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Mundial: Día 5

Del rodillo alemán al peñazo nigeriano-iraní y EEUU tira porque le toca

 

Textos de Antonio Lozano, David Aliaga y Santiago García Tirado.

Fotos Fifa.com

 

Un penal rigurosillo, una expulsión injusta y dos lesiones representan de por sí una buena dosis de desgracia, pero el gran hándicap al que tuvo que hacer frente Portugal fue tener como rival a la Maanschaft. Mientras Thomas “piernas largas” Mueller pescaba en ese río revuelto hasta coleccionar un “hat-trick”, Alemania presentó credenciales con una lección de triangulación, juego de espaldas (salvo en el caso de un perdido Lahm) y desmarques al espacio. Por el contrario, frente a las penurias de los suyos, CR7 se comportó como un capitán insolidario, obsesionado con su propio lucimiento antes que con lamer las heridas del colectivo, una queja viviente contra el árbitro (con razón) y sus compañeros (sin)… es decir, lo que de él cabía esperar pero sin goles. Algo más allá del encuentro estrella de la jornada, el país de los ayatolás y las Águilas Verdes empataron en sus ansias por no perder, y Estados Unidos descubrió que algunos partidos se pueden ganar jugando tan solo un minuto al principio y cinco al final.

 

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Alemania 4 – Portugal 0

(Mueller p. 12’, 45’ y 78’, Hummels 32’)

Ganarle a Alemania es siempre un drama épico, pero si no eres de los tres favoritos al Mundial la misión se asemeja a estar en la piel de un ajedrecista amateur y conseguir fundir los circuitos de la computadora Deep Blue. Con medio Portugal poniendo velas por la recuperación de la rodilla de Cristiano Ronaldo, la petición del pueblo luso tendría que haber sido que en el último momento hubieran expulsado a los tricampeones para sustituirlos, no sé, por Eslovenia.  Los teutones tienen una marcha más o un pulmón más o una aleación especial en las piernas. En una novela negra serían un asesino a sueldo con una hoja de servicios impecable. 

Bien posicionado, Portugal arrancó con criterio en el toque de balón, al que daba buena salida, presionando en el centro y encomendándose a los zapatazos de Ronaldo y Nani. Limitado pero con síntomas de creer en la hazaña. Ja. El pastor alemán dijo basta y comenzó a mostrar los dientes. Un penalti dudoso a Götze con apenas 12 minutos fue la tempranera campanada fúnebre para los ibéricos. Gol de Mueller, quien, por cierto, lucía unos calcetines cortos de tenista que daban mucha grima. A partir de entonces, los pupilos de Löw, cuya camisa negra se diría que fue muestra de un luto anticipado ante lo que le aguardaba al rival, se apropiaron del juego. Rápidos, precisos, abusones. Götze casi hace el segundo pero fue Hummels el afortunado tras la salida de un córner. Portugal ya empezaba a pensar en el segundo encuentro y a CR7 se le derretía la gomina entre bronca y bronca al compañero, pero aún faltaba lo peor. Peor empieza con las mismas letras que Pepe. El madridista soltó uno de esos codazos marca de la casa y, no contento con ello, fue hasta el calcetines de tenis a recriminarle caerse por algo tan tonto y, al colocar su frente contra la del rival, quién sabe si recordando algún episodio de “Los Soprano”, el árbitro interpretó agresión y le sacó la roja. Tras lo peor, llegó lo peor de lo peor: hambriento Mueller marcaba el tercero de chute dentro del área ante cierta desidia del defensa. Será que las medias mini sí que traen suerte.  

Portugal en la lona con 45 minutos por delante. 

De modo que la segunda parte podría haber sido un sopor, y así resultó a largos tramos, pero también tuvo intensidad intermitente con la duda de si los alemanes machacarían o los portugueses salvarían el honor. Ni lo uno ni lo otro.  Eso sí, metido en un túnel de la bruja, Portugal vio cómo se lesionaba Coentrao, reclamaba infructuosamente un penalti con mediana razón, Mueller se colocaba como pichichi del Mundial al agenciarse el cuarto tanto -y sus calcetines aspiraban seriamente a ser considerado el talismán del mismo- y a CR7 se le resistía el tanto de la dignidad al pararle Neuer la única falta que colocó entre los tres palos. Alemania lleva siendo la bestia negra de Portugal en las últimas dos Eurocopas, mas dio prueba de que en este campeonato puede serlo de cualquier combinado que no aspire a imitar su marcial combinación de músculo y cabeza. 

En definitiva, Merkel se hizo un hartón de aplaudir y el match demostró que las diferentes marchas de Europa también se aplican sobre el césped. Antonio Lozano

 

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Irán 0 – Nigeria 0

Si usted ha visto el partido, sabe que no debe perder el tiempo en leer esta crónica. Si no lo vio, ya está advertido. Empate sin goles entre Nigeria e Irán en el encuentro más aburrido de lo que va de campeonato. Tras noventa minutos de juego soporífero, reparto de puntos: 1 para los africanos, 1 para los asiáticos y cinco de sutura en la frente de quien les escribe después de darme cabezazos durante el cuarto de hora siguiente a la conclusión del encuentro. El enfrentamiento entre los de Carlos Queiroz y los de Stephen Keshi sólo sirvió para constatar que, salvo sorpresa mayúscula, se cumplirán los pronósticos y Argentina y Bosnia se clasificarán sin apuros en el grupo F.

Nigeria comenzó el partido ejerciendo de favorita. Las Águilas Verdes querían apabullar a Irán y, durante los primeros diez minutos, lo lograron gracias sobre todo a las galopadas de Emenike, que culminaban con balones al área que nadie remataba con acierto. Sólo Victor Moses en el minuto 3 logró protagonizar algo parecido a una ocasión de gol. Pero enseguida Nigeria se aburrió de gruñirle y lanzarle dentelladas a su presa y se conformó con rondarla. En el minuto 55 atesoraba casi el setenta por ciento de la posesión, pero era Irán quien inquietaba a su oponente tirando contras que se perdían en un mar de confusión, regates fallidos y pases imprecisos en las proximidades de los dominios de Enyeama.

Los jugadores de ambos equipos corrían arriba y abajo sin que, salvo en contadas ocasiones –Ghoochanneijhad casi anota de cabeza en el 33 a la salida de un córner– transmitiesen la sensación de poder culminar sus carreras batiendo al guardameta rival. Moses y Emenike no encontraban un ariete que rematase sus jugadas, Obi Mikel no acababa de iluminar los espacios a sus compañeros y, por los iraníes, Ghoochanneijhad pausaba el balón y buscaba a sus camaradas sin fortuna, ni siquiera cuando Queiroz se dio cuenta de que Nigeria daba el empate por bueno y metió un segundo delantero para que se asociase con él a la caza de un gol que no llegó. El empate fue justo, pero se esperaba más de Nigeria; al menos, que no hiciese a Irán merecedor del empate. David Aliaga

 

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Ghana 1 – Estados Unidos 2

(Dempsey 1’, Ayew 82’, Brooks 86’)

Marcaba el minuto 80 cuando el comentarista resumía el partido en dos tiempos: hasta el segundo 31, había sido de dominio americano; el resto, todo para las Estrellas Negras. Lo que no imaginaba era la posibilidad de un tercer tiempo, que los 10+5 minutos restantes iban a dar para una crónica impensable. Algo así como esta que les cuento.

En efecto, el primer gol tomó por sorpresa a la zaga ghanesa, y a la prensa gráfica, y a medio estadio das Dunas. Y a mí, que buscaba en la nevera algún estimulante legal para mantenerme de servicio con dignidad. 30 segundos tardó Dempsey en marcar para Estados Unidos, y con ello ponía su gol como el 5º más rápido de la historia de los mundiales. Un gol brillante, mezcla de velocidad y precisión. Comenzaba ahí la segunda parte de la que hablaba el comentarista: desde entonces, en el terreno de juego ya sólo existió Ghana. A los americanos, además, los fue diezmando una plaga de problemas musculares. Altidore, el ojito derecho de Klinsmann, se rompió en el minuto 20. Bedoya, con sobrecarga, fue sustituido en la segunda parte. Y los ghaneses Gyan y Ayew, mientras tanto, disparaban y disparaban sin consideración con los más débiles.

Pero ya hemos dicho que al partido le quedaba un tercer tiempo, y llegó. Corría el min. 82 cuando Ghana inventó una jugada a base de trazos endemoniados, taconazo incluido, que acabó con un fantástico gol de Ayew. Tarde, pero aún dentro de la hora, el marcador dejaba constancia del mérito que Ghana se había estado labrando toda la noche. Tres minutos después, Estados Unidos empataba. Un cabezazo de Brooks a saque de córner, picado y con bote ante Kwarasey, resultó irreprochable. 

El grupo G ofrece simbología en abundancia para moralistas, arúspices y resentidos, con dos selecciones que representan a dos países con capacidad para dictaminar el destino de cuantos les rodean. Que hoy ambas hayan ganado no significa más que eso, que jugaron noventa minutos e hicieron valer al final su saldo de goles. Hablamos de fútbol, no de justicia poética ni del devenir de la Historia. Y el fútbol es así, como afirman los estetas y los profetas. Si digo, sin embargo, que viendo estos encuentros sólo pienso en fútbol, miento. Santiago García Tirado

 

 

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