Menu

Flying Saucer Attack

Flying Saucer Attack "Further"

Una historia de los noventa

 

Vidal Romero

 

Aunque los géneros que situaron a Bristol en el mapa durante la primera mitad de los noventa fueron el trip hop y el drum'n'bass (con artistas como Massive Attack, Portishead o Tricky por un lado y todo el colectivo Reprazent por el otro), en los puertos de la ciudad inglesa también había sitio para propuestas de cariz más experimental, más cercanas a esa sensibilidad, entre espacial y ruidosa, que había hecho germinar a Spacemen 3 o My Bloody Valentine. 

 

Miembro activo de esa otra escena de Bristol, Dave Pierce llevaba varios años inventando proyectos y bandas, frecuentando la compañía de futuros héroes marginales del post rock y el lo-fi como Richard Walker (AMP), los hermanos Sam y Matt Jones (Crescent), Matt Elliott (Third Eye Foundation) o Rachel Brook (Movietone). A solas o revueltos, tocando cada uno en los proyectos de los otros, este pequeño núcleo de músicos fue grabando cintas y maquetas, inventando sellos y dando forma a un tipo de sonido en el que tenían mucha importancia el grano grueso, el ruido y la baja fidelidad. Un tipo de sonido que situaba a las grabadoras de cuatro y ocho pistas, a toda su analógica y decadente grandeza, en el corazón mismo del proceso creativo.

 

Flying Saucer Attack

 

Esta estética es particularmente certera en el caso de Flying Saucer Attack, un proyecto que siempre basculó alrededor de Pierce, y que adoraba los entornos analógicos (en uno de sus discos podía leerse la sentencia "Hometaping is reinventing music"). Influido a partes iguales por el kraut rock más ambiental (el primer disco del proyecto contiene dos homenajes nada ocultos a Popol Vuh), la tradición folk inglesa, los experimentos con el estudio de grabación de My Bloody Valentine y la capacidad para construir atmósferas a partir del ruido de Spacemen 3, Flying Saucer Attack extendió su historia a lo largo de siete años, cuatro discos y una docena de singles. Un corpus repleto de canciones de estructura clásica y aires preciosistas, que Pearce bañaba más tarde con gruesas capas de distorsión y niebla ambiental. Un estilo que él mismo, de manera bastante gráfica, definió como "rural psychedelia", y cuya mejor destilación (dejando siempre claro que hablamos de un tipo incapaz de grabar discos malos) se produjo en su segunda entrega, "Further".

 

Flying Saucer Attack

 

Editado por Domino en 1995, cuando Rachel Brook era todavía miembro oficial de la banda y novia de Pierce, "Further" deja claras su vocación climática y su amor por el ruido desde el primer momento: "Rainstorm blues" es una masa de distorsiones cuya coloración sube y baja, mientras el fondo se va llenando con el ruido de la lluvia al caer. Una perfecta introducción para los paisajes expansivos de "In the light of time", una canción de aires folkies sumergida en un mar de drones, y para el delicado preciosismo de "Come and close my eyes", que comienza filtrando elementos propios del shoegaze (la colisión entre guitarras acústicas y masas distorsionadas) y termina enredada en una espiral de psicodelia. A partir de ahí, poco espacio queda para la serenidad: apenas el principio acústico de la enorme "For silence", que después abraza una épica espacial, o ese suave interludio que es "Still point", en el que canta Brook. Todo lo demás es epopeya sónica y baño de electricidad estática, un tour de fuerza que culmina en los doce intensos minutos de "To the shore", para luego bajar a la tierra con "She is the daylight", que cierra el disco de una manera sorprendentemente limpia, apenas algunos retazos de bruma ambiental acompañando los tristísimos lamentos de Pierce.

 

 

La historia de Flying Saucer Attack se cierra en el año 2000, con el disco más psicodélico de su carrera, "Mirror". Desde entonces, y amén de alguna aparición en recopilaciones (temas sueltos, que pueden ser simples rescates de los archivos de la banda), poco se ha sabido de Pierce. Su última aventura conocida es Clear Horizon, un proyecto compartido con la estadounidense Jessica Bailiff, cuyos frutos se reducen a un disco homónimo, espectral y hermosísimo, publicado por Kranky en 2003. Desde entonces, muchos habían sido los rumores (cada vez más esporádicos) y muy pocas las certezas; casi parecía que alguno de esos objetos voladores a los que rendía pleitesía se lo hubiera llevado para siempre, precisamente en un momento en el que muchos de los cachorros del pop hipnagógico en particular, y del indie anglosajón en general, hacían bandera de la baja fidelidad, de los medios analógicos y de un sonido emborronado de manera premeditada. La aparición a finales de 2012 de “Heartbeat/compete”, una recopilación de temas inéditos dio otra vez esperanzas a los seguidores del de Bristol, pero no ha sido hasta esta semana cuando Domino han confirmado que existe un nuevo disco, que se titulará “Instrumentals”, y que verá la luz el 17 de julio. En esta casa ya nos estamos comiendo las uñas.

 

Comentarios
Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com