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Lee "Scratch" Perry

El Renacido

 

Half Nelson

 

Con una carrera que abarca más de cinco décadas, la figura de Lee "Scratch" Perry es esencial no sólo para comprender la génesis del dub como estilo musical, sino también su influencia decisiva no sólo en el reggae sino también en buena parte de las músicas populares occidentales de la segunda mitad del Siglo XX. Del rock combativo de The Clash al dubstep de bajos generosos pasando por el drum’n’bass, el post-rock, el ambient y el techno todos han bebido directa o indirectamente de las profundas fuentes del dub maquinado, entre otros, por Perry. Además, su legado transciende lo estrictamente artístico ya que son obra suya incontables invenciones, efectos y trucos de estudio que, latido a latido, han cambiado la fisonomía de la música para siempre.

 

Después de una accidentada llamada de poco más de veinte minutos a Kingston tengo dos cosas muy claras: la primera es que no me voy a perder el concierto de Lee "Scratch" Perry el próximo mes de marzo en Barcelona (tan sólo ¡¡un día!! después de su ochenta cumpleaños) y la segunda es que guardaré la cinta de esta entrevista como oro en paño para conservar las exaltadas, alienadas e inenarrables intervenciones del genio de Kendal. Después de años de residencia en Suiza, el pasado 1 de diciembre un incendio (el segundo ya en su carrera) destruyó completamente el estudio Secret Laboratory (también conocido como Blue Ark) y le ha obligado nuevamente a emigrar, esta vez parece que de vuelta a Jamaica. “Fue una gran desgracia, pero gracias a Dios nadie resultó herido. Todo se ha perdido: mis equipos, una montaña de grabaciones, mis vestidos, mis sombreros, mis cosas… Dios me ha dado una señal y debo seguirla: ha sido el Segundo Juicio. He vuelto a Jamaica a saber porqué Dios me ha enviado esta señal”. Para un mago del estudio como él debe de ser algo realmente terrible perder por segunda vez un estudio perfectamente equipado y hecho a medida, lleno hasta los topes de cintas, cables, equipo y todo tipo de exótica memorabilia construida por él mismo (esculturas hechas de basura, fetiches…) o vestidos cargados de simbología extraterrestre confeccionados por los fans que se acercan a rendirle tributo. Sin embargo, lo encaja con resignación. Parece de mucho mejor humor que cuando, en 1983 él mismo prendió fuego al primigenio Black Ark jamaicano para liberarse del mal rollo que le inspiraban los músicos envidiosos y los fisgones que querían robarle el secreto de su magia mancillando su sancta sanctorum: se sumió en una larga depresión artística de la que salió a finales de los 80 fortalecido y triunfante como productor en Gran Bretaña gracias a sus colaboraciones con Adrian Sherwood y Mad Professor. “Fue un accidente. A Mireille –su esposa, a la que se oye de fondo durante la conversación llamando al orden a Perry cuando ve que se está yendo demasiado por las ramas– no le gusta que tenga velas en el estudio, pero alguien las trajo para hacer unas fotos… Fue una señal del Segundo Juicio…” y empieza a parlotear, rapear, cantar y bailar (el sonido va y viene) hasta que Mireille interviene. “Hemos venido a la playa para ver a Dios. Dios nos dirá qué es lo que saldrá de todo esto” retoma Perry. Él mismo confesó a los pocos días vía Facebook que fue una vela la causante del desastre, aunque ahora parece resistirse. “No fui yo (“Was not I” dice: Perry usa el rastafárico “I”, en lugar del pronombre “me” en todo momento), tampoco en Jamaica (en el incendio del Black Ark), fueron ellos…” y ya no se explaya mucho más.

 

 

Ojear la carrera de Perry es, sencillamente, repasar la influencia de la música jamaicana en la cultura occidental. Primero remodelando el rocksteady a principios de los sesenta hasta convertirlo en reggae junto a su primer mentor el productor Sir Coxsone Dodd, en cuyo estudio empezó a foguearse y experimentar. Perry y Dodd acabaron a la greña, lo que provocó una batalla musical (como las que tenían lugar en los numerosos sound systems de la isla) que dejó como fruto un reguero de singles vengativos (“People Funny Boy’) de los que Perry salió vencedor. Después produjo a Bob Marley and The Wailers (hasta entonces protegidos por Dodd) y pavimentó el camino para el descubrimiento del reggae a nivel planetario vía su fichaje en 1971 por el sello Island de Chris Blackwell. En 1973 inauguró su obra más preciada: el estudio Black Ark. Si para los productores de dub el estudio es un instrumento más con el que manipulan, distorsionan, cortan y pegan el sonido a su antojo, para Perry su estudio es una extensión de su excéntrica personalidad: un santuario donde sólo debes entrar con la actitud adecuada. Así, todavía se sorprende por el grandioso éxito en Jamaica de “Hurt So Good” con la voz de Susan Cadogan porque “la canción no era para ella. Susan era la novia de un chico de Manchester que dijo ‘esta canción me gusta’ y le hizo cantarla. Tenía que haberla guardado para alguien que entendiera el mensaje de la canción, pero era pegadiza y a todo el mundo le gustó: fue un éxito y ella se convirtió en una estrella”. The Black Ark fue su Capilla Sixtina y casi su mausoleo: la música es su visión y también su misión. “A algunos les gustaba divertirse en el estudio –da la sensación que se refiere a beber y tomar drogas, algo que él dejó de hacer, dice, a finales de los 80–, pero a mi me gusta compartir las buenas vibraciones, entrar en el estudio y hacer un disco. Mi inspiración venía de los comics. Me gustaban mucho los comics que llegaban desde los Estados Unidos: Batman, Superman, Iron Man y Spiderman… En los comics el bien triunfa sobre el mal, también en mis discos. También me inspiran las películas, me gusta poner en los discos lo que veo en las películas…”. Así es. En su estilo abigarrado, sincrético y psicodélico en el sentido más acumulativo posible, la música gana espacio y profundidad para que los DJs de los sound systems (los animadores, los que llaman la atención del público y los lanzan a bailar; después convertidos en MCs en la cultura hip-hop) puedan hablar entre los versos de las canciones (el dub iba a magnificar ese espacio hasta incluir instrumentales –“versions”– en la cara B). Con Perry todo ese espacio acaba igualmente repleto de sonido: incorpora las onomatopeyas pop-art del Batman de los sesenta a sus grabaciones incluyendo todo tipo de sonidos (el llanto de un niño, un estornudo, extrañas conversaciones, una moto que pasa…) creando un microcosmos alienado, caótico, disparatado, pero terriblemente atractivo y brillante. “Ningún productor es mi rival –afirma con orgullo– todos son mis alumnos. Prince Tubby es mi alumno, (Prince) Jammy es mi alumno, yo soy el profesor del dub. Y el creador del dub. No tengo competencia. ¿Quién podría serlo? Puedo meter un papel en una botella y hacerlo sonar como un piano…”. Y se pone a tararear como si tocara el piano… Los mejores cantantes se pusieron de su lado y las obras cruciales abarrotaron las estanterías de Black Ark: “War Inna Babylon” (Federal, 1973) de Max Romeo, “Police and Thieves” (Island, 1977) de Junior Murvin, “Heart of The Congos” (Black Art, 1977) de The Congos y sus propios “Roast Fish, Collie Weed & Cornbread” (Upsetter, 1978), “Super Ape” (Island, 1976) y “Return of the Super Ape” (Lion of Judah, 1978). Su fama se extendió hasta la Gran Bretaña donde The Clash (“eran buenos chicos”) versionaron “Police and Thieves” de Murvin y Perry les produjo el single “Complete Control” (CBS, 1977). The Slits y John Lydon (Sex Pistols, PiL) también quisieron contar con él… Su método personal e intransferible conectó con el individualismo y el DIY punk. La vida le sonreía, estaba en la cresta de la ola, pero intuía que ese mismo camino le llevaría a la autodestrucción. Decidió dar un golpe de timón: si quería sobrevivir debía sacrificar The Black Ark.

 

 

Ahora le volvemos a encontrar justo después de que la destrucción (accidental) de su estudio le haya dejado en la encrucijada, pero rebosante de proyectos, aunque ahora sean poco realistas. “Me habría gustado grabar con Otis Redding, la voz soul más suave que nunca oí. Cerca de él estaba Al Green, pero el más dulce era Otis: verdadero soul, soul limpio (o “alma limpia”), claro como un ángel. Marvin Gaye también me gustaba”. De momento, con la excusa de su ochenta cumpleaños ha iniciado una gira por el Reino Unido y Europa centrada en los clásicos “Super Ape” y “Return of the Super Ape” mientras que en abril se editará por fin en DVD el interesante documental “Lee Scratch Perry's Visions of Paradise” (Cadiz Music, 2016) dirigido por Volker Schaner. Lee Perry está en plena forma y muy pronto lo vamos a poder comprobar en directo en Barcelona el próximo 21 de marzo en la Sala Apolo (entradas aquí): cantad conmigo ¡¡Alabado sea Jah!!

 

 

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Half Nelson

Crítico musical que ha visto multitud de modas y estilos nacer, crecer, multiplicarse y morir desde que empezara a colaborar en Ràdio Ciutat de Badalona en 1993. Fan del jazz y del pop británico, aunque todavía impactado por el drum’n’bass, su firma se ha visto prácticamente en todas las cabeceras de prensa independiente (Mondo Sonoro, Go Mag, Rockdelux, Suite, Trax/Beat…) y radio online (ScannerFM) y por su grabadora han pasado muchos de los grandes (Costello, Lowe, Hitchcock, Mills, Craig, May, Saunderson, Gelb, Calexico, Goldie, Size, Flaming Lips, Bon Iver…). También ha contribuido con varios capítulos a “Loops” (Mondadori, 2002) y a “Teen Spirit. de viaje por el pop independiente” (Mondadori, 2004).

 

half@blisstopic.com

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