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The Suicide Of Western Culture

Viva la muerte

 

Vidal Romero

 

Decían ya en su primer disco de que el lujo había llegado a su fin, y se notaba en lo rasposo de sus producciones, en el uso indiscriminado de pedales de distorsión, sintetizadores en mal estado y todo tipo de basura analógica encontrada en mercadillos y tiendas de lance. Un equipo que siguen utilizando cinco años después, pero que al final han aprendido a domar para que no todo sean golpes a la mandíbula y el tímpano. Y el resultado es un tercer álbum, “Long live death! Down with intelligence!” (El Segell del Primavera, 2015), que conserva toda la épica que esperamos de The Suicide Of Western Culture, pero que aumenta de manera exponencial su capacidad para cuidar los detalles y los matices. The Suicide Of Western Culture forma parte del cartel del MUTEK ES que se celebra estos días en Barcelona (del 2 al 5 de febrero) en diferentes localizaciones y que cuenta con nombres como Atom TM, Deadbeat, Edu Comelles, Gerd Janson, Shigeto, The Orb, Sunny Graves o ese experimento llamado Vilod con Ricardo Villalobos, Max Loderbauer y Claudio Puntin.

 

Que nos comparen con Fuck Buttons no es algo que nos moleste; peor sería que nos compararan con Leonardo Dantés”. El que así me responde es Juanjo Fernández, cincuenta por ciento de The Suicide Of Western Culture, cuando le pregunto si no les cansa que, cada vez que alguien escribe una crítica de alguno de sus discos (vagos que somos los plumillas de este país), tenga que salir a relucir el nombre del dúo inglés. “Eso sí”, aclara, “yo creo que tenemos mucho más parecido con bandas como Holy Fuck (por citar a otra ‘mierda santa’), y no sólo por su sonido, sino también por la actitud que demuestran en el escenario, que es algo más rockera”. Mi comentario, claro, iba en esa misma línea; en el hecho de que yo siempre había visto influencias en sus discos (del shoegaze al krautrock, de la psicodelia al noise rock) que iban más allá de la música electrónica, pero que quizás quedaban un poco obviadas por el hecho de haber grabado para un sello como Irregular. “No creo que estar en un sello o en otro sea tan importante”, prosigue Fernández. “Las influencias son inevitables, y a estas alturas del siglo XXI todo es una copia de la copia de la copia (que es algo que vi el otro día en una camiseta y me he apropiado: otra copia de la copia). Pero también creo que todo el que nos conoce un poco sabe ya que tenemos un discurso bastante marcado. Por ejemplo, los títulos que escogemos y la narración visual (que se puede ver en los directos) son bastante personales, y tienen que ver con la historia contemporánea española, desde la Guerra Civil hasta la década de los noventa. Quizás dentro de veinte años (si es que el cuerpo aún nos alcanza), llegaremos a los principios de este siglo”.

 

 

Lo decía porque me parece que en “Long live death!...” hay una cierta voluntad por trascender ese sonido monolítico y grosero (y eso de grosero era un piropo) que había caracterizado vuestros dos primeros discos. ¿Tiene esto algo que ver con algún cambio en el equipo que habéis utilizado?

Voluntad ninguna, es la forma de trabajar y el equipo del que disponemos. Y no somos tan talibanes de las máquinas como muchos creen, en realidad nos la suda un poco: ¿quién si no pasaría un Moog por un pedal de distorsión? La cuestión es que nos gusta pillar un aparato y estrujarlo con nuestros métodos –que a menudo son rústicos y trogloditas- para sacar ese típico sonido sucio que es marca de la casa.

 

O sea, que seguís fieles a vuestros cacharros comprados en mercadillos.

Fieles lo somos por necesidad, porque de momento la cosa no alcanza para llevar modulares en directo. Pero el tema de comprar en rastros es algo que me apasiona porque encuentras mierdas que hacen ruido de todo tipo. Y sí, prácticamente toda mi cacharrería es de segunda mano; me duele en el alma gastarme la pasta en cacharros nuevos, y además así les tengo menos respeto.

 

Para mí, ese giro en el sonido ha llevado a que este sea vuestro disco más accesible. Al menos, para la gente que no esté acostumbrada a las pelotas de ruido. ¿Ha sido una decisión premeditada, o es que os habéis hecho mayores de repente?

Es posible que sea más accesible, pero a mí me sigue pareciendo oscuro en algunas partes. Creo que la culpa la tiene el tratamiento de las baterías, porque en este caso hemos utilizado samples de baterías reales. Por otro lado, me sorprende que te parezca el disco más accesible, porque tiene once o doce temas y ninguno baja de los cinco minutos: ¡es largo de cojones! Lo que también es una putada, porque resulta más complicado sacarlo en vinilo.

 

La otra ventaja que conlleva esa claridad es que el disco refleja una mayor diversidad de registros. Es decir, que aparte de los temas-martillo-pilón hay cosas cercanas al ambient (“Amor de madre”), el shoegaze (“Headless saints”) o incluso el krautrock (“Drugs bring me closer to you”). ¿Esto es una señal de que por fin sabéis manejar vuestros cacharros, o es que os veis más confiados y con ganas de probar cosas nuevas?

¿Que sabemos manejar nuestras maquinas? ¡Si somos unos necios! Empezamos en esto porque tocando instrumentos tradicionales resultábamos mediocres, y se nos ocurrió que utilizando samples todo sería mucho más fácil. Lo básico sí lo manejamos, pero luego estrujar las máquinas a fondo (ten en cuenta que la mayoría de las que utilizamos no tienen presets) y descubrir sus entrañas ya es más complicado. Y tampoco e que nos rompamos mucho la cabeza: en cuanto encontramos algo que suena, botón de grabar y a otra cosa. No se puede perder el tiempo en eso, que sí no se te va lo que tienes en la cabeza.

 

 

Otra cosa que me ha sorprendido es encontrarme con algunas canciones que van en una onda cyberdélica, como “Dysplasia”. ¿La música que se hacía en los noventa es la mejor para salir a bailar?

No lo sé, quizás es una cuestión generacional… ¡Es que la nostalgia de ahora no es tan buena como la de antes!

 

¿Y tenéis pensado investigar más en el futuro dentro de esa línea “más de baile”?

Pensado sí que está, pero no como TSOWC, que ya tiene su sello propio. Hay mil cosas más que tenemos pendientes por hacer: Miquel (Martínez Espinosa, el otro cincuenta por ciento del proyecto) quiere montar un proyecto más enfocado a la pista, y a mí me gustaría coger unos cuantos temas de TSOWC y orquestarlos. Cuerdas, metales, vientos; todo con músicos de verdad, de esos que saben leer partituras. Y también tenemos metido en la cabeza que queremos hacer una banda sonora para una película (Así que atentas, productoras serias, la oferta está lanzada y nuestro contacto más abajo).

 

A pesar de toda esa disparidad de estilos, el disco funciona de una manera bastante homogénea. ¿Le dedicáis mucho tiempo a las mezclas y a pensar en el orden de las canciones? ¿Trabajáis una cierta idea global, o concepto, antes de empezar a grabar?

No hay necesariamente ideas preconcebidas, pero sí es importante el orden de las canciones, para que el disco suene redondo, y la gente piense que todo forma parte de un trabajo conceptual. En cuanto a las mezclas, suelen ser rápidas, y además nos las tomamos un poco al revés que lo habitual: en lugar de añadir cosas, descubrimos lo que nos sobra. Y aún así somos bastante churriguerescos.

 

¿Cuál es entonces el proceso de grabación y producción para un tema de TSOWC?

La chispa sale de cualquier cosa, pero cuando vamos de gira es una buena ocasión, porque pasamos mucho tiempo juntos en el coche arreglando el mundo a nuestra manera, y de repente el tío este (Miki) saca el móvil, se pone a canturrear e imitar instrumentos en trance y lo dejo hacer hasta que acaba las baterías y suelta algo en plan “¡ya está, tengo el tema que cierra el disco!”. El móvil anterior (que por cierto perdió) tenía más de trescientos temas grabados de ese modo. Es como una libreta d apuntes, de ala que sale todo.

 

 

En el disco hay varias colaboraciones. ¿Están ahí para presumir de amigos, o los habéis llamado porque pensabais que una cierta visión exterior le podía venir bien a algunos de los temas?

Amigos tenemos muchos, así que si quisiéramos presumir de ellos no nos bastaría ni con un doble CD. En este disco hay varias colaboraciones, como el spoken word de Louise Samson, de Anímic, o la trompeta de Pau, de Za!. Pero también hay otras colaboraciones que no son tan obvias, como el sample vocal en “Amor de madre”, que se lo encargamos a un amigo que se dedica al doblaje.

 

Me interesa también el cuidado que estáis poniendo en los videos que han salido del disco. ¿Es cosa vuestra, o El Segell ayuda a que se produzcan este tipo de cosas? ¿Hay alguna otra sorpresa, dentro de este apartado, para el futuro próximo?

Es algo secundario, pero que da mucha visibilidad (aunque no tanto como antes; ya se ha acabado eso de currarse un buen vídeo, porque ahora todo se hace para emitir por YouTube). En realidad, este tema casi siempre ha llegado por medio de terceros, y siempre ha funcionado muy bien. “Amor de madre” está dirigido por César Pesquera, que repetía con nosotros. Le dejamos a su aire y fíjate tú lo que ha salido. Otro pepinazo de video, aunque con un corte totalmente distinto, es el que dirigió Pau Teixidor para “Breathing but already dead”, que está grabado en el Chatarras Palace, con la luchadora profesional Yamila Sánchez como protagonista. En cuanto a las sorpresas… hay otro video, del que solo puedo adelantar que cuando lo vi se me cayeron los huevos al suelo. Como adelanto te digo que es un video de animación, y hasta aquí puedo leer.

 

Pues ya que hablamos de esto, tocáis en el MUTEK ES, que es un festival en el que se da cierta importancia a los aspectos audiovisuales. ¿Cómo va a ser vuestro espectáculo? ¿Vais a llevar algún tipo de acompañamiento especial, o será lo mismo de siempre: aporrear los tímpanos de los pobres oyentes hasta que sangren?

Va a ser lo mismo que tenemos en directo para este último disco. Nosotros siempre llevamos visuales, así que para nosotros no se trata de una ocasión especial. Eso sí, tendremos mejores condiciones técnicas que en otro tipo de festivales que no cuidan tanto estos aspectos.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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