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Espacial, espacial Vol. 03

"Dios mío, está lleno de estrellas"

 

Experimental

Una nueva entrega de esa sección, de formato voluble y periodicidad irregular, que se ocupa de poner algo de orden en la vorágine de discos que se publican alrededor de la kosmische, la psicodelia y el space rock y que, por cosas de la vida, no han encontrado un hueco dentro de la sección de novedades. Por Vidal Romero. 

 

 

Espacial, espacial Vol. 03

"Dios mío, está lleno de estrellas"

 

Experimental

Una nueva entrega de esa sección, de formato voluble y periodicidad irregular, que se ocupa de poner algo de orden en la vorágine de discos que se publican alrededor de la kosmische, la psicodelia y el space rock y que, por cosas de la vida, no han encontrado un hueco dentro de la sección de novedades. Por Vidal Romero. 

 

 

The Heads

The-Heads  

The Heads

Everybody knows we got nowhere

Rooster

 

Auténtica institución de la escena psicodélica inglesa –también un ejemplo de longevidad: sus primeros pasos datan de 1990, una época en la que Spacemen 3 y Loop todavía existían–, The Heads es posiblemente la banda que más ha hecho por mantener vivo el género en su país en las últimas dos décadas. Crudos y directos, poco aficionados a las florituras, sus discos mezclan la fiereza del space rock más primitivo (piensen en Hawkwind y acertarán) con trazos de psicodelia ensoñadora, proto-punk y algún desbarre experimental. Un delicioso anacronismo, que vive atrapado en un particular universo paralelo en el que la década de los setenta nunca llegó a terminar, y cuya estética quedó sublimada, de manera particularmente brillante, en su segundo disco, el espléndido “Everybody knows we got nowhere” (00). Descatalogado durante más de una década, la propia banda lo reedita ahora en su sello, con el añadido de maquetas, rarezas y un par de sesiones para el programa de John Peel, todas grabadas durante aquella misma época. Una selección de material que, lejos de lo que suele suceder en estos casos, tiene mucho más interés que el simplemente arqueológico, y que sirve de perfecto complemento para el plato principal: setenta minutos repletos de guitarrazos abrasivos, cabalgadas espaciales, tensión eléctrica y baños de lisergia, que siguen manteniéndose igual de frescos y rocosos que en el momento de su publicación. Una auténtica joya.

 

 

Anthroprophh

Anthroprophh  

Anthroprophh

Outside the circle

Rocket Recordings

 

 

Y mientras The Heads se dedican a exhumar su fondo de catálogo, el guitarrista principal de la banda, Paul Allen, sigue dando forma a Anthroprophh, su proyecto paralelo. Un proyecto que estaba pensado inicialmente como una aventura en solitario, un animal que no debía salir del estudio y que prescindía casi por completo de bases rítmicas para abrazar texturas nebulosas y estructuras circulares. Algo que cambió por completo cuando Big Naturals, otro dúo afecto a las setas y el LSD, se cruzó en el camino de Allen y le ofreció convertirse en su banda de apoyo. Nuestro hombre aceptó el envite y, después de un año de andar desbocándose sobre los escenarios, la (ahora) banda publica su primer trabajo de estudio, “Outside the circle”. Un disco que, se nota ya desde la primera canción, es mucho más terrenal que su predecesor, prefiere trabajar el músculo y la intensidad antes que perderse en largos devaneos cósmicos. Un cambio de dirección que no tiene por qué ser necesariamente malo –antes bien, canciones como “Recurring” o “Crow with sore throat” son auténticos latigazos de ruido controlado–, y que todavía guarda algún espacio para experimentos de naturaleza líquida y elevado poder ambiental, como sucede en el corte que da título al invento. En el debe, una excesiva dispersión estilística, que se nota sobre todo en las caprichosas codas que salpican el disco, y que le restan coherencia y efectividad.

 

 

Anjou

Anthroprophh  

Anjou

Anjou

Kranky

 

Como habrá lectores que no los conozcan, comenzaré explicando que Labradford es una de las grandes bandas de la primera ola del post rock en Estados Unidos. Un trío de formación atípica (bajo, guitarra y teclados) que se movía entre el ambient, la kosmische más planeadora y los collages sonoros, que inspiró a los dueños de Kranky para montar su sello, y que todavía hoy suelen citar como influencia clave los jóvenes cachorros del género. La (buena) noticia es que trece años después de la separación de Labradford, dos de sus miembros aparcan los proyectos en los que han estado metidos desde entonces –Mark Nelson ha grabado un puñado de discos como Pan·American; Robert Donne forma parte de Cristal y Spokane-, para dar forma a una nueva criatura, que de algún modo, recupera el espíritu de aquella aventura única. Grabado con la ayuda del percusionista Steven Hess (On, Haptic, Ural Umbo, Pan·American), “Anjou” continúa más o menos donde se quedó el canto de cisne de la banda madre, “Fixed:context” (01): perdido en un nimbo de drones suspendidos en el aire, percusiones minúsculas que suenan desde la distancia, grabaciones de campo manipuladas hasta el extrañamiento y melodías tan ralentizadas que apenas se pueden intuir. Una música contemplativa y de naturaleza difusa, que sin embargo está tocada por una cierta luminosidad, por una cierta sensación de caricia, que invita al oyente a dejarse llevar por ella. ¿La conclusión? Anjou no es exactamente lo mismo que Labradford, pero se parece mucho.

 

 

Bitchin Bajas

Bitchin-Bajas  

Bitchin Bajas

Bitchin Bajas

Drag City

 

 

Comenzó como un pasatiempo, una excusa que Cooper Crain (Cave) y Dan Quinlivan (Mahjongg) utilizaban para quedar en el local de ensayo y compartir su amor por los sintetizadores viejunos, la kosmiche y el ambient de naturaleza líquida. Una afición que, con cuatro discos y un puñado de maxis a las espaldas, se ha terminado por convertir en una criatura con vida propia que, en ocasiones, amenaza con eclipsar a las bandas originales de los dos miembros. Es desde luego lo que sucede con “Bitchin Bajas”, un disco de ambient cósmico sobresaliente, que utiliza los elementos habituales del género con sabiduría. Concebido como un doble vinilo, dispone de dos largas piezas que funcionan como centros gravitacionales, como muestras de las dos caras que la banda suele trabajar –“Tilang tilang” tiene un aire meditativo, casi místico (recuerda al Dream Syndicate de LaMonte Young, para entendernos), mientras que “Bueu” va apilando arpegios sintéticos, guitarras y vientos a lo Manuel Göttsching-. Dos focos alrededor del que van sucediéndose otras piezas que revelan las numerosas influencias e intereses de la pareja: los ambientes pesados y en claroscuro de “Asian carp”, una pista que recuerda poderosamente a Popol Vuh; la catedral de pulsos, ecos y delays a lo Spacemen 3 (de unos Spacemen 3 luminosos y serenos) que es “Brush”; la colección de grabaciones de campo que se entrecruzan en la explícita “Field study”, o ese divertimento que es “Pieces of tape”, construido (cómo no) alrededor de manipulaciones de una máquina de cinta. Todo cabe en setenta minutos de pulso casi estático y belleza serena. Una pequeña maravilla.

 

 

The Limiñanas

Liminanas  

The Limiñanas

I've got trouble in mind

Trouble In Mind

 

 

El subtítulo que luce este artefacto en la portada, “7'' and rare stuff 2009-2014”, ya advierte de su contenido: un puñado de singles, aportaciones a recopilatorios e inéditos, grabados por Limiñanas, esa pareja de franceses que viene a ser como una mezcla perfecta entre The Velvet Underground, época “Loaded”, y el Serge Gainsbourg de finales de los sesenta. Una colección en la que se dan cita todas las obsesiones y gestos habituales que la pareja ha venido cultivando en los cinco años que llevan en activo, desde el jazz noir francés de los sesenta a las bandas sonoras de Nino Rota y Ennio Morricone, de la psicodelia colorista de la explosión beat a los cantantes melódicos italianos, y que cuenta con el interesante añadido de tres versiones. Dos que encajan perfectamente en el canon anterior –una divertida revisión francófona del “Wild thing” de The Troggs, con dueto vocal a lo Gainsbourg/Birkin incluido, y un tema de navidad de Phil Spector, animado con un pulso beat-, y una sorprendente apropiación de un tema de Jay Reatard, “An ugly death”, que llevan a su terreno con mucha elegancia. La guinda a doce canciones que funcionan como un conjunto unitario, casi tanto como cualquiera de sus discos anteriores. Nada raro, sobre todo si se tiene en cuenta que los de Perpiñán siempre se han mantenido fieles a su estilo, evitando los bandazos y las salidas de tono.

 

 

Moon Duo

Moon-Duo  

Moon Duo

Live in Ravenna

Sacred Bones

 

 

Hablaba hace poco con otro periodista (Juan Vitoria, responsable de Discos Amsterdam y del programa de radio “Los 39 sonidos”) acerca de la pertinencia o no de publicar discos en directo en estos tiempos que corren, en los que la televisión ha ocupado el lugar de la radio, y Youtube está lleno de bootlegs de todo tipo. La conclusión venía a ser, más o menos, que en la época dorada del género (los setenta) esos artefactos cumplían con la misión de transmitir la fuerza y la magia que podía llegar a desatarse en un concierto; una misión que tenía mucho que ver con la fantasía que después le echaran los oyentes, y que la MTV se encargó de echar abajo al añadir imagen al sonido. En los últimos tiempos, sin embargo, el género vive un curioso esplendor, sobre todo en el mundillo de la psicodelia, donde es habitual que muchas bandas utilicen estos discos como souvenir de las giras o como un documento de su estado de forma. Que es precisamente la intención de Moon Duo, ese proyecto de carácter matrimonial que comparten Ripley Johnson y Sanae Masada, y que para su última gira europea decidió fichar al batería John Jeffrey. Es precisamente la presencia de éste último, que aporta un plus de contundencia y velocidad a viejos clásicos de la banda como “Goners”, “Motorcycle, I love you” o “Free action” (que, con sus diez minutos de descarga eléctrica, es el gran momento del lote), el principal atractivo de un disco menor, que gustará a los conversos y servirá para que los neófitos se hagan fans.

 

 

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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