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Bruce Gilbert

El hombre en la sombra

 

Vidal Romero

 

Con Bruce Gilbert siempre ha sucedido que su figura se ha visto eclipsada por la de Colin Newman, su compañero en los buenos tiempos de Wire. Ha sido este último el que se ha arrogado los créditos y la gloria de los discos que grabaron juntos, a pesar de que eran Gilbert y Graham Lewis los que de verdad insuflaban un espíritu experimental al proyecto: los que inventaban esas guitarras atmosféricas, los que situaban un mar de colchones sintéticos en el plano de fondo, los que convirtieron a Wire en una banda mítica, que iba muy por delante de sus contemporáneos y dejaba pequeña una etiqueta como post-punk.

 

Una manera de hacer que se puede paladear en discos como “Chairs missing” (78) o “A bell is a cup… until it struck” (88), mucho más interesantes y originales que los que gastaban un aliento cercano al pop, pero sobre todo en los múltiples proyectos paralelos que Gilbert y Lewis desarrollaron durante la década de los ochenta, ya fuera por separado, a medias (Dome, Cupol, BC Gilbert & G Lewis) o en compañía de terceras personas como Daniel Miller, con el que coincidieron en Duet Emmo. Un pequeño babel de discos, maxis y casetes que, liberados por completo de ataduras con el pop y el rock, avanzaron muchas de las corrientes en las que se disgregaría la música electrónica en décadas futuras: del ambient al noise, del techno al dub, del synth pop a los drones.

 

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Aquel gusto por manejarse en el límite se mantendría a lo largo de la década de los noventa, durante la que Gilbert mantuvo –casi siempre con el concurso del productor Paul Kendall– una fructífera relación con Mute, ese sello dispuesto a gastarse los royalties de Depeche Mode en cualquier aventura loca. Un periodo en el que nuestro hombre refinaría su interés por los drones y las piezas ambientales estiradas en el tiempo, con discos tan interesantes como “Insiding” (91) o “In esse” (97), algunas bandas sonoras y notables colaboraciones junto a luminarias como Robert Hampson (Main, Loop) o los chicos de Pan Sonic, hasta dar forma a una obra discográfica tan sólida como (tristemente) olvidada. Una época a la que Gilbert pondría fin de manera abrupta a principios de la década pasada, poco después de que se produjera el penúltimo retorno de Wire y él decidiera abandonar la banda una vez más. Los motivos no han llegado a trascender nunca, pero no es difícil imaginar un choque de caracteres con Newman, que en esta nueva etapa parece más interesado en mantener saneada la cuenta corriente de la banda que en recorrer caminos aventureros. Sea como sea, a partir de entonces Gilbert decidió abandonar la música y dedicar todos sus esfuerzos al diseño y las instalaciones artísticas; un retiro que sólo había roto hasta ahora en 2009, con el excelente "Oblivio agitatum", un perfecto ejercicio de contención minimalista en el que incontables texturas de guitarra se iban superponiendo de manera sutil, casi imperceptible, transportando al oyente hacia un nirvana de electricidad estática, en el que el tiempo parecía discurrir a velocidad incierta. Un disco interesante, además, porque presentaba a un Gilbert desconocido: todavía afecto a los drones y a las largas construcciones climáticas, desde luego, pero tocado por una sorprendente serenidad, por una extraña luminosidad, que hasta entonces no había aparecido en su obra.

 

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Cuatro años después, y esta vez acompañado del dúo inglés Beaconsfield ArtWorks, Gilbert ha vuelto a entrar en un estudio de grabación. Y la criatura que han parido entre los tres, “Diluvial” (Touch, 13), sigue estando enraizada de algún modo en esa luminosidad de la que hablábamos un poco más arriba; algo que choca en cierto modo con los temas que sirven de inspiración al disco: el calentamiento global, el cambio climático, el aumento del nivel del mar y sus desastrosas consecuencias geológicas. Un material que los tres implicados utilizaron para dar forma a una instalación y una performance hace ya dos años, y que han ido refinando con posterioridad, hasta conseguir acotarlo al espacio imaginario de una historia (la del mundo antes, durante y después de la próxima glaciación) y al espacio físico de un disco compacto. Un disco que conjuga drones, mantos de efectos y grabaciones de campo –que a veces están muy procesadas y otras se dejan sin tocar: el chapoteo de la lluvia en “The expanse”, las masas de viento que atraviesan “Dry land”, los pájaros que suenan en “Creatures of sea and air”- en siete piezas delicadas y detallistas, que van trazando perezosas oleadas (la poderosa imagen de un mar arrastrándose hasta la orilla es algo recurrente aquí), mientras a lo lejos resuenan ecos de un mundo extraño. Un mundo, como decíamos más arriba, que no resulta amenazador, sino luminoso. Que parece renacer purificado y libre de conflictos a medida que avanza el disco: ahí están la preciosa línea de sintetizador que aparece en “Lights” o el amable rumor de animales que va creciendo en “Beasts of the Earth” para demostrarlo. Sólo el último corte, “Rest/reflection”, que evoluciona entre sonidos industriales, ecos mecánicos y melodías ominosas rompe esa idea de brillantez. Quién sabe, tal vez pretenda reflejar el nacimiento de una nueva civilización industrializada, dispuesta a quebrar la integridad del planeta una vez más. Mientras eso sucede, nos quedará “Diluvial” para que la espera sea (mucho) más llevadera.

 

 

 

Comentarios
Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com