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Mundial: Día 3

VIENTOS DE CAMBIO

 

Textos de Santiago García Tirado, Rodolfo Santullo y Antonio Lozano

Fotos Fifa.com

 

Tras dieciséis años sin pisar un Mundial, Colombia regresó a lo grande y apabulló –eso sí, con algo de fortuna– a Grecia. A continuación, Costa Rica dio la campanada remontando ante la Uruguay del abuelo Forlán, mientras Luis Suárez lo sufría desde el banquillo, sin un solo rival al que hincarle el diente. Y, si Inglaterra mostró muy interesantes maneras de los pies de su chisposa y juvenil delantera, el gol de la victoria se produjo después de que Gerrard no llegara a cerrar una salida italiana por la banda derecha. Cayó con estrépito la campeona, caen los equipos con pedigrí, sufren los mayores… Brasil 2014, de momento, sólo se ha mostrado respetuoso con la tradición en el trato de los árbitros al equipo de casa. [Puesto que el Costa de Marfil 2 – Japón 1 ha acabado a las 4:45 de la madrugada, les ofreceremos su comentario en la crónica de mañana.]    

 

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Colombia 3 – Grecia 0

(Armero 5’, Teo 58’, James 91’)

Los grupos multiculturales son el atractivo de las fases clasificatorias. No me dirán, por ejemplo, que el C no es un amor: sólo les ha faltado un oceánico y un antártico para constituir el epítome de lo que ofrece el mundo en estos momentos. Una vez en el terreno suelen revelarse como grupos dispuestos a incendiar la fiesta, libres de prejuicios y sin apenas prevenciones. Me recuerdan tanto a una fiesta Erasmus (de cuando había Erasmus)…

Grecia llegó al mundial con su gente aleccionada para el trabajo en equipo. Y dio muestras suficientes de que, en esto de diseñar un orden, son herederos de una tradición milenaria. Dominaron siempre el partido, y a la vez encajaron tres tantos, lo que prueba una vez más que el orden es una ilusión no exenta de limitaciones. Samaras hizo un gran partido, pero no fue suficiente. A Grecia debe pesarle mucho todo lo que en este momento no es fútbol. Ni la suerte estuvo de su parte: la mejor jugada del partido culminó con un cabezazo terrible que acabó desviando el larguero. ¿Ya no echas una mano en estos lances, Zeus?

Colombia no dominó, pero se divirtió. Metió un gol tempranero de patio de recreo, que acabó siendo más que suficiente. Lo celebró el grupo en pleno bailando en la esquina algo, no sé, reggaetón tal vez, en lo que constituyó una buena imagen de cuál iba a ser su visión del juego. Juego. Trivialidad. Y, a veces, testosterona. Una y otra vez se lanzaron sobre el área de Kamezis al galope para acabar disparando con tanta desmesura como falta de tiento, como sólo lo hacen los machos. Por suerte, mientras desperdiciaban fuerzas, Grecia no les hacía ni pupa. Ibarbo, del Cagliari, se movía con soltura y Cuadrado y James ensayaron las mil posibilidades del tiro. Un córner lanzado precisamente por éste, en la segunda parte, fue bueno para que Teo le hiciera el segundo a los griegos. Y, a falta de pocos minutos, el propio James acabó llevándose el premio especial a la constancia: un gol brillante de tiro raso pegado al poste.

Leo al escritor Teju Cole (pedazo de invento, el Twitter) que celebra los goles de Colombia desde su barbería en N.Y. Dice que el barbero, colombiano, ha despachado a un tipo más rápido de lo normal para no perderse el segundo gol. Y añade: “No hay sangre en el suelo de la barbería. De momento”. Es bello ser escritor. Es bello vivir en N.Y. Y que todo el mundo retuitee cualquier chifladura que se te ocurra. Fomenta el juego, la trivialidad, la testosterona. Santiago García Tirado

 

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Uruguay 1 – Costa Rica 3

(Cavani pen.  22', Campbell 54', Duarte 57', Ureña 84')

Para Uruguay, decepción total. Para Costa Rica, sorpresón, el segundo de este mundial. Para el espectador promedio, un partido bastante malo.

Por completo desconocido se mostró el Uruguay de Tabárez ante la Cenicienta Costa Rica, que a su vez presentó una capacidad de reacción ante un partido que se planteó de manera negativa en su primera mitad y supo cambiar el libreto para ganarlo con contundencia. Lo importante, pasó todo en el segundo tiempo. El primero había puesto en ventaja a la Celeste con gol de tiro penal de Cavani –bien sancionado por el árbitro alemán, Felix Brych, en una falta sobre Lugano– en una de las pocas incidencias que tuvo el partido en sus 45 minutos iniciales. Un gol correctamente anulado poco antes y un remate con rebote afortunado de Forlán, que controló Navas mandando al córner, terminaron por cerrar las incidencias.

Pero Costa Rica tuvo al hombre diferente. Joel Campbell avisaba desde un principio y supo en el segundo tiempo enloquecer a los uruguayos. Suyo fue el empate en la primera quedada de muchas de la defensa uruguaya, a los 54, y a partir de allí todo fue cuesta abajo para los Ticos. Nueva quedada de la estática defensa sudamericana y Duarte pone el 2 a 1 de cabeza. Falto por completo de ideas –recordando a otras selecciones celestes de triste pasado–, Uruguay fue y fue, con ganas, pero con ganas no alcanza. Así se lo recordó el ingresado Ureña al liquidar el partido en un gran contragolpe que involucró los elementos más determinantes: pase de Campbell y la estática pareja Lugano-Godin.

Costa Rica sorprende y se propone como revelación de este mundial. Uruguay sorprende también, pero de la forma más negativa. Quedan dos partidos para cada uno y son, sin dudas, los más difíciles. Costa Rica busca mantener y Uruguay sólo puede mejorar. Rodolfo Santullo

 

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Italia 2 – Inglaterra 1

(Marchisio 35’, Sturridge 37’, Balotellli 50’)

Primer enfrentamiento de órdago del Mundial, con el permiso del martillo pilón naranja que el viernes destiñó a la Roja. La igualdad en las estadísticas –nueve victorias italianas con 27 goles por ocho de Inglaterra con 30, y siete empates– auguraba un pulso reñido.  Y vaya si lo fue. Los días previos, el debate estaba en si detrás del sofocante calor amazónico de la sede de Manaos no había una nueva jugada sucia de la Fifa, esta vez por una posible ojeriza a Inglaterra, cuyos jugadores, acostumbrados a las refrescantes latitudes del Norte, habían tenido que hacerse traer al vestuario un ventilador industrial de Londres y temían poder desmayarse a resultas de un termómetro desbocado. Para despejar habladurías, los de Roy Hodgson empezaron muy enchufados, con tres buenos chutes y una grandísima ocasión en los primeros 25 minutos. Con Rooney perdido a tres o cuatro pueblos de la portería azzurra, los ingleses se encomendaban a la velocidad de Sterling y las ganas de Welbeck. Dominaba, no obstante, el balón Italia, encomendada al toque como si no se hubiese pasado tres cuartos de vida defendiendo a cara de perro para ir repartiendo ocasionales cuchilladas en el área rival. Es lo que tiene poseer a un estilista como Pirlo, inconmensurable en el pase al primer toque, ofreciendo la pelota al compañero como quien arroja pétalos de flores a los pies de la novia. Y fue a la salida de un córner que a la perla italiana se le ocurrió una rima diferente para engañar a la defensa rival, dejando pasar el esférico entre las piernas y habilitando así a Marchisio, que de un potente chut inauguró el marcador. Inglaterra, que parecía haber salido con esa actitud y alguna que otra buena idea que llevaba años reclamándole la hinchada, recibía un golpe de calor.

Nada de que alarmarse. Apenas dos minutos después, un sublime centro en carrera de Rooney

–prolongando su papel reciente en la Premier como mejor habilitador que definidor– lo estampaba Sturridge al fondo de la red. La lírica italiana neutralizada por la pegada inglesa. Al filo del descanso, una filigrana de Balotelli y un palo de Candelabra casi hacían justicia a la mayor inspiración de los primeros, pero los segundos pudieron irse a refrescar al ventilador industrial con sólo un par de sustos en el cuerpo. Una primera parte que justifica cuatro años de espera.

Después de la reanudación, Balotelli tardó apenas cinco minutos en romper la igualdad con un testarazo tras gran recorte y centro de Candreva. Lejos de venirse abajo, Inglaterra llenó el depósito y buscó la verticalidad con  insistencia, descollando Sturridge y Sterling, cuyos cachés subieron algún que otro millón de libras tras el match; alguna pincelada de Rooney y el teledirigido pase largo de Gerrard. Pero su rival posee algo de la samba a la que ya renunció Brasil y del tiki taka que España extravió, al tiempo que conserva la atávica capacidad de apretar los dientes en defensa, por lo que supo dominar, primero con elegancia y luego con el oficio irrenunciable en su ADN, las constantes embestidas anglosajonas. Buenas sensaciones, con todo, dejó Inglaterra, joven y hambrienta, aunque justa de soluciones. Su tenacidad pudo merecer más.  Pirlo, por cierto, daba señales de que en nada iban a acabársele buena parte de sus reservas de oxígeno, pero conservó las justas para conseguir un larguero a chute de falta y algún que otro pase de fantasía cuando su equipo pedía la hora.   

El bautizado como Grupo de la Muerte había arrancado con una sorprendente derrota de Uruguay. El próximo jueves tendrá lugar el Inglaterra-Uruguay y, seguramente, se cumplirá la profecía: a alguno de los dos le llegará el Juicio Final. Antonio Lozano

Redacción

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