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Parade

A la emoción por la imperfección

 

Javier Burgueño 

 

Fotos Mario García

 

Parade (Antonio Galvañ) está de vuelta, algo que siempre es motivo de alegría en esta casa. “Demasiado humano” (Jabalina, 2016), su octavo álbum, supone la vuelta a un sonido mucho más sintético tras varias entregas en las que primaba cada vez más lo orgánico. De sintetizadores e imperfección, de Prefab Sprout y Aviador Dro, de todo eso y de mucho más hablamos con él antes del concierto que le traerá a Barcelona el próximo sábado 16 de abril dentro del III Cicle Indiscret.

 

Tras haber grabado tu álbum más orgánico a la hora de grabar “Demasiado humano” recuperas un sonido más sintético, algo así como una vuelta a tus inicios. ¿A qué se debe el cambio de rumbo?

A que los discos nuevos que hago son siempre reacción al anterior. Me sumerjo una época en determinado tipo de sonido y cuando sale el disco encuentro difícil volver a esos parámetros, busco algo distinto. En este caso, alejarme del romanticismo acústico de “Amor y ruido”.

 

¿Podríamos decir que este disco es menos romántico que “Amor y ruido” o se trata de un acercamiento distinto al tema?

Es menor romántico de manera consciente. Era uno de los supuestos de partida al hacer “Demasiado humano”. Por eso las letras se alejan de ese ámbito.

 

 

En la entrevista de “Amor y ruido” me comentabas que el amor y la política eran dos de las patas que lo sustentaban. ¿Cuáles serían las patas que sustentan “Demasiado humano”?

Sintetizadores e imperfección. Intentar emocionar a través de las máquinas. Aquí la intención de diferenciar se basa especialmente en la producción. En cuanto a letras, no encuentro ningún nexo común a todas, más allá de las  constantes habituales de amor por el subgénero en todas sus formas.

 

Aunque cambies el rumbo aún tienes un momento para guiñarle un ojo a la vena melódica italiana de tu anterior disco con “Laser”.

Sí, es cierto. Laser debe bastante al italo disco de los ochenta. Cuando en otros discos la influencia era de la música melódica de los sesenta, con Gino Paoli y Lucio Battisti como referencia, en este he avanzado unas décadas, pero no he dejado Italia.

 

En “Johnny Ramone, agente de la KGB” (una genial vuelta de tuerca a lo reaccionario de este hombre en mi opinión) incluyes citas a “Goodbye Lucille #1” de Prefab Sprout. ¿Te sientes influenciado por Paddy McAloon de alguna manera? ¿Qué opinas sobre su música?

Paddy McAloon y Prefab Sprout son ídolos, exponentes de una manera de hacer canciones que es complicado de encontrar en estos días. Han sido elegantes y exploradores, comerciales y experimentales al mismo tiempo, respetando la tradición pop y creando nuevas formas a partir de ella. En mi opinión, solo Sondre Lerche y quizá Jens Lekman se les acercan en la actualidad. Soy fan de Prefab desde “Steve McQueen”, que me impactó profundamente, de ahí el homenaje.

 

La soledad es inherente a muchas de tus canciones, incluso los robots se sienten solos. ¿Crees que el avance tecnológico nos dirige irremediablemente hacía la soledad?

No creo que los avances tecnológicos nos hagan más solitarios. Me parece lo contrario. Incluso internet ha servido para poner en contacto a miles de personas con gustos afines pero muy alejados entre ellos espacialmente. Otra cosa es que algunos utilicen internet para evitar el contacto físico y personal con otros individuos.

 

Una curiosidad personal, ¿de dónde has sacado los samplers del metro de New York y en qué te basaste para escribir la canción?

Pues de grabaciones de campo disponibles en internet. No son complicadas de encontrar y están a disposición de todo el mundo en webs dedicadas. En cuanto a la canción, es una relectura de la película de 1979 “The Warriors”, dirigida por Walter Hill. Unos pandilleros son acusados injustamente de asesinato y tienen que volver a su territorio perseguidos por las demás bandas de Nueva York. Me ha fascinado desde siempre y su visionado es uno de los recuerdos más vívidos de mi adolescencia. Esas películas de acción a las que ibas con tu pandilla y de las que salías eléctrico y encendido, dando patadas e imitando las posturas y los diálogos de los actores.

 

 

¿Por qué “demasiado humano”? En estos tiempos parece ser que como sociedad tendemos más hacia lo contrario, a ser demasiado inhumanos. ¿Acabarán siendo los robots más humanos que los propios humanos?

Tiene que ver con lo que te he contado antes, de cómo la imperfección nos hace humanos. De cómo un instrumento analógico suena muchas veces más cálido que uno digital porque en su sonido hay irregularidades imposibles de imitar por estos últimos. Y, por supuesto, por la certidumbre de que en el futuro, cuando alcancemos la singularidad (en 2045, según el profeta Ray Kurzweil) nos fusionaremos con la tecnología y las inteligencias artificiales serán imposibles de distinguir de los humanos.

 

Una virgen resplandeciente con un tercer ojo en la frente (no me puedo sacar de la cabeza el pez de tres ojos de “Los Simpsons”), de nuevo me encuentro cargas de profundidad políticas en tus letras. ¿Es “Cementerio nuclear en la pequeña ciudad” una crítica al todo vale de algunos políticos y empresarios?

Es la canción costumbrista del disco. Pero de un costumbrismo radiactivo porque está mezclado con la provocación que había en Nuclear, sí de Aviador Dro. Trata de una ciudad pequeña en decadencia por la crisis en la que no importa bañarse en radioactividad en tal de que haya otra vez trabajo y grúas construyendo en el horizonte. La crítica, si la hay, es bastante general, nos concierne a todos.

 

Aparte de las cabezas de Philip K. Dick e Isaac Asimov, ¿qué otras cabezas te gustaría conseguir para adquirir sus conocimientos?

En realidad, de lo que trata la canción es de la huella que te dejan determinados autores o directores al leer sus libros o ver sus películas. Si lo han hecho bien, las ideas que exponen, su visión de la realidad te empapa y durante un tiempo no puedes ver las cosas de otra manera. Esa es la “cabeza” de la que hablo en la canción. Somos las huellas de lo que hacemos, vemos y leemos.

Esto también ocurre con la música, por supuesto. En mi caso, es difícil librarse de las huellas que te dejan Lennon y McCartney, Brian Wison, Battisti y Paoli, Kraftwerk y ABBA, Vainica Doble o el mismo Paddy McAloon, entre otros muchos. Lo único que puedes hacer es intentar integrarlos y hacerlos tuyos y que la copia que hagas no sea tan descarada que te puedan denunciar por plagio.

 

En la nota de prensa al hablar de “El ritmo escarlata” hace referencia a Gato Pérez y Cathy Claret, ¿buscabas en esa canción un acercamiento a la rumba?

Me gusta mucho la música popular no anglosajona, especialmente la del área mediterránea (Italia, Grecia, España y Francia). Hay discos míos como “Inteligencia artifical” o “Amor y ruido” en los que esta influencia es  más patente y otros en los que toma protagonismo la música pop anglosajona. Son los dos extremos del continuo en el que me suelo mover. “Demasiado Humano” trata sobre la canción pop canónica tal como se entiende desde los Beatles. La estructura estrofa – estribillo de siempre, vamos. Pero hay una pequeña escapada a ese otro extremo del continuo que es “El ritmo escarlata”, que estuvo a punto de entrar en “Amor y ruido”, por cierto. Aquí esta disimulada de minimalismo sintético, pero con otro arreglo podría ser perfectamente una rumba.

 

Comentarios
Javier Burgueño

Javier Burgueño pasó su juventud en el Vallés Oriental (Barcelona) donde se inició en esto de la crítica presentando y coordinando un programa musical de la televisión de su pueblo durante la bendita locura analógica de las televisiones locales de principios de los 90 (asegura que ya no quedan copias de los programas, se encargó personalmente de ello una noche de verano). El experimento fue divertido y dejó un poso latente que volvió a aflorar con el cambio de siglo cuando empezó a colaborar asiduamente con la web del programa de radio madrileño “El otro lado del telescopio” y más tarde con www.pinypondjs.com. Ha sido colaborador de Go Mag desde el 2007 hasta su desaparición de los quioscos el pasado junio de 2013.

 

javier@blisstopic.com

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