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Guadalupe Plata

El blues es mi amigo

 

Vidal Romero

 

Puede parecer extraño, pero Úbeda es una de las canteras más importantes (si no la que más) de blues y rock con raíces norteamericanas en toda la geografía española. Es una circunstancia que yo siempre había achacado a su condición de ciudad fronteriza –está en el límite de Andalucía, es paso entre montañas y a sus espaldas carga una tradición histórica de conquistas y reconquistas– y Carlos Jimena, batería de Guadalupe Plata, corrobora en parte mis sospechas. “En Úbeda hay piedras. No sé si ese hecho está relacionado con el blues de manera particular, pero no es ni mucho menos exclusivo de este género. Aquí tenemos rock and roll, tenemos surf, tenemos metal, tenemos punk y hardcore. Lo que no tenemos es alguien que se preocupe por todo esto”.

 

Tal vez por eso, porque nadie se preocupa de lo que sucede en Úbeda, los miembros de Guadalupe Plata (a Jimena le acompañan Perico de Dios y Paco Luis Martos) siempre se han tomado la banda como un toro que tenían que lidiar ellos mismos. Su discografía –un diez pulgadas y dos discos largos, todos ellos sin título– está grabada (y editada en su mayor parte) de manera autosuficiente. Su reconocimiento no lo han conseguido mediante campañas de promoción, sino gracias al boca a boca; a fuerza de tocar mucho y de dar grandes conciertos, con independencia del escenario que hubiera cada día, ya fuera un bar mugriento, una venta en la carretera, un festival o la plaza de un pueblo. “Como se te ponga el culo fino en esta profesión estas perdido”, confirma nuestro hombre. “A nosotros nos produce la misma satisfacción tocar en un Primavera Sound, en un prostíbulo en León o en una Feria de Pueblo. Al final todo es pasión”. Y todo ello, no lo olvidemos, manteniendo unos trabajos serios, que de algo hay que comer. “Es el culmen del empecinamiento aplicado a un estilo y a su defensa”, remata Jimena.

 

Estos días, la banda anda inmersa en la gira de presentación de su segundo disco, “Guadalupe Plata” (Everlasting Records, 13) –o como lo llaman ellos, “el disco del galgo”. Un disco más crudo y directo que el anterior, más compacto y urgente, pero que mantiene intacta esa visión herrumbrosa y crujiente del blues; ese particular universo, entre castizo y sombrío, por el que deambulan esqueletos redivivos, Cristos llorosos y paletos surgidos de algún oscuro pantano. La gira anda ya en sus estertores, pero todavía les quedan Madrid, Barcelona y un puñado de ciudades más. Y una de las citas más señaladas es la de El Puerto de Santa María: allí, los chicos del Monkey Week les han encargado que confeccionaran un cartel a su medida para la fiesta de inauguración del festival, el 31 de octubre. Y ellos han respondido llamando a una pandilla de sospechosos habituales: The Legendary Tigerman, Los Hermanos Cubero y The Little Cobras, que garantizan una buena ración de sudor y de ambiente cazallero.

 

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En Andalucía, y en especial en Jaén, siempre ha existido una escuela de blues bastante definida, de sonido limpio, punteos eternos y clasicismo radical. Por supuesto, hay algunas excepciones –pienso en Pata Negra, por ejemplo–, pero tengo que decir que lo vuestro va por libre. ¿Por qué no se estila por aquí ese blues más sulfúrico y (ejem) guarro? ¿Es porque somos unos rancios, los andaluces?

Cuando dices “Blues”, lo normal es que se te venga a la cabeza esta escuela de la que me hablas de “clasicismo/limpio/eterno”, la gente piensa que eso es lo único que hay. Pero bueno, soñar con un Deep Blues Festival parecía una cosa impensable, y al final lo hemos conseguido. El Delta existe y hay que mirarlo con respeto. En cuanto a Andalucía, no creo que seamos unos rancios. Lo que si creo es que en Andalucía hay grandes reductos de arte oscuro y visceral, que son muy nuestros.

 

La carrera de Guadalupe Plata ha sido un poco atípica, con multitud de giras, incluso fuera de España, antes de haber publicado ningún disco. ¿Os consideráis una banda de directo que, por cosas de la vida, graba discos de vez en cuando?

Lo que mas me gusta es tocar, somos una banda de directo, animales de directo. Y efectivamente, grabamos discos de vez en cuando.

 

Vuestro primer disco se grabó un poco a salto de mata, en varios estudios, con distintos productores, y sin embargo suena muy unitario a nivel de sonido. ¿Es porque teníais las canciones tan aprendidas que las hubierais tocado igual incluso debajo de un pantano, o es más bien que supisteis aprovechar las características de los distintos sitios en los que grabasteis?

Cuando entramos a grabar, las canciones nunca están del todo claras. Normalmente vamos con ellas completamente abiertas, frescas, sin haberles metido demasiada mano, y luego una o dos tomas en directo suelen ser suficientes. Por otro lado, el sonido de un trío como el nuestro, en directo, no debería variar mucho de un estudio a otro. La unificación suele venir dada por una pátina de masterización.

 

En muchas de vuestras letras utilizáis tópicos del género –el ambiente redneck, la granja, el vudú– pero traducidos a un lenguaje cañí y localista ¿Es el humor la mejor manera de conectar un género tan anglosajón como el blues con una zona tan particular como Andalucía? ¿O es que de verdad hay pantanos en Úbeda y los esqueletos bailan en la orilla?

El humor es la peor manera de expresarte cuando haces blues. Y sí, tenemos pantanos, hemos visto esqueletos que bailan y también a Jesús llorando, que nadie lo dude.

 

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También hay canciones en las que resuenan detalles de estética cofrade, como “Voy caminando” o “Santo entierro” ¿Introducir elementos propios de la tradición local es una manera de reivindicar vuestros orígenes?

Si hay algo que un niño no puede olvidar, aunque no sea beato, es una Semana Santa. Los trajes, las imágenes, los colores, y por supuesto las bandas, que muchas veces es el primer contacto con un instrumento en la vida de ese niño. Todo eso queda grabado y lo llevas siempre por dentro, forma parte de ti y es un eslabón más que te une con tu cultura. Además, las bandas de Úbeda son muy peculiares; las enormes bandas de bombos y tambores, los corros de trompetas de lamentos, completamente funerario. Era casi necesario unir estos aspectos a nuestra forma de entender el blues.

 

¿De dónde sale lo del barreño con una cuerda, que muchas veces sustituye al bajo?

Esa pregunta debería estar dedicada a todo el que esté pensando gastarse un dineral en un instrumento.

 

Vivís cada uno en una ciudad. ¿Cómo os las arregláis?

Si tocas todos los fines de semana, al final tocas y punto. Cuando quedamos aparte de las giras, es siempre para jornadas intensivas, que sirven sobre todo para sacar nuevos temas; temas que intentamos poner en funcionamiento en el siguiente concierto. A veces lo conseguimos, otras veces no.

 

Últimamente tocáis en muchos festivales, pero yo os veo más como un grupo de local pequeño, apretado y lleno de humo.

Es cierto que un escenario donde notas el sudor de tu compinche, donde oyes el rasgar de las cuerdas y la gente se te come de lo cerca que está, es un gusto del que somos fieles devotos. Es una debilidad.

 

Vuestro primer disco tenía un aire más cabaretero y muchos arreglos. El segundo, en cambio, es mucho más directo y crudo. ¿Es consecuencia de haber tocado mucho más (aún más, quiero decir) en directo? ¿O tiene que ver con la grabación, que se hizo de una sola vez y con un solo productor?

Bueno, creo que eso forma parte de una involución a la que nos vemos sometidos, y que se ha hecho más patente en el disco del Galgo. Había unas ganas brutales de hacerlo, y al final se grabó en plan “un, dos, tres venga!” en Austin (Tejas), con grandes amigos y con un solo productor.

 

Desde el Monkey Week os han encargado que confeccionarais el cartel de la fiesta de inauguración. ¿Qué nos podéis contar de las bandas que os acompañarán? ¿Habrá sorpresas, jams a medias, prostitutas desnudas y muertos vivientes sobre el escenario?

Pues somos grandes admiradores de todas ellas. The Legendary Tigerman es un coloso del blues del pantano a nivel mundial. Los Hermanos Cubero han sido todo un descubrimiento este año para nosotros. Y con los Little Cobras tenemos muchísimas ganas de volver a coincidir, cosa que no ocurre precisamente desde el primer Monkey Week, si no recuerdo mal. Va a ser un fiestón muy serio. Y seguro que habrá sorpresas.

 

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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