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Psicodelia en 2016

Guitarras afiladas, melodías encantadas 

 

Vidal Romero

Ilustración Elizabeth Patterson

 

Igual que sucedió en temporadas precedentes, la de 2016 deja detrás suya una gran cosecha de discos relacionados con la psicodelia. Parte de este florecimiento tiene que ver con el retorno a la vida de viejas vacas sagradas (nombres como My Bloody Valentine, Loop, Slowdive o Super Furry Animals) y con  el éxito de bandas como Tame Impala, MGMT, The Horrors o Jagwar Ma, que comenzaron enraizadas en alguno de los revivales que se han ido sucediendo durante los últimos años, pero que al situarse en la primera línea de festivales y listas de ventas han obligado a sellos y promotores a aguzar el oído en busca de nuevos talentos.

 

También con el asentamiento de sellos, tiendas y distribuidoras especializadas, que han desarrollado canales específicos, adaptados a las características de un público cuya edad media está en general alejada de la adolescencia (porque, sí, la nostalgia juega un papel importante en todo esto). Y por supuesto, por la consolidación de un circuito de música en directo, en el que juegan un papel fundamental los Psych-Fests, festivales tematizados que celebran la diversidad de subgéneros y sonoridades que caben debajo de tan amplio paraguas, y que en los últimos tiempos parecen haberse multiplicado como setas (sólo en España hay ediciones en Zaragoza, Barcelona y Madrid), a imagen y semejanza de citas como las del Liverpool Psych Fest o el Levitation de Austin.

 

 

La mezcla entre guitarras afiladas y melodías encantadas ha sido siempre una de las señas de identidad de la psicodelia. Una fórmula que Josefin Öhrn + The Liberation han llevado a cotas muy altas con el espléndido “Mirage” (Rocket Recordings, 16), un disco que está a medio camino entre la PJ Harvey más rasposa y la Nico de la época “Desertshore”. También brillante es el retorno de The Early Years tras diez años de ausencia, un “II” (Sonic Cathedral, 16) de sonido musculoso y denso, que revela nuevos matices con cada escucha. Otro título con mucho interés es el tercer trabajo de The Lucid Dream, “Compulsion songs” (Holy Are You Recordings, 16), con el que los de Cumbria consiguen expandir su particular paleta de sonidos, añadiendo pasajes que rozan el dub y texturas que parecen volatilizarse delante mismo del oyente. The Brian Jonestown Massacre, comandados por un Anton Newcombe en pleno estado de forma, entregaron el notable “Third world pyramid” (A Records, 16), y ayudaron a The Vacant Lots en las cuatro hipnóticas canciones que conforman el muy recomendable “Berlin EP” (A Records, 16). Limiñanas, desde el sur de Francia, revisitaron una vez más su particular cruce entre Serge Gainsbourg y The Velvet Underground en “Malamore” (Because Music, 16). Otros que también beben del legado de The Velvet Underground son Psychic Ills, que con “Inner journey out” (Sacred Bones, 16) han firmado uno de sus mejores trabajos. Algo que no se puede decir de Goat, que en “Requiem” (Rocket Recordings, 16) parecen sonar como una versión casposa de Atahualpa Yupanqui. Los muy explosivos y excesivos King Gizzard and The Lizard Wizard, por su parte, siguieron explorando su particular universo caleidoscópico en “Nonagon infinity” (Flightless, 16), un disco que parece estallar en una dirección distinta con cada cambio de acorde. Y entre los recién llegados cabe destacar dos discos de debut: el “The album paranoia” (Though Love Records, 16) de Ulrika Spacek, repleto de canciones rasposas y metronómicas, y el “Tau Tau Tau” (Fuzz Club, 16) de Tau, un spin off de Dead Skeletons de sonido desértico y muy hipnótico. Lástima que el retorno de Silver Apples, el muy irregular “Clinging to a dream” (Chiken Coop Recordings, 16), no estuviese a la altura.

 

 

No todo son ambientes tóxicos en el mundo de la psicodelia. Morgan Delt, por ejemplo, acumula melodías brillantes y estribillos pegajosos en su segundo disco, el estupendo “Phase zero” (Sub Pop, 16), y en un territorio parecido se mueve “Dusk” (Trouble In Mind, 16), un tercer disco con el que los ingleses Ultimate Paintings confirman que son mucho más que un divertimento paralelo. Otros dos discos que sacaron partido a los ambientes pastorales y el folk son el segundo de Doug Tuttle, “It calls on me” (Trouble In Mind, 16) y el quinto de Syd Arthur, “Apricity” (Harvest Records, 16), mientras que otros recién llegados, Lake Ruth, intentaron conjurar el espíritu de los primeros Broadcast con “Actual entity” (The Great Pop Supplement, 16), un disco lleno de melancolía y de ambientes húmedos. Para el capítulo de las decepciones quedan Temples, que con “Certainty” confirmaron que su viraje hacia el pop almirabado y comercial es definitivo.

 

 

Sin embargo, dentro de esta vertiente (digamos) más amable, también se han registrado este año numerosas referencias a la new wave, sobre todo a la que tuvo su base de operaciones en Nueva York. No es algo exclusivo de la psicodelia (de hecho, llevamos ya un par de años metidos en ese revival tan concreto), pero la creciente producción y la calidad de las propuestas registradas en 2016 son razón suficiente para estudiar el fenómeno de una forma autónoma. Y así, un buen ejemplo de lo que estamos comentando sería el disco de debut de los chicaguenses The Hecks, un homónimo “The Hecks” (Trouble In Mind, 16) que se las arregla para introducir todo un festival de disonancias, contrapuntos y cascadas de ruido en el interior de canciones que son pura lisergia. Más contenidos son los también norteamericanos Omni, un trío que incluye entre sus filas a Frankie Broyles (ex Deerhunter), y que en “Deluxe” (Trouble In Mind, 16) combina la fiereza rítmica del post-punk con líneas de guitarra caleidoscópicas y brillantes. Otros recién llegados a este pequeño universo son The Oh Sees, que para “A weird exist” (Castle Face, 16), su décimo segundo disco, se han inventado una base rítmica con dos baterías, que añade a su particular fórmula de garaje rock una complejidad y una consistencia rocosa la mar de refrescantes. La lista se completa con dos bandas cercanas a un synth pop más o menos clásico: el dúo suizo Klaus Johann Grobe, que incluye en “Spagat der liebe” (Trouble In Mind, 16) varios pildorazos de synth-pop aliñados con bases metronómicas y melodías de aire hipnótico, y el misterioso productor inglés que se hace llamar Polypores, que ha grabado un “The fialka transmissions” (Polytechnic Youth, 16) que bebe por igual de Broadcast y de John Carpenter: puro delirio sintético.

 

 

El pequeño universo del kraut rock sigue basculando entre las reediciones de clásicos más o menos oscuros y las bandas jóvenes que intentan seguir la senda de los viejos maestros. Entre las primeras, cabe destacar la nueva serie que Bureau B (uno de los sellos más activos en este aspecto) está dedicando a la memoria de Dieter Moebius. El antiguo componente de Cluster y Harmonia falleció a mediados de 2015, dejando detrás suyo un buen puñado de grabaciones que no se han reivindicado de manera suficiente: ahí están “Blotch” (Bureau B, 16) y “Nurton” (Bureau B, 16), dos trabajos que se publicaron respectivamente en 1999 y 2006, para demostrarlo. Otro que anda ocupado con la recuperación de su fondo de catálogo es Manuel Göttsching, que a través de su propio sello ha reeditado dos de sus mejores álbumes en solitario: el seminal “E2-E4” (Mg.Art, 84/16) y el excelente “Inventions for guitar” (Mg.Art, 75/16). Y también hay varias recopilaciones que se acercan al asunto desde diferentes ópticas: “Cosmic machine. The sequel” (Because, 16), por un lado, se centra en artistas franceses de los setenta y los ochenta para dar forma a una deliciosa colección de viñetas retrofuturistas, entre las que no falta alguna pista que todavía hoy podría funcionar en la pista de baile, mientras que “(The microcosm) Visionary music of continental Europe, 1970-1986” (Light In The Attic, 16) abre el abanico geográfico y estilístico para introducir pinceladas de ambient y new age entre canciones de Ash Ra Tempel, Popol Vuh o Roedelius. Eso sí, los auténticos aficionados al género preferirán invertir en “Cologne curiosities. The unknown krautrock underground, 1972-1976” (Mental Experience, 16), un volumen que, como su título promete, rescata temas fantásticos de bandas olvidadas por la historia, y cuyo único nexo en común es que grabaron para el sello Pyramid. Una auténtica joyita.

 

 

Entre los jóvenes dedicados a la causa destaca la nueva aventura del no tan joven Tim Gane, Cavern Of Anti-Matter, que en su segundo disco largo ha conseguido eliminar casi todos los elementos pop que gobernaban su banda anterior, Stereolab, aumentando la dosis de riesgo y experimentación de manera exponencial. El resultado, “Void beats/Invocation trex” (Duophonic, 16), es una auténtica bestia que se alarga hasta más allá de los setenta minutos, y que está repleta de ritmos mecánicos, zumbidos sintéticos, cabalgadas espaciales y citas al minimalismo clásico. Otros que juegan con ritmos metronómicos y sintetizadores espaciales son los berlineses Camera, que en su tercer disco, el espléndido “Phantom of liberty” (Bureau B, 16), vampirizan todos los recursos imaginables del krautrock para después regurgitarlos en una papilla tan hipnótica como adictiva. The Oscillation, viejos conocidos, también volvieron a la actividad con “Monographic” (Hands In The Dark, 16), un cuarto álbum repleto de bajos gruesos y baterías motóricas, una fórmula que en sus manos nunca pierde interés. Bordeando el post-rock están los chicos de Mugstar, con un “Magnetic seasons” (Rock Action Records, 16) tan robusto como psicodélico. Y ya entrando en materia nacional, la cosecha ha sido abundante, con grandes discos de Cuzo, que en “Ensalada ovni” (Underground Legends/Cosmic Tentacles, 16) se muestran más cinemáticos y cinematográficos que nunca, y una segunda entrega de Holögrama, “Gemini” (Foehn, 16), que a pesar de estar menos conseguida que su debut, sigue resultando entrañable. La “Nación subterránea” (Goecia/Verlag System, 16) de los murcianos Schwarz, que siguen metidos en su viaje hacia el lado más oscuro de la psicodelia, completa un trío de referencias que pueden encontrar en nuestra lista de mejores discos nacionales de 2016.

 

 

Los seguidores del lado más planeador de la kosmische, ese que gusta de apilar capas y más capas de viejos sintetizadores analógicos y alguna caja de ritmos rescatada del desguace, también tienen buenas noticias. Por ejemplo, el disco de debut en largo de XAM Duo, un proyecto con el que Matthew Benn (guitarrista y productor de Hookworms) exploraba su amor por Cluster y Harmonia, y que en “XAM Duo” (Sonic Cathedral, 16) ha sumado un segundo miembro y mucho más equipo, para dar forma a un disco planeador y delicioso. Un camino parecido es el que recorre el norteamericano Steve Hauschildt, que aprovecha el tiempo que le queda entre disco y disco de Emeralds (cada vez más espaciados, por cierto) para completar discos tan buenos como “Strands” (Kranky, 16), repletos de atmósferas gaseosas y de ritmos que avanzan con infinita pereza. Un poco más arisco es Jakob Skøtt, orgulloso propietario de El Paraiso Records, y miembro de bandas tan intensas como Causa Sui, Limp o Syntaks. Su cuarto disco en solitario, “All the colours of the dust” (El Paraiso, 16) está repleto de remolinos atmosféricos y de nubes de electricidad estática, punteada con bajos y ritmos sólidos como árboles centenarios. Habituales en este club particular, Bitchin’ Bajas publicaron este año dos discos compartidos con otros artistas. Junto a Bonnie “Prince” Billy grabaron “Epic jammers and fortunate Little ditties” (Drag City, 16), un delicado ejercicio de folk pastoral en el que se funden los vocabularios de unos y otro de manera prodigiosa. Y para la directora Olivia Wyatt escribieron la banda sonora de “Sailing a sinking sea” (Drag City, 16), una colección de miniaturas con apariencia líquida, que parecen moverse al ritmo que marcan las imágenes. Aquellos que quieran emociones más fuertes, por último, deben acudir al catálogo del sello Rocket Recordings, que en 2016 (y quitando el disco de Goat, ya citado más arriba) sólo ha publicado grandes títulos. Ahí están para demostrarlo los ambientes emponzoñados que Necro Deathmort dejan caer sobre el oyente en “The capsule” (Rocket Recordings, 16), el paisaje entre cósmico y progresivo que delinean Flowers Must Die en el brillante “Sista valsen EP” (Rocket Recordings, 16), la inquietante mezcla entre drones, pulsos rítmicos y mantras vocales que los franceses H.U.M. desatan en “Trinity way” (Rocket Recordings, 16) y el gusto por el minimalismo atmosférico que Gareth Turner (Big Naturals, Anthroprophh) despliega en el homónimo debut de su nuevo proyecto, “Kuro” (Rocket Recordings, 16).

 

 

En ese mismo sello ha aparecido también el quinto disco de Gnod, “Mirror” (Rocket Recordings, 16), que supone la inmersión del (ahora) cuarteto en una especie de punk viscoso y altamente psicodélico, que estaría a medio camino entre Swans y Wire, por esa extraña combinación entre intensidad y contención de la que hacen gala. En un terreno no muy lejano, más atmosférico, menos agresivo, se mueve el segundo disco de los daneses Tales Of Murder And Dust, un “The flow in between” (Fuzz Club Records, 16) que fiel a su título parece flotar en el interior de un líquido denso y pegajoso. En un entorno más stoner, pero todavía volátil y altamente experimental, se mueve el fantástico “Lost chants/Last chance” (Rooster Rock, 16), un disco grabado a medias por Kandodo (o sea, Simon Price, guitarrista de The Heads) y McBain (aka John Paul McBain, ex Monster Magnet y ex Queens Of The Stone Age entre otras muchas cosas), que tiene la particularidad de que suena de manera diferente cuando se pincha a 33 o a 45 revoluciones. Que estos dos tipos hayan sido capaces de urdir semejante artefacto habla (no se si para bien o para mal) de lo afectadas que tienen sus cabezas. También en campo stoner se mueve la décimo primera entrega de Causa Sui, el proyecto “madre” de todos los que gestiona el ya citado Jakob Skøtt. “Return to sky” (El Paraiso, 16), la criatura, es densa y excesiva, pero también espectacular y adictiva. Que es algo parecido a lo que sucede con Cult Of Dom Keller, unos tipos en cuyos discos cuesta entrar a primera escucha pero que luego, como en el caso de  “Goodbye to the light” (Fuzz Club Records, 16), recompensan de forma sobrada al oyente con paciencia. Que, en fin, es exactamente lo mismo que sucede con el  “Häxan” (Smalltown Supersound, 16), de los daneses Dungen, otro disco que se crece a cada escucha.

 

 

Los aficionados al shoegaze también tienen motivos para alegrarse este año, con media docena larga de discos que basculan entre el amor por el sonido-a-cinta-atrancada que patentaron My Bloody Valentine a principios de los noventa y el cultivo de atmósferas que parecen flotar con la consistencia del helio. Entre los primeros, había ganas por comprobar cómo se comportarían los australianos Flyying Colours en su debut largo, un “Mindfulness” (Club AC30, 16) repleto de canciones como soles (como soles desvaídos, se entiende) que ha colmado todas las expectativas. Otros que han revalidado el éxito son los rusos Pinkshinyultrablast, que en su segundo disco largo, “Grandfeathered” (Club AC30), suenan tan volátiles como los ya citados My Bloody Valentine y tan gruesos como los primeros Swervedriver. El debut de los angelinos Shunkan, “The pink noise” (Art Is Hard, 16), está bastante más cerca del sonido clásico indie-rock, pero su gozoso (y ruidoso) trabajo de guitarras aconseja meterlos en esta sección, algo parecido a lo que sucede con “Strange pleasures” (Cardinal Fuzz, 16), el disco más abiertamente psicodélico que han entregado hasta la fecha los australianos Dreamtime. Más contenidos a nivel de ruido, también más musculosos, están los ingleses Toy, que con “Clear shot” (Heavenly, 16) siguen buscando un camino propio entre el krautrock y el indie pop. En el lado más amable de este negociado, destaca la cuarta entrega de los brasileños Lorelle Meets The Obsolete, un “Balance” (Sonic Cathedral, 16) que suena precisamente a eso, a perfecto equilibrio entre trabajo atmosférico y desarrollo melódico. Un terreno por el que también se mueven con soltura MJ Guider, un trío de Nueva Orleans que ha debutado en Kranky (poca broma) con el muy bonito “Precious system” (Kranky, 16), y los ingleses Is Bliss, que con su EP de debut, “Velvet dreams” (Club AC30, 16), llegado a las cubetas a mediados de noviembre, parecen querer conjurar el espíritu de los mejores Adorable.

 

 

 

Los 20 mejores discos de psicodelia de 2016

 

01. Josefin Öhrn + The Liberation “Mirage” (Rocket Recordings)

02. The Early Years “II” (Sonic Cathedral)

03. Gnod “Mirror” (Rocket Recordings)

04. The Lucid Dream “Compulsion songs” (Holy Other Records)

05. Cavern Of Anti-Matter “Void beats/Invocation trex” (Duophonic)

06. Morgan Delt “Phase zero” (Trouble In Mind)

07. Tales Of Murder And Dust “The flow in between” (Fuzz Club Records)

08. Kandodo/McBain “Lost chants/Last chance” (Rooster Rock)

09. The Brian Jonestown Massacre “Third world pyramid” (A Records)

10. Ulrika Spacek “The album paranoia” (Tough Love Records)

11. Ultimate Painting “Dusk” (Trouble In Mind)

12. Xam Duo “II” (Sonic Cathedral)

13. Lake Ruth “Actual entity” (The Great Pop Supplement)

14. Limiñanas “Malamore” (Because Music)

15. Jakob Skott “All the colours of the dust” (El Paraiso Records)

16. Tau “Tau Tau Tau” (Fuzz Club Records)

17. Doug Tuttle “It calls on me” (Trouble In Mind)

18. Flyying Colours “Mindfulness” (Club AC30)

19. Lorelle Meets The Obsolete “Balance” (Sonic Cathedral)

20. Steve Hauschildt “Strands” (Kranky)

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com