuelta fueron emocionantes. La contundencia de los africanos lo cerró en esas cifras finales, pero no cabe duda de que los coreanos vendieron cara la piel. Y hasta el espectador veterano quedó contento con el partido. Rodolfo Santullo

 

mundial11d

 

Portugal 2 – Estados Unidos 2

(Nani 5’, Jones 64’, Dempsey 81’, Varela 95’)

Declaro mi amor desde ahora a todo lo que quepa designar con la letra G, en el amor y en el fútbol. Hoy, de nuevo, un partido cargado de ingredientes para mantener en alto y durante noventa minutos el nivel adecuado de placer. ¿Raro, también? Sí, a partes iguales raro y excitante. Cualquier cosa podía ocurrir de cara a la clasificación hasta el último minuto. Y en ese instante ocurrió.

Portugal anda floja, mental y físicamente. Se encontró con el gol al principio del partido, y por méritos del portero Howard, que la pifió. Y ya poco más se le vio hacer el resto del partido. Otro aire mostró Estados Unidos, que derrochó energía y dominó el juego la mayor parte del tiempo. No se le oculta a nadie que, para pelear como lo han hecho hoy los americanos, hay que tener muy alto el nivel de autoestima, y en efecto Estados Unidos lo tiene. Portugal, no.

En la primera parte, los americanos acuchillan varias veces el larguero y los postes, ahora Dempsey (min. 13), luego Bradley (min. 24) y Johnson (min. 33), y Jones desde fuera del área (min. 35). Lo que no pasa lijando el cuadro es detenido con mucho esfuerzo por Beto, el mejor de Portugal en toda la primera parte. Los delanteros lusos lo intentan, pero poco: el ensayo más destacable lo protagoniza Nani, un trallazo al poste que permite a Éder un remate que al final le sale flojito y Howard consigue desviarlo con la izquierda. La humedad vuelve el aire irrespirable, y los jugadores de ambos conjuntos se arrastran por sus carriles hasta que suena el silbato.

Las sorpresas se guardan para el segundo tiempo, en lo que parece ser la consigna de este Mundial. Estados Unidos sigue mostrándose mucho más ambiciosa que Portugal y no deja de buscarle remedio a ese marcador adverso. Johnson exige a Beto. Minutos después, Bradley da el gran susto, cuando el balón es sacado de debajo del arco por el zaguero Ricardo Costa. Con esos dos avisos, nadie puede acusarlos de traidores cuando por fin Jones hace el primero de los goles americanos, un tiro cruzado que deja tieso al portero luso. No se conformarán: siguen empujando el juego y, aunque Portugal lo intente de forma esporádica (qué gran ataque el de Meirelles tras un jugadón de Nani), quien acaba marcando por segunda vez es Estados Unidos. Un ataque coordinado de la delantera acaba con el balón en el ombligo de Dempsey. Literalmente.

Todo se ha derrumbado en Portugal. El agotamiento mental es mayor que el físico (los entiendo, esto de poner los partidos a las 2 de la mañana va a acabar con todos) y parece que seguirán los pasos de España. Entonces sale de algún lado Cristiano Ronaldo (pero, ¿estaba ahí CR7?) y da una asistencia de manual a Varela que, de cabeza, manda el balón al fondo. Es el último minuto de los añadidos y Portugal, al parecer, se conforma con cerrar el paréntesis que había abierto al comienzo del partido. No celebran nada los jugadores lusos. Y yo doy gracias a CR7 de que hoy se contenga y nos evite el bochorno de sus saltos y sus efusiones de fiesta tecno.

Siguen activos los escritores: Javier Calvo había declarado antes del partido su ilusión por ver realizada la “remota posibilidad” de una victoria de los Estados Unidos, aunque se mostraba desconfiado frente a Portugal. En el medio tiempo seguía confesándose gafe, y amenazaba con darse a la bebida y ofrecerse al mejor postor como gafe profesional en los próximos cruces. Si me hubiera atrevido a intervenir en ese instante, habría quedado como un chamán de lujo: yo vi antes que nadie que Estados Unidos traía dos goles en las botas. Ahora me toca callar, por pusilánime. Aunque, si alguien quiere entrar en apuestas, no debería escatimar mensajes privados.

En Twitter, John Carlin hace una lista de sus héroes americanos, y la cito textualmente: Washington, Jefferson, Lincoln, FDR, Kennedy, MLK, Clint Eastwood, Clint Dempsey”.  Hoy el más agotado de todos ellos es, desde luego, Dempsey, y le queda mucho Mundial por delante. Santiago García Tirado

 

Redacción

El equipo de redacción de Blisstopic. Somos gente mala y peligrosa, pero queremos un mundo mejor, una blisstopía.

 

blisstopic@blisstopic.com

 

Más en esta categoría: « Mundial: Día 10 Mundial: Día 12 »