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Íñigo Ugarteburu

Un universo aparte

 

Vidal Romero

Fotos B/N Arash Fattahi

 

Si existe un disco que se ha salido de la norma dentro de la cosecha nacional de este año, ese ha sido “For the unknown” (Foehn, 13). El segundo álbum de Íñigo Ugarteburu en solitario es un artefacto misterioso y onírico, un universo aparte, en el que se mezclan tradición y modernidad, en el que conviven guitarras de aire medieval con grabaciones de campo, instrumentos acústicos con derivas electrónicas y estructuras minimalistas con improvisaciones jazzísticas. Todo cosido con un amor y una delicadeza ejemplares; lo que explica que una canción como “Homing” se vaya más allá de los quince minutos, pero parezca que dura un suspiro, o que el propio “For the unknown” se haya alzado hasta la décima posición en nuestra lista de discos nacionales de 2013.

 

Tampoco debería pillarnos de nuevas. El primer disco de Ugarteburu, “Back&forth” (12), ya avisaba de que nos encontrábamos ante un compositor inusual dentro de la escena española. Su extraña mezcla de folk, jazz y post-rock, sus referencias nada veladas al minimalismo y la música antigua, confluían en un cancionero tan arriesgado como imperfecto: un primer asalto que sirvió a nuestro hombre para medir las fuerzas y para comprobar que podía escribir canciones fuera de la estructura de Café Teatro, la banda que le había arropado durante más de seis años, y a la que tuvo que abandonar en 2005, cuando se mudó a Inglaterra. “Dejé de componer y tocar durante una larga temporada”, explica a vuelta de correo. “Era una época en la que no paraba de escuchar a John Fahey y a la familia de Takoma Records. Seguía consumiendo otros tipos de música, pero después de varios meses escuchando proyectos centrados en investigaciones sonoras, frecuencias extremas, el silencio, la electroacústica o el minimalismo, tropezar con Fahey –que además resumía todas esas músicas que me tenían fascinado, utilizando un instrumento como la guitarra- supuso una revelación. Me atrapó de tal manera que tuve que seguir sus pasos; me tenía hechizado, me sentía como una ratilla corriendo tras la flauta de Hamelín. Por entonces mi otro Hamelín era Terry Riley: eso es lo que escuchaba mientras daba forma a los primeros bocetos de ‘Back & forth”.

 

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Tengo la impresión de que “Back & forth” es un disco en el que había tantas ideas volcadas, tanta ambición, que en el cómputo final flotaba una cierta sensación de dispersión. Que el disco parecía más una colección de canciones que un conjunto unitario.

Escribí “Back & forth” entre parones muy largos y, como bien dices, se trata de una colección de canciones que refleja un recorrido largo. Los temas pertenecían a épocas distintas y quería que las muchas músicas que había descubierto durante todos esos años estuviesen presentes en el disco. Eso sí, los arreglos los trabajé todos al final del proceso, con la intención de construir un guión que encajase con la historia que quería contar: “Back & forth” es una especie de diario musical, que recoge muchos años de mi vida.

 

En ese sentido, ¿crees que el hecho de haber contado con un arsenal de músicos, ingenieros y colaboradores puede tener algo que ver con esa dispersión? ¿Qué al dialogar con tanta gente distinta se abrían demasiados caminos y posibilidades?

Más bien creo que está directamente relacionado con el tiempo transcurrido en el proceso de creación del disco. Viene a ser un poco un “best of” de posibles EPs que nunca llegué a grabar.

 

Me llama mucho la atención que alguien que estaba dispuesto a publicar un trabajo en solitario se rodeara de tanta gente para su primer disco ¿Te ves como una especie de director de orquesta, o de productor a la manera antiguo?

Trabajar con otra gente es algo que considero fundamental, que me empuja a seguir haciendo música. Disfruto mucho las colaboraciones porque me permiten explorar el proceso de producción de un disco, que es una cosa que me encanta y que hasta ahora sólo he podido hacer con mi propia música. Cuando tocas solo no tienes a nadie a quien escuchar, aparte de a ti mismo y a la sala donde estás tocando. No es algo malo ni aburrido, pero a mí me ha costado disfrutar de ese proceso. En cambio, cuando tocas en una banda el local de ensayo es el lugar en el que haces los ‘edits’, el sitio en el que vas probando distintas posibilidades con tus compañeros de banda, en el que se va decidiendo y se va componiendo. Ese es un proceso que yo ahora mismo no puedo seguir, y el resultado es que tengo la cabeza llena de ‘edits’, pero en muchas ocasiones no tengo la oportunidad de probarlos hasta entrar al estudio. Y hay veces que funcionan y hay otras que no. Por eso el proceso de grabación y mezcla de mis discos es tan largo, a veces agotador; porque soy de los que prefiere añadir y seguir añadiendo para luego empezar a quitar, aunque eso signifique que existan arreglos que no lleguen a utilizarse. 

 

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¿Dejas libertad a los músicos que tocan contigo, o eres más del modo “dictador”, dejando claro qué es lo que quieres y cuándo lo quieres?

La base de los temas es casi siempre lo primero que grabo, así que la estructura de la canción está cerrada. Pero hay momentos en los que los músicos tienen margen para la improvisación y otros en las que los arreglos tienen que ser fieles a las maquetas o a las melodías asignadas para esos instrumentos.

 

Hablemos de influencias: ya has comentado que en “Back&forth” el minimalismo era una influencia importante, y creo que es algo que se nota todavía más en “For the Unknown”, que está repleto de estructuras circulares, de elementos que se repiten, mientras otros van aportando pequeñas variaciones.

Escucho muchos tipos de música, pero es cierto que normalmente una de las características que más me atraen dentro de los distintos géneros es la repetición, ya se trate del minimalismo neoyorquino de los sesenta y los setenta o de piezas de tradiciones folk del Oeste de África, por mencionar algunas músicas en las que la repetición se ha utilizado bien y de manera justificada.

 

Hay también un aire clásico que flota en todo “Fort he unknown”. Por ejemplo, a mí el comienzo de “Miradas” me recuerda a la música tradicional del Ampurdán, de Jordi Savall a Pascal Comelade. Me gusta esa valentía de partir del folklore español y llevarlo a territorios contemporáneos. ¿Por qué crees que es un recurso tan poco explotado entre los artistas de aquí?

Supongo que tiene que ver con la inquietud de cada uno. En mi opinión, no tiene mucho sentido intentar repetir algo hecho con anterioridad, sobre todo si en la mayoría de los casos tiene más calidad de lo que tú vas a poder conseguir jamás. Hay que ser honesto con uno mismo, intentar sacar lo mejor de uno mismo sin perder el respeto por lo ya creado, pero siempre con la mirada puesta en la evolución. Estamos viviendo una época histórica en cuanto a acceso a música, y no me refiero a la inmediatez de poder escuchar un disco de una banda emergente de un pueblo remoto de Italia, sino a todas esas décadas de música local que ahora podemos escuchar gracias a proyectos de historiadores y musicólogos como Alan Lomax.

 

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“From the unknown” está producido por Todd A. Carter en Chicago, y cuenta con varios colaboradores de altura, como Joshua Abrams, Brent Gutzeit, Michael Hartman, Frank Rosaly… ¿Por qué irse a Chicago a trabajar con esos músicos? ¿Cuál es la historia?

Se le ocurrió a Todd después de escuchar “Back & forth”, y a mí, que me gusta plantear cada disco como una experiencia nueva, me resultó irresistible. A Todd le conozco desde que grabó un disco de Café Teatro, “Burga” (04). Lleva muchos años trabajando como artista sonoro y tiene una sensibilidad especial para las grabaciones de campo, que es un elemento que yo había utilizado antes, pero no con tanta intensidad y presencia como en "For the unknown". De hecho, han terminado siendo un instrumento más dentro del disco gracias a Todd, que ha incorporando su sello propio, abriendo las puertas a una línea de trabajo en la que luego han resultado claves Xabier ErkiziaYannick Dauby. Aunque en el caso de Yannick ha sido una cesión más que una participación directa, porque me dio permiso para utilizar las grabaciones que había publicado en uno de sus discos, “La Rivière Penchée” (04), para incorporarlas a “Homing”, un tema en el que también hay grabaciones de Xabier y de Todd. Por otro lado, me gusta que los ingenieros de mis discos sean músicos que provienen de la electroacústica. El sonido es algo que me interesa tanto como la musicalidad en una canción, y trabajar con gente como Todd o John Hannon [de Liberez, uno de los ingenieros que grabaron “Back & forth”] ha resultado de gran ayuda en ese sentido.

 

¿Y cómo se fueron sumando los otros músicos? ¿Fue también cosa de Carter?

Cada día, después de trabajar en el estudio, Todd me llevaba a ver algún concierto del circuito de jazz e improvisación de Chicago. Todd es una persona respetada y conocida en esa escena, y me fue presentando a muchos de los músicos que íbamos a ver. Gracias a su ayuda y a la de Joshua Abrams acabé contando con nueve músicos de la ciudad en el disco. A mí me gusta tener todo bien pensado y atado antes de empezar a grabar, pero esta situación me obligó a dar un paso atrás, a no obsesionarme por llevar la tarea acabada antes de entrar al estudio y confiar en que podría volver a casa con un disco terminado. Al final, he aprendido mucho de la experiencia porque me ha dado la oportunidad de centrarme más en las tareas de producción y de disfrutar de lo que más me gusta en la música: escucharla.

 

Teniendo en cuenta a todos esos participantes, y escuchando el resultado final del disco, imagino que la improvisación jugaría un papel importante. Pero ¿cuál fue el punto de partida? ¿Llevabas bocetos de los temas, o todo se hizo allí, en el estudio?

Desde el momento en el que hablé con Todd acerca de pasar un par de semanas en Chicago e intentar reunir a músicos locales para sacar adelante el disco todo fue muy intenso y enriquecedor. Cuando volé a Chicago no tenía ni idea de quien acabaría tocando en el disco, así que tenía que estar abierto a cambios de planteamiento en función de los músicos que participasen, ya que las únicas confirmaciones eran las de Joshua Abrams al contrabajo y Todd como ingeniero de sonido. Por eso, aunque llevaba las maquetas y melodías conmigo, muchos de los detalles y dinámicas de las canciones surgieron como fruto del trabajo en el estudio.

 

Por cierto, ¿cómo conseguiste trasladar a los músicos de Chicago ese aire a folk mediterráneo que impregna todo el disco?

Grabamos el disco en verano, y entre el buen tiempo y mi acento espanglish, creo que los músicos llegaron a creer de verdad que estaban en España. En serio, creo que el poso de la guitarra clásica tiene mucho que ver. Así como la guitarra acústica y banjo de “Back & Forth” están más relacionado con el folk-blues americano, la guitarra de cuerdas de nylon está muy presente en la música del mediterráneo. 

 

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Ya que estamos con el tema, ¿cómo sueles escribir tus canciones? ¿Comienzas con la guitarra y a partir de ahí vas evolucionando, o los caminos pueden ser muy distintos?

Creo que todo lo que uno escucha y experimenta es fuente de inspiración. Depende de la naturaleza del proyecto, pero en los dos discos que he publicado hasta la fecha las canciones nacen de experiencias personales y la guitarra ha sido normalmente el punto de partida. Pero ahora acabo de terminar la banda sonora de “Homing”, una película de danza dirigida por Xabier Iriondo y coreografiada por Marina Mascarell, en la que he podido trabajar de otra manera, dejando la guitarra en un plano más secundario.

 

Después de Chicago, “From the unknown” se ha ido puliendo en Euskadi y en Londres. ¿En qué ha consistido ese proceso de post producción?

El grueso del disco ya lo traía de Chicago, pero después de tocar en el festival Nokodek, en el que también participaba Xabier Erkizia, nos empezamos a poner al día y terminamos en el estudio, viendo cómo podríamos potenciar los aspectos del disco relacionados con la electrónica y las grabaciones de campo. Xabi es un gran amigo, con el que ya había trabajado en Café Teatro y en A4, así que todo fue muy sencillo: después de esa sesión de estudio se llevó la tarea a casa, y con la delicadeza que le caracteriza incorporó grabaciones suyas, aparte de llamar a Alex Mendizabal para “Homing” y a André Gonçalves para “Tomodachi”. Me encanta que en el disco resulta difícil distinguir las aportaciones de TV Pow, Yannick y Xabi, hasta el punto de que muchas veces no sabes quién es quién. La última incorporación fue la de otro gran amigo y cafetero, Iban Urizar, que también colabora en “Homing”. 

 

Siempre he tenido la impresión de que Xabier Erkizia es un músico al que en España no se le valora como se merece.

Xabier ha hecho mucho, pero que MUCHO por la música y por los músicos en Euskadi. Con iniciativas como el Festival ERTZ y su Audiolab de Arteleku ha enriquecido y abierto puertas a mucha gente inquieta, entre la que yo mismo me incluyo. Todavía recuerdo mi primer concierto de Francisco López, en el año 2000. Cambió por completo lo que hasta entonces entendía por música, y es algo que se extiende a los conciertos del Festival ERTZ o a todos los talleres que Xabier organizó, con gente como Oren Ambarchi, TV Pow o Toshimaru Nakamura. Todos estos eventos salieron adelante gracias a la iniciativa de Xabi, y éste es uno de sus muchos éxitos. Además, como él mismo decía hace poco en una entrevista, “estoy seguro de que mi éxito es tu fracaso”.

 

¿Tienes planes para llevar este disco al directo?

Van saliendo cosillas. Normalmente suelo tocar solo, pero seguro que habrá oportunidades para llevar el disco al directo con un formato de banda. Por ahora hay un par de conciertos confirmados que me hacen especial ilusión. El primero será el 27 de enero en el Café OTO, como parte de la visita a Londres del festival Substrata. Tocaré la banda sonora de la película “Homing”, mientras ésta se proyecta, con ayuda de un pequeño ensemble de 5 músicos. Y el 8 de marzo estaré en Barcelona, con  la gente de 4’ 3’’, aunque en esta ocasión tocaré solo.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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