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I Am Dive

Pasos de gigante

 

Vidal Romero

Fotos 2 y 3: Elo Vásquez

 

Como sucede muchas veces en el mundo de la música, I Am Dive surgió por casualidad. Esteban Ruiz tenía un puñado de canciones que no encajaban en su antigua banda, The Baltic Sea, y decidió darles un tratamiento más desnudo y descarnado, apenas voz y guitarra acústica. José Pérez Piñas, por su parte, se sentía cada vez más comprimido entre los márgenes de la banda en la que militaba, Blacanova, en la que no podía dar rienda suelta a todas sus ideas; unas ideas que, sin embargo, parecían encajar como un guante con las composiciones de Ruiz. Cuatro años después de que se atrevieran a subirse juntos a un escenario por primera vez, aquel proyecto que comenzó como una pequeña aventura paralela publica un segundo disco esplendoroso, “Wolves” (Foehn/Wearewolves, 14), que supone un paso de gigante dentro de su trayectoria.

 

Delante de un par de raciones, elaboradas con productos de la huerta andaluza, Esteban Ruiz confirma que la buena acogida que tuvo su primer disco, el también notable “Ghostwoods” (12), le pilló un poco por sorpresa. “No estaba acostumbrado a eso”, reconoce Ruiz. “Así que me sorprendió que hubiera tanta gente apoyándolo, que saliera en tantas revistas y tuviera tantas buenas críticas. Me hizo pensar que estábamos en el buen camino, porque hasta entonces, con mis otras bandas, me daba la sensación de que habíamos hecho grandes canciones pero luego habían pasado desapercibidas”. “Otra cosa”, apostilla José Pérez Piñas, “es que la gente venga después a los conciertos. Quiero decir; en ciudades como Madrid o Barcelona cada vez tenemos una mejor respuesta, pero en otras más pequeñas, como Granada, una vez puede irte muy bien y otras no tanto. Depende mucho de la oferta que haya ese día en la ciudad”. “Y también depende de cómo se haya realizado la promoción de ese concierto”, remata Ruíz. “Porque muchas veces te ves obligado a delegar ciertos aspectos de la banda en otras personas que no se implican de la misma manera en la que tú lo harías. Bien porque no tienen tiempo, o bien porque realmente tienen otros intereses”.

 

Vosotros, desde luego, siempre habéis puesto mucho cuidado en todo lo que hacéis. Siempre habéis vigilado muy de cerca todos los aspectos de edición, promoción, giras…

(Ruiz) Es que el paradigma de músico que se dedica sólo a hacer canciones y ensayar, y que todo lo demás lo delega, que tiene un manager que le busca los conciertos y un agente de promoción que le hace la prensa. Ese paradigma, en una banda del nivel económico de la nuestra, ya no existe, así que tenemos que ser capaces de hacernos responsables de todo lo que afecta a nuestro proyecto. Hemos tomado conciencia de que hay ciertas cosas que tenemos que hacer nosotros, porque nadie las va a hacer mejor. Por eso hemos dado el paso de profesionalizarnos: yo, ahora mismo, me dedico a la banda a tiempo completo.

 

Habéis tocado muchísimo, cerca de un centenar de conciertos. Es una cifra insólita para los grupos en este país, y que hace preguntarse si todas esas quejas acerca de que no hay circuito en España tienen que ver con cierta vagancia por parte de los músicos.

(Pérez Piñas) No creo que sea vagancia, sino falta de fortaleza y confianza en uno mismo. Debes asumir que te vas a pegar muchas hostias, pero que eso es mejor que quedarte en casa mirando el Ableton, trasteando con los pedales o sacando canciones nuevas.

(Ruiz) De todos modos, nosotros estamos ahora mismo en un punto en el que nos estamos planteando tocar en condiciones mejores, y eso significa que a partir de ahora daremos muchos menos conciertos. Pero es que somos un grupo con una trayectoria; con dos discos a nuestras espaldas, con muchos conciertos y muy buena prensa, y ese bagaje nos permite intentar que las condiciones en los conciertos sean mejores. Los conciertos son también herramientas de promoción, y siempre es mejor tocar en sitios decentes con equipos decentes y un público interesado, que en una sala con mal equipo, poco público y condiciones adversas.

(Pérez Piñas) De todos modos, habría también que preguntarse qué está sucediendo en España con el circuito de conciertos. Ahora parece que sólo existen los festivales: vas a un festival y te ven ochocientas personas; la semana siguiente vas a una sala y van a verte quince personas. Los festivales están acabando con el circuito de salas en España y es algo que va a peor.

 

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Imagino que, por eso, muchos de vuestros conciertos han sido en el extranjero. Es la prueba de que la internacionalización es posible.

(Ruiz) Claro, pero de nuevo tienes que asumir que vas a perder dinero al principio, y que es una empresa a la que sobre todo vas a aprender. Porque fuera de España este negocio es una liga diferente: nosotros hemos tocado en Francia, en Inglaterra y en Estados Unidos, y ahora nos vamos a Japón, y son todos lugares en los que la relación del público con la música en directo es mucho más seria que aquí.

 

También es una empresa que da sus frutos. “Wolves” tendrá ediciones en México y Japón con sellos locales.

(Ruiz) Pero de nuevo es el fruto de ser muy insistentes. A nosotros nos dicen que no a nueve de cada diez cosas que intentamos, lo que pasa es que intentamos muchas.

 

Al principio, las canciones de I Am Dive las escribía Ruiz y las vestía Pérez Piñas. Después de cuatro años, ¿cómo ha cambiado esto?

(Ruiz) Para nosotros el cambio ha resultado muy natural, porque no hemos dejado de publicar EPs y remezclas en todo este tiempo, pero entiendo que el que sólo haya escuchado los dos discos puede encontrar cambios notables. Pero bueno, en “Ghostwoods” ya había un par de canciones que estaban escritas a medias, y ahora los procesos son mucho más colaborativos. Incluso algunas canciones han surgido a partir de ideas de José que luego hemos desarrollado a medias, por ejemplo “Transfixed”. Ya no hay roles claros en el grupo, más allá de que José haga las programaciones y yo las letras, y sólo porque son cosas que se nos dan mejor a cada uno de nosotros.

(Pérez Piñas) Hay también otro tipo de cambios más profundos. Por ejemplo, en el primer disco Esteban no llegó a tocar ningún teclado, y en este sí que ha tocado muchos. Incluso hay canciones compuestas directamente sobre los teclados.

 

¿Es algo que tiene que ver con la experiencia de haber tocado tanto en directo?

(Ruiz) Tiene que ver, porque queremos que nuestro directo sea más potente y orgánico, y eso nos obliga a manejar más cacharros en directo y a llevar menos cosas pregrabadas. Es un proceso muy interesante, porque nos empuja a acercarnos a los instrumentos de otra manera. De hecho, últimamente apenas cojo la guitarra cuando tocamos en directo.

(Pérez Piñas) Se trata de eliminar esa idea de “un músico, un instrumento”. De dejar atrás todas las limitaciones que solemos echarnos nosotros mismos encima. Somos sólo dos, así que mientras más cosas hagamos mejor.

 

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Entonces, ¿cómo escribe I Am Dive una canción ahora mismo?

(Pérez Piñas) Lo normal es que alguno de los dos tenga alguna idea, que se la mande al otro, y que luego vayamos trabajando a partir de ahí, juntos o por separado.

(Ruiz) Lo que sí ha sucedido es que ya hemos perdido el respeto por la canción original. “Norman, Oklahoma” es una excepción, porque la escribimos durante la gira por Estados Unidos, y apetecía dejarla así, más desnuda. Pero lo normal es que a partir de esa primera idea vayan surgiendo muchos caminos inesperados.

 

O sea, que esa primera idea es un trampolín para tirarse a la piscina, a ver qué pasa.

(Ruiz) Eso es. Antes esa primera idea tenía mucho más peso, nos daba miedo tomar decisiones que hicieran perder la esencia original. Pero ahora somos mucho más maleables, podemos cambiar las cosas una y otra vez, aunque eso signifique dejar atrás cosas que nos parecían muy buenas. Pero es la única manera de evolucionar hacia lugares más interesantes.

(Pérez Piñas) También sucede que, al haber grabado ya varios discos y EPs, el formato de canción acústica con arreglos atmosféricos se nos había quedado pequeño y necesitábamos explorar otras posibilidades.

 

De hecho, hay muchos momentos de “Wolves” en los que se nota ese esfuerzo. En la primera parte, por ejemplo, hay varias canciones con juegos de voces y atmósferas que me recuerdan mucho al dream pop de finales de los ochenta; a bandas como Cocteau Twins, A.R. Kane o The Sundays. Algo que tiene mucho que ver con cómo manejáis varias capas de voces, o con el tipo de sonidos utilizados, que se inspiran en las máquinas de ritmos de aquella época.

(Pérez Piñas) No es algo premeditado, pero es cierto que todas esas son bandas que he estado escuchando mucho en los últimos tiempos, sobre todo A.R. Kane. Y bueno, se trata de la música que me ha gustado siempre, así que es normal que la inspiración para construir mis propios ritmos salga de ahí. En cuanto a los juegos con las voces, ahí sí que lo hemos forzado de manera más intencionada. Queríamos que el registro vocal fuera más variado.

 

Es un recurso que ya habíais utilizado en directo. Por ejemplo, en la versión que realizabais últimamente de “Summer camp”.

(Ruiz) De hecho, todo viene de ahí, de “Summer camp”. Tenía la pedalera desde hace mucho, pero no había llegado a sacarle todo el partido hasta hace relativamente poco tiempo, y fue como abrir todo un universo de posibilidades.

(Pérez Piñas) La canción que abre el disco, “Days become ages”, la tocamos mucho en directo antes de grabarla, y tenía muchos experimentos de ese tipo que se han quedado en la versión definitiva.

 

La parte central de “Wolves” es más recogida. Aparecen de nuevo las guitarras acústicas, un instrumento que realidad no tiene demasiada presencia en el disco, que es definitivamente más electrónico.

(Pérez Piñas) Imagino que eso lo dices sobre todo por “Norman, Oklahoma”. Queríamos que la canción fuera descaradamente más acústica. Tiene algunos juegos de capas, pero ocupan un plano mucho más de fondo.

(Ruiz) Creo que tu sensación se debe también a que el tratamiento de la voz y de la guitarra acústica es más limpio. Tienen menos procesos y efectos, y eso las hace sonar de una manera más ortodoxa.

 

Las últimas canciones del disco son, al menos para mí, las que más recuerdan a “Ghostwoods”, a esa mezcla de ambientes bucólicos y electrónica sutil.

(Ruiz) Pues curiosamente son las últimas que hemos escrito, y desde mi punto de vista las que más se alejan del primer disco. Para mí, las canciones que conectan “Wolves” y “Ghostwoods” son dos, “Norman, Oklahoma” y “Falling”. Las otras son mucho más urbanas, menos evidentes.

 

Y eso que para grabar el disco decidisteis aislaros durante una pequeña temporada, en una casa en medio del campo.

(Pérez Piñas) Decidimos hacerlo porque, al grabar en casa, pierdes un poco la continuidad. Cuando grabas en un estudio, estás mucho más concentrado, pero si el estudio está en casa es fácil entrar en una dinámica en la que se pierde mucho tiempo, en la que te dedicas a hablar, o a escuchar otros discos. Bueno, no es que se pierda ese tiempo, pero no te concentras todo lo que haría falta.

(Ruiz) También necesitábamos aislarnos porque habíamos llegado a un punto en el que no terminábamos de ver varias de las canciones, no sabíamos muy bien qué hacer con ellas. Y en el campo, aunque no cumplimos nuestro objetivo, que era salir de allí con el disco terminado, sí que fuimos capaces de ponerlo todo patas arriba. Retomamos algunas canciones que habíamos descartado y les dimos mueva vida, y terminaron por entrar en el disco. También escribimos alguna cosa nueva… volvimos a casa con un nuevo enfoque.

(Pérez Piñas) No acabamos el disco, pero sí descubrimos qué disco queríamos hacer.

(Ruiz) Además, en esa época los dos teníamos movidas aparte del disco; movidas sentimentales y familiares. Y estar allí nos permitió concentrarnos y eliminar todo el ruido de fondo que nos estaba despistando.

 

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En “Ghostwoods” todas las canciones seguían una línea argumental, estaban construidas alrededor de una relación que se había ido a pique. ¿Sucede algo parecido en “Wolves”, o cada canción es un poco de su padre y de su madre?

(Ruiz) Siempre hay un nexo entre las canciones que escribo en una misma época, y en este grupo de letras hay diferentes ramas de un mismo árbol. “Norman, Oklahoma”, por ejemplo, es una mezcla de las sensaciones de soledad sentimental y de las cosas atípicas que haces cuando estás de gira. Y cómo te acuerdas de gente que en otros momentos de tu vida ha compartido situaciones similares. Otras sí que se refieren más abiertamente a desamores o son rabiosas a su manera. Pero aunque hablen de distintas cosas hay un hilo oculto ahí, que tiene que ver con cierto estado de ánimo. Porque yo cuando estoy tranquilo y emocionalmente satisfecho lo que hago es irme de pesca, no se me ocurre ponerme a escribir; no sé escribir sobre la alegría o la felicidad.

 

La pesca, las portadas y los títulos de los discos. Hay una presencia muy importante de la naturaleza en todo lo que hacéis.

(Ruiz) Los dos estamos muy vinculados al monte, sentimental y conceptualmente. Yo prefiero levantarme a las cinco de la mañana para ir a pasar el día pescando en un pantano que acostarme a las cinco de la mañana, después de haberme emborrachado en un club. Así que la imaginería rural es en cierto modo inevitable.

 

Sin embargo, más allá de algunas grabaciones de campo, y de las fotos de las portadas, esa imaginería se queda muy en la superficie, no se imbrica en las canciones a un nivel molecular.

(Ruiz) Porque al final ese reflejo es muy subjetivo. Yo asocio las canciones a vivencias personales. “Backwards”, que es una de las canciones que grabamos en la casa del campo, me recuerda a las vistas del valle que teníamos enfrente. Y sin embargo, hay gente que nota una cierta idea de hip hop en su interior.

(Pérez Piñas) De hecho, el set de batería que utilizamos estaba sacado de una librería de hip hop.

(Ruiz) Bueno, lo que yo quería decir es que se trata de un disco mucho menos místico que “Gosthwoods”, mucho más terrenal.

 

Me contabais antes que las mezclas han sido muy importantes.

(Pérez Piñas) Hay canciones de las que hemos llegado a realizar doce o catorce mezclas distintas. Es lo bueno de trabajar en casa, que al disponer de todo el tiempo que necesitas puedes llegar a un nivel de perfección mucho mayor.

 

También puede ser que pierdas la perspectiva, como le sucedió a Kevin Shields.

(Pérez Piñas) Si, pero es que yo creo que eso es bueno. Que el nivel de locura que supone realizar catorce mezclas diferentes de una canción es necesario para llegar al punto que de verdad estabas buscando desde el principio. Incluso para averiguar cuál era ese punto, esa idea que tenías en la cabeza, pero no eras capaz de poner en pie.

(Ruiz) La clave para poder hacer catorce mezclas es que nos daba igual que el disco se hubiera publicado ahora o dentro de cuatro meses. Que no hay hordas de fans esperando a nuestro disco en la puerta de El Corte inglés, y que eso nos permite dedicar todo el tiempo que sea necesario.

(Pérez Piñas) De hecho, el disco lo comenzamos a grabar en agosto del año pasado, y lo hemos terminado en julio. Nos ha llevado todo un año.

 

Y mucho de ese tiempo lo habéis dedicado a la postproducción y a las mezclas.

(Pérez Piña)s En “Ghostwoods” las mezclas fueron demasiado precipitadas. Habíamos grabado todo con mucha tranquilidad, pero como las mezclas las hicimos en La Mina, con Raúl Pérez, y utilizando una grabadora analógica, terminamos por dedicarles muy poco tiempo.

(Ruiz) Fue un error. Porque a mí “Ghostwoods” me gustaba mucho, pero al mismo tiempo notaba que las intenciones que tenía cuando comenzamos a grabarlo eran mucho más avanzadas que lo que había quedado al final. Y eso nos obligaba a pensar en otro disco antes incluso de que el primero se hubiera publicado; otro disco que nos permitiera expresar esas ideas. Con “Wolves”, en cambio, me da la sensación de que hemos conseguido reflejar exactamente lo que somos ahora mismo.

(Pérez Piñas) De hecho, el disco va por delante nuestra, porque hay canciones que todavía no sabemos muy bien cómo vamos a trasladar al directo.

(Ruiz) Puede parecerte extraño, pero esa incertidumbre es algo que a mí me da mucha tranquilidad.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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