Menu

Holögrama

Holögrama

Como una ola

 

Vidal Romero

 

El primer disco de Holögrama, “Waves” (14), fue una de las sorpresas más agradables (e inesperadas) que pudo ofrecer el panorama nacional durante la temporada pasada. Un álbum en el que la psicodelia servía como hilo conductor; como eje alrededor del que se iba trenzando una breve colección de canciones ingenuas y luminosas, tan sencillas como efectivas. Publicado por el sello Trouble In Mind casi a final de año, pasó prácticamente desapercibido en un país como este, cainita y (casi siempre) sordo a lo que sucede en la periferia. Pero eso no ha impedido que el dúo gaditano (aunque con base en Granada) haya ido creciendo poco a poco desde entonces, gracias al boca a boca y a unos conciertos que multiplican de manera exponencial las muchas virtudes de su debut. Algo que, tipo listo, ha sabido ver alguien dentro del departamento de contratación del FIB Benicàssim Festival.

Holögrama tocarán el Viernes 17 en el Escenario Fiberfib.com

 

Nací en San Fernando; La Isla, para la gente de aquí, y donde nació el Camarón para los que no lo son. Llevo casi toda mi vida allí, pero desde hace 3 años resido en Granada. En cuanto a la música, siempre ha sido un recuerdo latente. Hace poco me paré a pensar sobre mi primer recuerdo y me di cuenta de que eran los sonidos de la radio de un kiosco que estaba justo al lado de la ventana de mi cuarto. Debía ser muy pequeño”. El que habla así es Cráneo Prisma, cantante, teclista y compositor de las canciones de Holögrama. Cuenta también que en su casa “la música siempre estuvo muy presente. Mi padre era profesor de música y tenía un cuarto, prohibido para mí, en el que guardaba muchos instrumentos de percusión. Tocaba la batería a escondidas, hasta que un día me pilló y decidió apuntarme al conservatorio. Llevo desde los 14 años tocando en grupos, pero sólo empecé a componer yo solo de verdad después de entrar en el Bachillerato Artístico”.

 

Holögrama

 

La música no es la única afición de este joven gaditano, que también dedica gran parte de su tiempo a la ilustración y los fanzines. “Para mí la ilustración y la música han estado siempre muy unidas”, explica. “Cuando era pequeño flipaba en el Pryca y el Corte Inglés con las portadas de los casetes y los discos. De hecho, cuando comencé a tener conciencia de lo que escuchaba y a comprar música por mí mismo me dejaba guiar en muchas ocasiones por las portadas: si me gustaba la portada me compraba el disco. Uno de los primeros fue el ‘Suffer’ de Bad Religion, ahí empezó todo”. En cuanto a la música, “comencé tocando punk y del punk fui derivando a otros estilos, desde el trash hasta el latin. Pero donde realmente comenzó mi afición por el kraut fue con Gitaners, un grupo en el que tres colegas nos dedicábamos a improvisar en unos locales de la zona industrial de Cádiz. Quedé tan enganchado a la experiencia que, después de descubrir a Harmonia, y de padecer el mono mientras nos volvíamos a reunir en el local, decidí montar Holögrama”. Eso sí, confiesa también que ya “no toco la batería en ningún grupo, estoy más volcado en Holögrama. Pero que esto sirva esto como spam: tengo unas ganas brutales de montar un grupo de garage o punk hardcore guarro”. Queden avisados.

 

¿Cuándo comenzaste a darle vueltas a Holögrama?

Cuando cursaba bachiller sufría de insomnio. Era un horror, porque dormía realmente poco, y como muchas veces no podía esperar a que llegara el siguiente ensayo con Gitaners, desempolvé un Casio de cuando era pequeño y lo enchufé a unos efectos de guitarra que me había regalado un amigo, un delay Ibanez y el Metal Zone de Boss. Esto, junto a una grabadora de casete de mi abuelo, fue el kit con el que empecé a hacer música.

 

Holögrama

 

Holögrama tiene ecos de algunas bandas reconocibles (entre los clásicos, Suicide, Neu!, Silver Apples; entre los más modernos Spacemen 3, Stereolab, Yo La Tengo), pero, ¿hay alguna otra influencia, musical o no, que consideres imprescindible en tu proyecto?

Ahora que mencionas lo de influencia no musical, con “Yonqui”, de William Burroughs, y esos pasajes totalmente psicodélicos que contiene, me explotó el cerebro. También hay una serie de animación para televisión, de finales de los noventa, que me flipaba estéticamente: “Aeon Flux” es una pasada, sobre todo cuando descubres que el creador, Peter Chung, es el mismo que hizo “Rugrats”. También es importante para mí “El topo”, de Alejandro Jodorowsky, una película que le dio un vuelco total a mi cabeza. Todas estas cosas han influido bastante en mi forma de crear, pero ya entrando en el terreno musical, Harmonia y Neu! son los grupos que me empujaron a seguir por este camino. También le tengo mucho respeto a Wooden Shjips: Ripley Johnson es como un extraterrestre, es puro flow tocando la guitarra –de hecho, cuando lo escucho tocar, me entran ganas de aprender a tocar la guitarra en serio. De él me queda una cierta influencia a nivel de melodías y sobre todo ese gusto por querer meterle delay a todo. En cuanto a las melodías vocales, Deerhunter también ha hecho lo suyo, y eso que la primera vez que los escuché no me gustaron demasiado.

 

Las canciones de “Waves” son sencillas y minimalistas, ¿fue una decisión premeditada o es consecuencia de la necesidad y de la falta de equipo?

Fue una mezcla de las dos cosas. Para empezar, porque no soy teclista ni cantante; yo soy un batería, y a veces me siento un poco limitado a la hora de tocar o cantar. La decisión de cantar fue también un poco por hacer el proyecto más comestible para el público. Y aparte, por quitarme la espinita que tenía por no haberlo intentado antes.

 

¿Cómo fueron la escritura y la producción del disco? Desde fuera, da la sensación de que hay cierto grado de improvisación en las canciones; como si, más que componer canciones cerradas, diseñaras puntos de partida que luego pueden evolucionar en distintas direcciones.

Todo fue bastante intuitivo. A veces me ponía a pulsar teclas del teclado e iban saliendo cosas, todo era puro azar. Grabé “Waves” en una semana o una semana y algo; normalmente no suelo pararme mucho con lo que grabo porque tengo demasiadas cosas en la cabeza: un día me da por una cosa y otro día por otra completamente distinta. Lo que sí es seguro es que Holögrama es el primer proyecto con el que siento que estoy evolucionando y adentrándome en caminos hermosos. Y también es cierto eso que dices de que las canciones son puntos de partida; cuando lo hablo con Thylakos siempre llegamos a la conclusión de que no damos dos conciertos iguales. No es que seamos los Za!, pero sí que es verdad que improvisamos bastante.

 

Holögrama

 

¿De qué tratan tus letras? ¿Por qué cantas en inglés?

Realmente no tratan de nada; al principio, sólo intentaba buscar palabras que se adaptaran al "wachi wachi" con el que estaban compuestas las melodías vocales, y terminaba hablando de sensaciones y de estados alterados de la conciencia. Pero nada poético, todo un poco al azar. Ahora sí que me preocupa más el asunto: fijo un concepto e intento escribir alrededor de él. Es algo que me sucede, sobre todo, desde que vi “Enter the void”, la película de Gaspar Noé; desde entonces estoy obsesionado con el concepto de la muerte tibetana y con el libro tibetano de los muertos. En cuanto al idioma, canto en inglés porque es el lenguaje auditivo al que me he acostumbrado; apenas escucho música en español. Aunque es cierto que ahora estamos empezando a tantear algunas letras en castellano.

 

La pregunta del millón, ¿cómo terminaste publicando “Waves” en un sello como Trouble In Mind?

Como todo en mi vida, fue algo improvisado. Recuerdo que no hacía mucho que Trouble In Mind acababa de publicar el primer single de Fuzz y decidí probar suerte. Acababa de sacar el disco en bandcamp, les envié un correo y les gustó. Cuando vi el correo de respuesta que me enviaron no daba crédito a lo que estaba leyendo. Y bueno, así hasta hoy.

 

Después de publicar el disco, Carlos Alcántara (aka Thylakos Solrac), que ya había tocado en alguna canción de “Waves”, se incorporó como miembro de Holögrama a tiempo completo. ¿Qué ha supuesto este fichaje? ¿Cómo ha afectado al sonido y a la forma de trabajar de la banda?

Ha supuesto la consagración de mi sueño, que era llevar un guitarrista en el grupo. Yo siempre he querido ser guitarrista, pero por cuestiones de paciencia y torpeza no ha llegado a cuajar. Así que cuando Carlos aceptó me sentí bastante aliviado; “joder, por fin va a sonar la cosa justo como yo lo tengo en la cabeza”. Ahora nos repartimos el trabajo, somos dos cabezas componiendo y dándole vueltas al asunto, y eso ayuda a que todo sea muchísimo más productivo. Es genial también a nivel espiritual, porque hay muy buena conexión, nunca dejamos de descubrirnos el uno al otro.

 

img5

 

Después de veros tocar en directo, creo que las canciones crecen mucho en el escenario. Son más musculosas y complejas, más atmosféricas y largas. De nuevo, ¿qué porcentaje lleváis preparado de casa y cuánto es improvisación?

Este tipo de cosas suceden cada vez que tocamos en directo. A veces Thylakos hace cosas que no me espero, lo miro y pienso “joder qué guapada”. Solemos partir de lo que viene escrito en el guión, pero es cierto que algunas veces actuamos sobre la marcha, según nos apetezca.

 

¿Cuáles son vuestros planes de futuro? ¿Estáis trabajando ya en nuevas canciones o incluso en un disco nuevo?

Los planes van cambiando cada dos por tres, pero hay algunas cosas fijas. En la pasada Semana Santa grabamos nuestro segundo disco con nuestro productor, Miguel González, de Madcap Laboratorio de Sonido. Este trabajo no verá la luz hasta el año que viene, pero antes tenemos previsto volver a grabar para una casete que aparecerá después del verano en Knockturne Records.

 

¿Qué podrá ver el público en vuestro concierto en el FIB?

Pues nos hemos atrevido a introducir a un batería en nuestro set, en una de las canciones. Por lo demás, loops, delays y acoples, lo que nos gusta a nosotros. Y una mezcla de canciones de los dos trabajos que están por venir.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

Más en esta categoría: « Counting Crows The Cat Empire »