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Espacial, espacial Vol. 02

Más discos cósmicos para iniciar la conquista del Espacio

 

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Hace unos meses inauguramos una sección, de formato voluble y periodicidad irregular, dentro de los confines de este blog; una esquina desde la que dar cuenta de todas esas novedades que van apareciendo alrededor de la kosmische, la psicodelia y el space rock y que, cosas de vivir en la vorágine de la actualidad, no han encontrado su lugar dentro de la sección de novedades. Pues bien, los discos se acumulan en las estanterías, y ya es tiempo de volver a seleccionar lo mejor de la cosecha. Por Vidal Romero. 

 

 

Espacial, espacial Vol. 02

Más discos cósmicos para iniciar la conquista del Espacio

 

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Hace unos meses inauguramos una sección, de formato voluble y periodicidad irregular, dentro de los confines de este blog; una esquina desde la que dar cuenta de todas esas novedades que van apareciendo alrededor de la kosmische, la psicodelia y el space rock y que, cosas de vivir en la vorágine de la actualidad, no han encontrado su lugar dentro de la sección de novedades. Pues bien, los discos se acumulan en las estanterías, y ya es tiempo de volver a seleccionar lo mejor de la cosecha. Por Vidal Romero. 

 

 

The Emperor Machine

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The Emperor Machine

Like a machine

Southern Fried

 

Parecía que estaba desaparecido –en los últimos cinco años apenas había publicado un disco de experimentos sintéticos bajo su nombre de pila, “Monophonic volumen one” (11), un estupendo maxi como Future Four y algún EP con Chicken Lips–, pero no: Andy Meecham sólo estaba reconfigurando su proyecto más querido, The Emperor Machine, después de haber echado a los miembros de la banda que le había acompañado en el brillante “Space beyond the egg” (09). Un ajuste que se traduce en canciones más cortas y menos musculosas (se nota que no hay un tipo aporreando la batería), pero que conservan todo su encanto retrofuturista y el gusto por la imaginería de serie B; que mezclan a la perfección atmósferas cargadas de polvo cósmico, ritmos empapados en funk, melodías adhesivas y poderosas descargas ácidas. Pero aparte de los muchos hits que contiene (“Like a machine”, “RMI is all I want”, “Hey!”, la lista es larga), “Like a machine” es un artefacto que gana muchos enteros cuando se escucha de un tirón. Existe una sutil línea narrativa que va engarzando los temas entre sí, que los va conectando tanto a un nivel sonoro como conceptual, y los hace funcionar como capítulos de una auténtica epopeya espacial. Un detalle que aumenta las muchas virtudes de un disco tan divertido como interesante; tal vez el mejor de todos los que Meecham ha grabado como The Emperor Machine. Es decir, palabras mayores.

 

Imaginary Softwoods

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Imaginary Softwoods

The path of spectrolite

Archives Intérieures

 

 

De los muchos proyectos que lleva adelante el hiperactivo John Elliott (uno de los dos miembros actuales de Emeralds, recordemos), Imaginary Softwoods ha sido siempre su particular niña bonita; un vehículo para investigar territorios cercanos al ambient clásico, para fabricar una música ensimismada y aérea, capaz de alterar las percepciones de tiempo y espacio. Editado en vinilo en 2011, y ahora recuperado en compacto por Archives Intérieures, el sello de Yves De Mey, “The path of spectrolite” es posiblemente el mejor disco que ha editado Elliott con este heterónimo: una colección de piezas de factura delicada y trasfondo luminoso, en las que se superponen capas de sintetizador que se mueven a cámara lenta, formas melódicas estiradas en el espacio, arpegios renqueantes y drones de naturaleza acuática. Un disco maravilloso, que invita al oyente a sumergirse entre sus pliegues, que le arrulla en el interior de una placenta acústica, algodonosa, de bordes difuminados. Un prodigio de serenidad que sólo se rompe (y tampoco de manera radical) en la larga pieza que cierra el viaje; sólo en esa suite para estrellas lejanas, que responde al nombre de “Crystal pond”, deja Elliott que se cuelen algunas capas de distorsión y algunas melodías de tintes oscuros.

 

Jakob Skøtt

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Jakob Skøtt

Amor Fati

El Paraiso Records

 

Al danés Jakob Skøtt se le conoce (al menos dentro de este pequeño mundillo) porque es el tipo que aporrea la batería en Causa Sui y por Syntaks, el estupendo proyecto de synth-pop-melancólico-con-chica-al-frente que mantiene en sus ratos libres. Pero aparte de eso, cultiva una tercera personalidad que sueña con harenes de sintetizadores y cabalgadas cósmicas. Que es exactamente lo que contiene su segundo disco, el curiosamente titulado “Amor Fati”: un puñado de temas en los que se mezclan varias de las escuelas sintéticas clásicas –hay una buena dosis de krautrock en “Mantis in lace” y citas a Giorgio Moroder en “Synthemesc”; hay trazas de Silver Apples en “Omega oscillator” y guiños a John Carpenter por todas partes- con un espectacular trabajo de percusiones (que, no hay que olvidarlo, es a lo que se dedica nuestro hombre). Es de la mezcla de esos dos elementos, tamizados por una generosa cuota de improvisación, de donde surgen siete temas de elevado poder hipnótico, que parecen ariscos y abrasivos en la superficie, pero que después de unas cuantas escuchas terminan revelando un interior cálido y repleto de detalles. Mucho amor de verdad.

 

Anthroprophh

Anthroprophh  

Anthroprophh

Precession

Cardinal Fuzz

 

 

Otro músico ilustre que se ha montado un proyecto paralelo es Paul Allen, guitarrista y líder de The Heads, una banda con veinte años y dos decenas de discos a sus espaldas, que viene a ser la institución más venerable dentro la escena psicodélica inglesa. Su primer disco en solitario, el homónimo “Anthroprophh” (12), exploraba un territorio cercano al de la banda madre, (es decir, a medio camino entre Hawkwind y Spacemen 3, con mucho ruido y mucho volumen), pero prescindía (casi) por completo de la base rítmica, para dar más protagonismo a los drones y las murallas de sonido que arrancaba a sus guitarras y sintetizadores. “Precession”, en cambio, es una bestia totalmente distinta: grabado junto a la banda que se ha buscado para tocar en directo (ese dúo salvaje que se hace llamar Big Naturals), recupera dos temas de aquel disco de debut, los alarga en el tiempo, y les insufla una mayor potencia energética. Es algo que se percibe sobre todo en “Precession”, el tema que ocupa la cara A, que deja flotar en el espacio varias capas de drones ancladas a un ritmo en tensión; una telaraña de electricidad estática, cuya carga entrópica estalla hacia los diez minutos, cuando aparece una guitarra enredada en un punteo psicodélico –piensen en el primer disco de Ash Ra Tempel y acertarán-, que se alarga por otros cinco minutos, antes de disolverse en una piscina de ruido. Ya en la otra cara, “EBBE” sigue una estructura parecida, pero cambiando guitarras por sintetizadores de aire medieval. Tan tóxico como hipnótico.

 

Bremen

Bremen  

Bremen

Second launch

Blackest Ever Black

 

 

Es posible que lo mejor en el segundo disco de Bremen, sea la declaración de intenciones que el dúo sueco realiza en las notas interiores: “se trata de evocar el vasto vacío del espacio exterior, la anulación de toda identidad y significado que se produce cuando alguien se asoma a ese vacío”. Cualquier disco que fuera capaz de traducir esas palabras a una forma musical contaría desde ya con todo mi amor, todo mi apoyo y un sitio de honor dentro de mi discoteca; algo que, por desgracia, no parece que vaya a conseguir “Second launch”. No me malinterpreten, se trata de un disco que mezcla, casi siempre con sabiduría, ciertos gestos de la kosmische, la psicodelia líquida y (quizás como consecuencia de lo anterior) el post-rock más aventurero: ahí tienen por ejemplo la primera canción, “Entering phase two”, un torbellino de electricidad estática y ritmos mecanicistas que, efectivamente, pone al oyente en órbita, lo lleva en volandas hacia lo más profundo del espacio. Una manera de hacer que se repite en muchos de los temas, a veces dando más importancia a los aspectos rítmicos (como en “Static interferences” o “They were drifting”), y otras veces dejándose caer en un mar de drones y zumbidos eléctricos, en el que hubieran nadado muy a gusto los últimos Spacemen 3 (“Threshold crossings”, “Walking the skies”, la inmensa “Sun son”). El problema, entonces, no reside en los códigos estéticos que maneja la pareja –aunque también existe alguna pieza que se pasa de progresiva, como “Hollow wave”, que recuerda a Radiohead cuando se ponen trascendentes y pesados-, sino en la extraña sensación de que “Second launch” quiere ser épico a toda costa, y eso obliga a sus autores a estirar las canciones más allá de lo necesario, a perderse en derivas que en varias ocasiones acercan al oyente al bostezo. Para entendernos: si en vez de los cien minutos que supera holgadamente, el disco se hubiera quedado en setenta u ochenta, estaríamos hablando de uno de los títulos de la temporada. Tal y como está, en cambio, sólo podemos hablar de un esfuerzo notable. Que no es poco.

 

Suzanne Kraft

Suzanne-Kraft  

Suzanne Kraft

Missum

Running Back

 

 

Hasta la fecha, Suzanne Kraft (a pesar del nombre, un bigotudo productor de Los Angeles) había publicado un par de maxis de disco house cocinado a baja velocidad, con cierto espíritu balearic y cierto gusto por los sonidos añejos. Nada que pudiera preparar para el contenido de “Missum”, una suite de kosmische atmosférica y planeadora, en la que se mezclan respeto por las fuentes históricas –se nota que el tipo se ha estudiado a fondo los discos de Tangerine Dream y de Klaus Schulze–, notables jugueteos melódicos y vocación exploratoria. Lo llamamos suite porque las siete pistas que lo componen, todas ellas tituladas según su duración, y todas ellas libres casi por completo de ritmos (sólo aparecen, de manera breve y sutil, en “4:46”), parecen formar una unidad: se disuelven las unas en las otras, dejan que ciertos ecos y sonidos aparezcan aquí y allá, acurrucan al oyente con delicadeza y le inducen a un estado de hipnosis. Media hora de música intimista y frágil, en la que se suceden los drones, los acordes de sintetizador encallados, las melodías de aire infantil (un poco Raymond Scott, ustedes sabrán entender) y los sonidos acuáticos, en la que no sobra ni falta nada. Únicamente chirría la presencia de un saxofón demasiado “rockero” (dicho esto en sentido peyorativo, claro) en la canción que abre el disco; un desliz menor dentro de un “Missum” que no es exactamente una maravilla, pero que los aficionados a la cosa cósmica agradecerán tener cerca.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com