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Espacial, espacial

Cinco discos cósmicos para viajar más allá de Orión

 

cosmico

Como ha sido habitual en las últimas temporadas, el año 2014 ha comenzado con un aluvión de discos que se mueven entre la psicodelia, la kosmische y el space rock. Un babel de títulos en el que conviven las reediciones de clásicos olvidados –como el “Agilock y Bubblo” de The Inner Space, del que hablaremos dentro de poco– y los lanzamientos de jóvenes cachorros, y cuyo flujo excesivo lo hace por momentos inabarcable. Esa es la razón por la que dentro de este blog inauguramos un nuevo apartado, de periodicidad irregular, en el que se dará cuenta de todas esos discos que no aparecen en la sección de reseñas, pero que merecen un hueco en las estanterías de los aficionados a la cosa cósmica. Por Vidal Romero. 

 

 

Espacial, espacial

Cinco discos cósmicos para viajar más allá de Orión

 

cosmico

Como ha sido habitual en las últimas temporadas, el año 2014 ha comenzado con un aluvión de discos que se mueven entre la psicodelia, la kosmische y el space rock. Un babel de títulos en el que conviven las reediciones de clásicos olvidados –como el “Agilock y Bubblo” de The Inner Space, del que hablaremos dentro de poco– y los lanzamientos de jóvenes cachorros, y cuyo flujo excesivo lo hace por momentos inabarcable. Esa es la razón por la que dentro de este blog inauguramos un nuevo apartado, de periodicidad irregular, en el que se dará cuenta de todas esos discos que no aparecen en la sección de reseñas, pero que merecen un hueco en las estanterías de los aficionados a la cosa cósmica. Por Vidal Romero. 

 

 

Jonas Reinhardt

Jonas-Reinhardt  

Jonas Reinhardt

Ganymede

Constellation Tatsu

 

A lo largo de la última década, el estadounidense Jonas Reinhardt ha juntado todo un arsenal de sintetizadores modulares, cajas de ritmos y cacharrería analógica, con el que ha investigado todas las posibilidades que ofrece la kosmische: desde las formas más oníricas y fantasiosas –las que contenía su primer disco, el homónimo “Jonas Reinhardt” (08)- a las que añaden un latido funk para tomar al asalto la pista de baile –el infeccioso “Mask of the maker” (13)-, pasando por el space rock de manual De “Powers of audition” (10), grabado con una banda completa. “Ganymede”, su última entrega, supone un retorno a las formas contemplativas y gaseosas de sus inicios: media docena de piezas que evolucionan con parsimonia y delicadeza, como si se movieran a cámara lenta, y que van dejando a su paso un rastro de efluvios sintéticos y espirales lisérgicas. Música nebulosa y espectral, que viene acompañada con un DVD, en el que distintos videocreadores reinterpretan las pistas del disco, siempre bajo la influencia de Ganímedes, ese satélite de Júpiter en el que (supuestamente) podrían llegar a existir formas de vida.

 

Mark McGuire

Mark-McGuire  

Mark MacGuire

Along the way

Dead Oceans

 

 

En la última época de Emeralds, Mark McGuire tiraba hacia una especie de ambient folk; inventaba guitarras robadas a Manuel Göttsching y filigranas de naturaleza cósmica, mientras sus compañeros trazaban un fondo de teclados líquidos y de atmósferas oníricas, cada vez más cercano en espíritu a la primera new age. En “Just to feel anything” (12), el último disco de la banda, esa tensión dio lugar a estupendas canciones, sorprendentemente equilibradas, pero estaba claro que el camino de McGuire apuntaba hacia una dirección diferente. Una dirección en la que los drones casi han desaparecido, en la que los sintetizadores pierden protagonismo, en la que tienen mucha más importancia la repetición minimalista y la superposición de capas que el desarrollo de punteos infinitos. Esto quiere decir que “Along the way” es menos Göttsching y más Robert Fripp –el Fripp que acompañaba a Brian Eno en “No pussyfooting” (73); no el que montó The Leage Of Crafty Guitarists–. Un disco más terrenal que cósmico, más progresivo que ambiental, que intenta ampliar el vocabulario del guitarrista de Ohio –las masas corales que puntean “To the Macrobes (where I do go?)” o el luminoso estribillo que emerge a mitad de “For the friendships (along the way)”, por ejemplo–, y que se revela como su obra más conseguida hasta la fecha. Pura delicadeza.

 

The Cosmic Dead

The-Cosmic-Dead  

The Cosmic Dead

Easterfaust

Sound of Cobra

 

Aunque provienen de Glasgow, es seguro que los cuatro tipos que se hacen llamar The Cosmic Dead hubieran preferido vivir en Düsseldorf y en los años setenta. Al menos, eso sugiere una discografía en la que abundan las explosiones eléctricas, los drones cocidos a fuego lento, las largas cabalgadas por el espacio exterior y los guitarrazos salvajes. “Easterfaust”, su cuarto disco (aparte de algún split, algún álbum en directo y las inevitables cintas de casete), insiste en esa estética con dos largas suites, una por cada cara del vinilo, que se van más allá de los veinte minutos. La cara A comienza perdida en una nebulosa espacial, una masa de aire inerte en la que apenas sobresale una voz que repite una frase a modo de mantra obsesivo (un poco como unos Popol Vuh sumergidos en un baño de distorsión y polvo cósmico, para entendernos), hasta que todo estalla en un torbellino de guitarras ácidas y ritmos metronómicos, que recuerda poderosamente a Hawkwind. Un torbellino que se traslada a la cara B, aunque relajando la velocidad para aumentar las propiedades hipnóticas. Una gozada, es decir.

 

DJ Kaos

DJ-Kaos  

DJ Kaos

Swoop

Jolly Jams

 

 

Con el berlinés Dj Kaos sucede que cada nuevo maxi es una sorpresa; igual se inventa un clásico instantáneo de disco funk (“Love the nite away”), que se acerca a la new wave (“From inside”) o le da al electro (“Keep on moving”), todo con buen gusto y saber hacer. Tengo que reconocer, sin embargo, que a mí cuando más me gusta es cuando le da por la kosmische: el ya lejano “Kosmischer ruckenwind” era un homenaje nada encubierto a Manuel Göttsching, aliñado con un ritmillo house de lo más aparente. Y “Swoop”, casi cinco años más tarde, recorre esa misma senda, añadiendo por el camino algunas percusiones tropicales (eso es lo bueno) y algún macropunteo con demasiadas querencias por el prog rock (eso es lo malo), hasta alcanzar los catorce minutos de viaje espacial. La cara B contiene dos remezclas más orientadas a los clubes –con mayor protagonismo de bajos y ritmos, es decir–, pero la auténtica chicha está en tema original.

 

Gnod

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Gnod

The somnambulist tale

Aguirre

 

 

A estas alturas, cualquier aficionado a la cosa cósmica debería conocer a Gnod, un colectivo mutante con base en Manchester, capaz de levantar intensas sinfonías psicodélicas en las que se dan la mano ritmos motóricos, sintetizadores obsesivos, nubes de electricidad estática y oscuros acercamientos a la electrónica; todo regado con mucha irreverencia y con mucho humor de trazo grueso. Sus discos han ido haciéndose más complejos y enrevesados con el paso del tiempo –ahí están el estupendo "Ingnodwetrust" (11) y los dos volúmenes de "Chaudelande" (12) para demostrarlo–, pero existió una primera época en la que también eran capaces de desarrollar una visión onírica y meditativa. “The somnambulist tale” se publicó por primera vez en casete en 2008, pero ahora el sello belga Aguirre lo recupera en vinilo, en una versión editada y remasterizada. La mejor manera de rendir tributo a estas dos piezas que crecen ancladas a un loop hipnótico; un eje alrededor del que giran todo tipo de percusiones deslavazadas, improvisaciones de guitarra, drones atmosféricos, extrañas grabaciones de campo y conversaciones lejanas. Un collage misterioso y absorbente, a medio camino entre los Popol Vuh más místicos y los primeros discos de Klaus Schulze.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com