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Seefeel

En el corazón mismo del sonido

 

Vidal Romero

 

Del ocho al diez de noviembre se celebra el Festival Mira Digital en la Fabra i Coats y la sala Razzmatazz de Barcelona. Tres días de música electrónica y arte multimedia donde podremos disfrutar de conciertos y sesiones de artistas como Tangerine Dream, Yves Tumor, The Bug, Gaika, Objekt, Aïsha Devi, Atom Tm, Avalon Emerson, Rival Consoles o Eartheater con audiovisuales de gente como Michael Guidetti, Nicolas Jaar con su proyecto ¡Miercóles!, Emili Barret, Ezra Miller (el de Evian Christ y Oneohtrix Point Never, no el actor que hace de Flash), Michael Guidetti y muchos más, pero si hay una actuación que brilla por encima de todas es la de la banda británica Seefeel tocando su mítico “Quique” (Too Pure, 1993) con las visuales de Dan Conway. Vidal Romero recupera la entrevista que hizo a Mark Clifford en 2010 y su revisión de uno de los mejores discos de la década de los noventa.

 

Para todos los que pintan ciertas canas (los que andamos bien entrados en la treintena, es decir), no ha existido una época más intensa en el mundo del indie que los primeros años de la década de los noventa. Casi cada semana aparecían bandas que parecía que iban a cambiar la historia: que saltaban entre géneros con soltura, que concebían estilos nuevos sobre la marcha, que mezclaban instrumentos, sonidos, estéticas y recursos sin miedo al fracaso o al ridículo. Una de aquellas bandas, una de las más míticas, fue Seefeel, una pandilla de visionarios capaz de contaminar un pop de guitarras dulce y cálido con ambient de grano grueso y electrónica de aires inteligentes. Incomprendidos en su momento, venerados después por cientos de bandas que han intentado reproducir su mágico sonido sin éxito, acaban de anunciar que vuelven a la vida. Demos gracias al cielo.

 

Criado en Londres, al calor de Cocteau Twins y Sonic Youth, "las dos bandas más importantes en mi vidal", Mark Clifford pasó por varios proyectos "sin relevancia" antes de publicar un anuncio buscando compinches en una revista musical. Amanecía el año 1992 y la intención del futuro cantante y guitarrista de Seefeel era seguir los pasos de nuevos alquimistas del pop como My Bloody Valentine, así que dio preferencia "a personas de mente abierta, con las que me sintiera a gusto, antes que a músicos brillantes". Una decisión que alargó el proceso, "casi seis meses tardamos en juntarnos todos", pero que también permitió a una banda que completaban Sarah Peacock (guitarras, voz), Daren Seymour (bajo) y Justin Fletcher (batería y programaciones) desarrollar una personalidad propia con mucha rapidez. "Al principio utilizábamos estructuras más convencionales, cercanas incluso al formato 'clásico' de canción pop, pero pronto nos dimos cuenta de que estábamos constreñidos por esas estructuras y decidimos dejamos llevar", permitiéndose "la libertad de probar cualquier cosa, inspirados por la actitud de algunas bandas de rock y electrónica que estaban surgiendo en aquel momento, pero también por cosas más antiguas, como Kraftwerk o Neu!".

 

Parte de aquella libertad pasaba por utilizar herramientas propias de la música electrónica, como samplers y cajas de ritmo, dentro de un contexto claramente rock. "La mayoría de nuestras canciones están escritas en el estudio", señala Clifford, "pero los primeros tiempos de la banda los pasamos tocando dos o tres veces por semana, un mes tras otro, así que la dinámica de tocar en directo estaba profundamente arraigada en nuestro sonido, incluso cuando estábamos en el estudio". Además, y "a pesar de su aparente naturaleza, nuestra música es en el fondo muy sencilla, así que resulta mucho más fácil de trasladar al directo de lo que muchos creen". A fin de cuentas, "no se trata de lo bien que tocas tu instrumento, sino de cómo lo utilizas".

 

 

UN NUEVO SONIDO

Esa última sentencia explica también la enorme diferencia de calidad que existía entre Seefeel y otras bandas que se movían en territorios cercanos, llámenlos shoegaze, dream pop o como quieran: para Clifford y los suyos la búsqueda de un sonido propio estaba ligada de manera intrínseca a la escritura de las canciones. "Algo que asumimos desde el primer momento", explica, "es que sólo debíamos utilizar efectos cuando fuera estrictamente necesario. De hecho, nunca he entendido a esas bandas que utilizan los efectos sólo para que su sonido parezca más 'inteligente' o 'complejo'. En Seefeel, todos los sonidos y efectos que escuchas son importantes en el conjunto de la canción. Por eso, jamás añadíamos efectos a las guitarras durante el proceso de mezcla, y del mismo modo, si hubieras eliminado alguno de los efectos de guitarra, entonces la canción habría desaparecido". Una estética que afectaba a todo el proceso de producción: desde esa concepción de la canción como una extensión de la alquimia de sonidos hasta el trabajo de mezcla final, "la parte a la que dedicábamos más tiempo, la que más nos consumía", pero también la que conseguía que las canciones sonaran a fondo marino, a burbuja acuática a punto de desplomarse. "Hubiera sido mucho más sencillo situar los ritmos en el primer plano y hacer la música más inmediata", reconoce Clifford, "pero precisamente esa era la mejor razón para no hacerlo. Y sigo pensando que es gracias a esas sencillas decisiones por lo que las canciones tienen un desarrollo emocional intenso, una sensación de estar sumergidas. Y me alegra, porque nuestra intención era arrastrar al oyente al corazón mismo del sonido", de un nuevo sonido.

 

 

PURO, IMPURO

"Grabamos unas cuantas canciones y las enviamos a varios sellos que nos gustaban", prosigue Clifford. Uno de aquellos sellos era Too Pure, el mismo que había descubierto a PJ Harvey y a Stereolab, el hogar de proyectos tan extravagantes como Moonshake, Th' Faith Healers o Pram. "Nos respondieron de manera inmediata, ofreciéndose a publicar nuestras canciones. Todavía resulta un poco extraño, sobre todo si piensas en las otras bandas del sello, pero creo que en el fondo eso refleja la apertura de mente que tenían los dueños. Recuerdo a Paul (Cox, uno de los socios de Too Pure) diciéndonos 'nos gusta de verdad lo que hacéis, pero somos incapaces de explicar por qué'". El caso es que a principios de 1993, menos de un año después de su formación, Seefeel entraba en el estudio a grabar su primer EP, "More like space", cuatro canciones de pop emponzoñado y borroso, en el que se superponían loops minimalistas, ritmos sencillos y guitarras vaporosas tratadas con efectos de grano grueso. Una estética que se ampliaría en meses sucesivos con otros dos maxis, "Plainsong EP", cuya canción titular es lo más parecido a un éxito que ha tenido nunca Seefeel, y "Time to find me", con dos remezclas de Aphex Twin que terminaron por colocar a la banda en los radares de los aficionados al techno y la música electrónica, un público que terminaría por adoptarles.

 

"Estoy convencido que Richard D. James nos ayudó a crecer", reconoce Clifford. "Él ya era muy conocido, y además dedicó muchos días a trabajar en nuestras remezclas, porque no quería destruir el espíritu de las canciones originales. Así que, por supuesto, mucha gente que seguía su carrera se interesó lo suficiente como para buscar más música nuestra". Por separado, o reunidos en el revelador "Polyfusia" (Astralwerks, 94), esos tres maxis representan una versión cruda de Seefeel, en la que todavía faltaban por refinar algunos detalles acerca del sonido y la producción, pero que ya avanzaba la grandeza de su debut en largo, el majestuoso "Quique" (Too Pure, 93).

 

 

IMPERIAL

Pocas palabras describen mejor ese disco que las que Simon Reynolds escribió para The Wire: "Seefeel hacen sonar las guitarras como si fueran samples, los sintetizadores como si fueran coros, las voces como si fueran secuenciadores". Seefeel, en fin, llevaban su particular sonido hasta el mismo límite de la licuefacción, envolviendo toda la instrumentación en una cálida maraña en la que todo parecía reconocible, pero al mismo tiempo deliciosamente difuso. "Habíamos aprendido mucho acerca de los estudios de grabación, y también éramos mucho más conscientes acerca de lo que queríamos", recuerda Clifford, "así que desarrollamos una ola de creatividad en la que todo funcionaba bien. Fue un periodo muy intenso para la banda", un momento en el que hasta las ideas más complicadas cristalizaban. "La escritura de canciones resultó sorprendentemente rápida, excepto en casos como 'Climatic phase' o 'Plainsong', cuya construcción nos llevó días y días a causa de la naturaleza primitiva de los ordenadores y samplers que había entonces, y de los cientos de edits que utilizamos en cada una de ellas". Pero más allá de esos detalles "todas las canciones del disco funcionan buscando un equilibrio entre las voces y las guitarras, dejando que un bajo poderoso y grave sujete todo el conjunto. Es una idea muy simple, que reforzamos durante la grabación mediante algunas reglas: nada de redobles de batería, nada de usar sonidos que no fueran importantes, cambios en las guitarras muy limitados, cosas así. Fue siguiendo esas reglas como conseguimos mantener un hilo invisible que atraviesa todo el disco".

 


VIOLENCIA

Tras la edición de "Quique" la popularidad de Seefeel alcanzó su punto más alto. Las giras se sucedían sin cesar y toda una institución como Warp llamó a las puertas de la banda, que no dudó en mudarse de casa. "Tenían una visión muy clara de lo que estaban haciendo y podían ayudarnos a crecer de un modo que no estaba al alcance de Too Pure. Además, teníamos varios amigos en Warp, así que parecía un buen hogar".

 

La mudanza trajo consigo un viraje hacia territorios más electrónicos, como demuestran el EP "Starethrough" (Warp, 94) y el segundo disco de la banda, "Succour" (Warp, 94). Una sensación "bastante generalizada", según Clifford, aunque él no la comparta. "Es cierto que los ritmos son rígidos y están muy cuantizados, pero la mayoría de las guitarras están grabadas en directo. Así que en el fondo es la atmósfera lo que hace parecer al disco como más electrónico, porque utilizamos samples mucho más fríos y menos 'humanos'. A un nivel de sonido y producción, sin embargo, no hay muchas diferencias respecto a 'Quique'. Incluso es más sencillo en términos de grabación, porque un tema como 'Fracture', por ejemplo, está construido con sólo cinco elementos". Lo que sí acepta Clifford es la definición de "Succour" como un disco violento, "una circunstancia que se debe al estado de humor en el que me encontraba. No violento hacia la gente", puntualiza, "sino una violencia abstracta, debida a que me sentía hundido. Estaba cansado de tantas giras, había descubierto que no me gustaba vivir así. Así que cuando empezamos a grabar de nuevo mi cabeza estaba llena de ruido, desenfocada, repleta de una extraña energía que terminó traspasándose a la música".

 

 

FRACTURA

Incomprendido en su momento, "Succour" recibió muchos varapalos a un nivel crítico, algo que no ayudó demasiado a una banda que se hallaba en punto muerto. Para liberar tensión Mark Clifford comenzó a trabajar en un proyecto en solitario, Disjecta, mucho más orientado hacia las abstracciones electrónicas. Su primer disco, "Looking for snags" (Warp, 95), apareció a finales de aquel año, y de algún modo supuso el final anticipado de la banda. "En realidad, yo no quería parar", explica Clifford, "pero me sentía cansado de la industria musical. Cuando hicimos el tour con Spiritualized comprendí que no podía seguir con aquel tipo de vida más tiempo. Por eso me dediqué a hacer música en solitario, para limpiar todas esas sensaciones, y es también posible que por razones parecidas Sarah, Justin y Daren quisieran probar algo diferente", puntualiza, posiblemente en referencia a Scala, el proyecto que sus tres compañeros montaron junto a Mark Van Hoen (aka Locust), y que produjo tres discos y un puñado de EPs entre 1996 y 1998.

 

La última acción que realizó la banda antes de su desaparición ("en realidad, nunca nos separamos de un modo formal", señala Clifford) fue la producción de "Ch-vox" (Rephlex, 96). Lo que siempre se ha considerado como el tercer disco de la banda era en realidad "una colección de ideas que quedaron en el tintero durante la grabación de 'Succour'. Cuando Richard hizo las remezclas de 'Time to find me', le prometimos que a cambio grabaríamos un EP para su sello. Nunca pretendimos que fuera un álbum, era sólo un regalo para un amigo". Sea como sea, el testamento sonoro de Seefeel es un disco de una negrura insondable, un disco de atmósferas aislacionistas, capaz de poner los vellos de punta. Se iban, sí, pero por la puerta grande.

 

FALTAS

Ni Scala, una versión más accesible y depurada (también menos inspirada) de las ideas desarrolladas en Seefeel, ni January, incomprensible inmersión de Sarah Peacock en un pop colorista y saltarín, llegaron siquiera a rozar el éxito. Y lo mismo puede decirse de Sneakster, proyecto de electrónica sedosa con chica frágil al frente, tan breve como inofensivo, con el que Clifford llamó a las puertas de la fama. Tampoco las escasas referencias que ha publicado como Disjecta o los experimentos que ha realizado junto a outsiders como Simon Kealoha, Zavoloka o Mira Calix le han ayudado a vivir de la música, así que el retorno de Seefeel no debería sorprender a nadie.

 

Editado en un momento en el que la música independiente parecía desbordarse en multitud de direcciones, "Quique" fue el primer disco capaz de abrir una grieta entre el pop de guitarras, el ambient de grano grueso y la electrónica de aires inteligentes. Un disco majestuoso e inagotable, que acaba de ser reeditado en versión de lujo, con un segundo compacto cargado de inéditos y rarezas.

 

Seefeel

Quique

Too Pure

 

Para los indies de a pie, 1993 comenzaba con la mejor perspectiva imaginable. El año anterior, y a cuenta de la resaca que habían provocado dos obras de tanto calado como "Loveless" y "Screamadelica", la escena bullía en multitud de direcciones: ahí estaban shoegazers como Slowdive, Medicine o Pale Saints, emponzoñando bonitas melodías con nubes de feedback; ahí estaban los futuros paladines de la electrónica, Aphex Twin, Autechre, LFO, buscando un lugar en el mundo; ahí estaban bichos raros como Moonshake, Stereolab o Rollerskate Skinny, poniendo las primeras piedras de lo que luego sería el post-rock. La mezcla de géneros y sonidos se había convertido en algo no sólo habitual, sino también deseable, y todas las semanas acudíamos a las tiendas de discos buscando nuevas bandas que sacudieran nuestra manera de ver la música, que ampliaran nuestro pequeño horizonte.

 

A ese bosque de orejas aguzadas trajo alguien un disco de portada azul, que lucía el logotipo de Too Pure en la parte trasera. Las sensaciones eran buenas, porque el sello demostraba con cada disco un olfato envidiable, y gente del calibre de Stereolab, Moonshake, PJ Harvey o Th' Faith Healers había dado sus primeros pasos allí. Yo estaba en casa de un amigo cuando alguien soltó la aguja sobre el vinilo, cuando se produjo el momento mágico y "Climatic phase #3" comenzó a sonar: bucles circulares de guitarra, ritmos fuera de compás, un bombo a negras ralentizado y, de repente, un bajo encallado en una frase de aire psicodélico. Luego iban entrando más capas de guitarra y voces sampleadas, el ritmo se hacía más denso y todo devenía en un mantra. "Polyfusion", justo después, doblaba la apuesta por lo hipnótico al introducir guitarras que chirriaban y voces que desgranaban una letanía, una estrategia que también podía leerse en el fondo de la majestuosa "Industrious" y en esa piscina de reverberaciones que es "Imperial". Para cuando pusimos el segundo vinilo y comenzó a sonar "Plainsong", la CANCIÓN en mayúsculas de Seefeel, ya estábamos abducidos. Teníamos delante, en fin, una banda destinada a servir de bisagra entre varios mundos diferentes: los indies podían agarrarse a las dulces melodías y las voces angelicales, los aficionados al ambient se reconocían en esas texturas que parecían deshilacharse, había rastros de shoegaze, de intelligent techno y hasta de dub ("Filter dub", con ese bajo abisal, daba lo que su título prometía). Seefeel eran como un compendio de todo lo interesante que estaba sucediendo en Inglaterra en 1993: la historia, congelada en un doble vinilo.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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