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Mundial: Día 9

El fútbol es… ¡“pura vida”!

 

Textos de David Aliaga, Brais Suárez y Rodolfo Santullo.

Fotos Fifa.com

 

Nadie los esperaba y ellos, aun así tan felices, han plantado la pica “tica” en Brasil y la mantendrán como mínimo hasta octavos tras dar buena cuenta de la bicampeona Uruguay y de la tetracampeona Italia. Es posible que Prandelli confundiera el prospecto de su tarro de gomina con la táctica del partido, pero el lema costarricense, ese “¡Pura vida!” que preside su filosofía vital, se tornó fútbol en los pies del combinado de Jorge Luis Pinto, inteligente en su planteamiento y aseado en su despliegue, tan capaz de contener y aguardar como de trazar triangulaciones y encontrarle las cosquillas a la actual subcampeona europea. Algo más allá, Francia ha vuelto. Dieciséis años después de levantar el trofeo, tras dos eliminaciones en la fase de grupos y una final perdida de ignominioso recuerdo, el grupo liderado por Benzema arrolló a una contemplativa Suiza, que maquilló el resultado en los minutos finales y devolvió a España el farolillo rojo de la peor goleada encajada durante el campeonato. Por último, un doblete de Enner Valencia le sirvió a Ecuador para remontar ante Honduras en un partido menos intenso de lo que cabía esperar, pero que acabó siendo bonito. Lo dicho: a la que la pelota echa a rodar, todo se vuelve… “¡pura vida!”.         

 

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Costa Rica 1 – Italia 0

(Ruiz 44’)

Se equivocó Prandelli, lo peleó Costa Rica y la victoria cayó del lado de los centroamericanos. El combinado de Jorge Luis Pinto añadió una nueva muesca a su porra de abatir gigantes al derrotar 0-1 a Italia, unos días después de haberse impuesto por 1-3 a Uruguay. Concluida la segunda jornada, la selección destinada a ser un juguete en manos de uruguayos, italianos e ingleses suma seis de seis y se ha clasificado ya matemáticamente.

Los costarricenses exhibieron garra al mismo tiempo que cautela. Mientras cedían el peso del juego a una Italia atascada, esperaban para lanzarse al contragolpe explotando la velocidad de su capitán, Bryan Ruíz, la habilidad de Joel Campbell y la combatividad de Bolaños. Aunque Pirlo trataba de distribuir a los suyos, nadie se le ofrecía al espacio salvo Marchisio y, esporádicamente, Balotelli. Los europeos tocaban el balón en su propio campo la mayor parte del tiempo. De los centrales a Pirlo, del centrocampista al compañero más cercano y de vuelta a la defensa. Las ocasiones de Italia en la primera parte llegaron precisamente de la clarividencia del jugador de la Juventus que, harto del estatismo de sus compañeros, buscó a Balotelli en largo. Casi da fruto la prodigiosa precisión de Pirlo cuando a la media hora de juego colocó un excelente pase de casi cincuenta metros al delantero del City, que controló magistralmente pero erró en la definición.

No aprovechó Italia la ocasión más clara de la primera parte y lo pagó. Costa Rica había avisado con disparos lejanos y aprovechando las malas salidas de Buffon en varios córners, y, en el minuto 44, Ruiz cabeceaba un balón que, tal como confirmó el ojo de halcón, traspasó la línea de gol.

Prandelli admitió el error de colocar a Motta de partida y lo sentó al descanso para dar entrada a Antonio Cassano. La parroquia del bar Gatto Rosso, en Barcelona, lo recibió con resignación. Preguntaban por Immobile, capocannoniere de la serie A. El propósito de enmienda del seleccionador italiano daba lugar a una de las actuaciones individuales más lamentables de lo que llevamos de campeonato. Cassano perdió todos los balones que recibió, a excepción de los que tiró por la línea de fondo sin inquietar a Keylor Navas. Con Costa Rica dejando pasar los minutos sin excesivos agobios, Prandelli quiso sacar más artillería y dio entrada a Cerci e Insigne (“¡Dónde está Immobile!”, insistía el tipo del fondo de la barra), pero retirando a Candreva y Marchisio, que con Pirlo estaban siendo los únicos jugadores italianos que parecían tener alguna idea de cómo llevar el balón hasta las inmediaciones de la meta costarricense (“¡Quita a Mario! ¡Quita a Mario!”). Los centroamericanos, por su parte, se defendían organizados en un 5-4-1, peleaban todos los balones e incluso se permitían el lujo de dar algún susto a Buffon, y a punto estuvieron de anotar el segundo en el tiempo de descuento. Al final, 0-1 para una selección que bien merece el apodo de matagigantes. David Aliaga

 

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Suiza 2 – Francia 5

(Giroud 17’, Matuidi 18’, Valbuena 40’, Benzema 67’, Sissoko 73’, Dzemaili 81’, Xhaka 87’)

Una de las cosas más divertidas del Mundial es ver cómo muchas selecciones ponen en práctica, independientemente de qué jugadores alineen, un juego que evoluciona con los años pero mantiene sus rasgos más característicos y definitorios. Francia es un ejemplo; especialmente en este encuentro, cuando la juventud le devolvió ese divino tesoro de la física que permite a su talento y elegancia naturales acelerar por las bandas a base de pases entre líneas y culminar con rabia y violencia en ataque. Pero más divertido (curioso, al menos) es ver cómo otras muchas selecciones, a falta de un fútbol personalizado, juegan como una extensión de la personalidad de sus habitantes. Vamos, que si leer sobre fútbol suele ser de por sí una recopilación de clichés, leer sobre un Mundial puede derivar en una parodia. El caso es que la Suiza de ayer fue tan diplomática como lo podría haber sido en una guerra o una negociación internacional.

Sin embargo, el partido empezó con suspense. Quizá debido a su vecindad, o más probablemente a sus respectivos precedentes, tanto Francia como Suiza salieron tanteándose, con respeto, incómodos de responsabilidad con el balón en los pies y subrepticios como espías en defensa, una actitud que duró hasta que precisamente Francia resolvió por la vía fácil, a lo Suiza, con dos goles en un minuto. Como quien no quiere la cosa. Primero, en un córner, donde perdonó Varanne pero no Giroud, visto que los defensas no estaban dispuestos a saltar. Luego, Suiza sacó de centro, se la pasó al hueco a Benzema y este hizo lo propio para Matuidi, que marcó por el lado del portero. Así, en equipo, los helvéticos acuñaban un nuevo verbo: suizadarse. También como quien no quiere la cosa. A partir de ahí, puestos a ser diplomáticos, los dos jugaron como si no hubiera pasado nada, aunque Francia estaba más cómoda y Suiza se hacía la remolona, con pellizquitos más intensos en ataque, que los galos paraban sin contemplaciones en defensa; eso sí, de muy buen rollo. Y, en este tonteo, típico de adolescentes o de países que no acaban de sincerar sus intenciones, Suiza asustó con un tiro lejano que paró Lloris. Como arrepentidos, los suicidas, concedieron a continuación un penalti barato a Benzema, que este falló por no hacerles el feo. Marró también Cabaye el rechace, pero Suiza no se acababa de atrever a asaltar; reconoció los méritos de Valbuena y entendió que se merecía el gol. Pues así fue.

0–3 al descanso y gracias. La cuestión es que, aun siendo Benzema el líder indiscutible de su equipo, todavía faltaba su parte, que podría dar para las tres crónicas de un día entero. Lo importantes es que las contemplaciones se quedaron en los vestuarios y que los dos equipos salieron sin bandera blanca. Pero Francia, como Obi-Wan contra Anakin, tenía la altura ganada y Suiza no entendió que las contras eran justo lo que los galos buscaban desde el principio. Asustaron los helvéticos, fallaron y Francia no perdonó. Pogba, que acababa de entrar, confirmó que es buenísimo y le puso un pase con el exterior a Benzema, que marcó sin problema en el área. Ya no había tan buen rollo y a los cinco minutos repitió Sissoko. Luego, Dzemaili recortó de falta, para que España no dejara de ser de las más humilladas, y Xhaka marcó un golazo. 2–5 y Benaglio aún tuvo que lucirse un par de veces para evitar que el bombardeo acabara en masacre. Francia no tiene nada que perder y sí todo por ganar. Brais Suárez

 

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Honduras 1 – Ecuador 1

(Costly 31’, Valencia 34’ y 65’)

Los primeros veinte minutos parecían de un amistoso. Era sorprendente. Ni Ecuador ni Honduras parecían recordar que nos encontrábamos frente a una de esas situaciones de "gane o vuelva a su casa". Es verdad, con el resultado a la vista, que ninguno de los dos volvió a su casa todavía, pero bien cierto es que el que ganara llegaba con mejores chances para la recta final. Pareció recordarlo Honduras, cuando en el minuto 31 Carlo Costly encontró entre el área rival y el medio campo una pelota dividida, se mandó y sin complicarse mucho le prendió fuerte y abajo. 1 a 0 para Honduras y había cierta sorpresa (mínima, comparada con las otras sorpresas que ha deparado este Mundial) ante el Ecuador en desventaja. Duró poco. El goleador Enner Valencia volvió a ponerse la malla oro de su equipo y empató el partido apenas tres minutos más tarde. Y, así como se había animado de repente el encuentro, volvió a quedarse con pocas iniciativas y apenas alguna jugada digna de mención.

Para el segundo tiempo se ve que las charlas en los vestuarios surtieron efecto, ya que ambos salieron a ganarlo. Y, lentamente, la cancha se inclinó para el lado ecuatoriano. De repente, ya no era tan lentamente: minuto 65 y allí estaba ganando Valencia de cabeza en una quedada total de la defensa hondureña. 2 a 1 y segundo en su cuenta personal.

Quedó tiempo para alguna que otra jugada peligrosa más, inclusive para algún gol anulado (de los válidos y de los otros, el 3 a 1 de Ecuador todavía me pregunto por qué se anuló). Pero Honduras no tuvo resto ni siquiera para empatarlo y ahora enfrenta, sí ahora sí, la jornada "gane o vuelva a su casa" (con la salvedad de que ahora es "gane, que se le den todos los resultados posibles o se vuelve a su casa"). Con todo y la victoria, Ecuador baila con la más fea: tiene que enfrentar a la tremenda goleadora Francia. Honduras no parece ser rival para Suiza tampoco, pero los helvéticos vienen de comerse cinco, así que quién sabe.

Qué lindo que está siendo este Mundial. Rodolfo Santullo

 

Redacción

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