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Douglas Dare

Equilibrio

 

Vidal Romero

Fotos Dusan Kacan

 

Un hombre se sostiene en equilibrio inestable sobre una roca resbaladiza, en medio de una costa repleta de guijarros cortantes, bajo un cielo amenazador. La imagen, capturada en blanco y negro, refleja a la perfección el contenido del primer disco de Douglas Dare, “Whelm” (Erased Tapes, 14), un extraño remanso de melancolía en el que flota una cierta sensación de pérdida, una vaga inquietud ambiental. Un disco en el que la voz y el piano son protagonistas casi absolutos: una voz de crooner melancólico, que recuerda a la de Rufus Wainwright aunque es menos engolada, menos afecta a la pirotecnia. Y un piano de sonido clásico y ligeramente minimalista, envuelto con un sutil ropaje electrónico, que potencia esa idea de fragilidad. Douglas Dare es cabeza de cartel del Festival L.E.V.

 

Todo comienza con una idea; a veces es algo tan sencillo como una sola palabra y otras veces tengo una historia casi completa en la cabeza. Luego comienzo a trabajar alrededor de esa idea inicial, primero escribiendo versos que puedan dar forma a un poema o a un cuento muy breve, y luego ya en el piano, donde suelo cantar algunas estrofas una y otra vez, hasta que la música comienza a tomar forma”. Douglas Dare habla desde su estudio en Londres; explica que para él la música siempre ha sido cosa de instinto. “Vengo de un pueblo pequeño de Dorset, al suroeste de Inglaterra. Crecí en una granja en la que había un piano al que mi madre solía sentarse, y fue escuchándola y practicando de oído como aprendí a tocar”. Cuenta también que lleva tocando “desde los 14 años, casi siempre solo. Estuve en un par de bandas cuando era adolescente, pero me limitaba a tocar el piano y hacer coros, nada que llegara a satisfacerme. Mis propias canciones no llegaron hasta que me mudé a Londres, con 21 años”, hace ahora mismo tres.

 

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Tu música es una mezcla curiosa: hay un piano de aire neoclásico, canciones pop con una estructura más o menos convencional, una manera de cantar propia de un crooner y medidos arreglos electrónicos. ¿Cómo se equilibra todo eso?

Como ya te he dicho, casi siempre empieza tocando el piano a partir de una idea, probando cosas que puedan encajar. Y luego sigue con mi batería y productor, Fabian Prynn, que me ayuda a buscar arreglos. Nos gusta improvisar y probar muchas cosas diferentes, pero en general tenemos gustos muy parecidos, así que solemos terminar las canciones con bastante rapidez.

 

Entonces, ¿Prynn es solo un colaborador, un productor en el sentido más clásico, o también se implica a la hora de escribir las canciones?

Fabian aporta mucho a las canciones, tanto a nivel de sonidos concretos como en la atmósfera general. Es el responsable de la grabación y de la producción, pero también es la persona de la que más me fío a la hora de hablar de música. Espero que grabemos muchos más discos en el futuro.

 

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El piano es claramente el elemento protagonista en tus canciones.

Me gusta mucho el sonido del piano, es mi instrumento favorito desde siempre, a pesar de que toco también un poco de guitarra, el acordeón y el clarinete. Imagino que sigo recordando la emoción que suponía escuchar a mi madre tocando alguna pieza de Debussy o el “Water music” de Handel.

 

A pesar de esos referentes clásicos, en el disco hay muchos momentos que parecen un poco deslavazados, como si fueran el resultado de improvisaciones.

Porque a Fabian y a mí nos encanta manejar muchas ideas distintas, hasta el punto de que no somos capaces de tocar dos conciertos iguales. Y es mejor que sea así, porque no tenemos la costumbre de grabar o escribir lo que tocamos; es una actitud que nos hace sentir libres.

 

También me gusta la manera que tienes de cantar, como una nube de sonidos que flota por encima de la música. Quiero decir, de algún modo parece que las vocales están desconectadas del resto de la canción; es un gesto de extrañeza que me interesa.

Las melodías son lo más importante para mí, constituyen el gancho con el que siempre me ha anclado a mis canciones preferidas. Así que siempre intento conseguir ese mismo efecto: que la gente que escuche mis canciones sea después capaz de cantar las melodías por la calle, o incluso de tararearlas en la ducha.

 

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El disco incluye las letras, impresas con un formato y papel que recuerda a un viejo libro de poesía. ¿Significa esto que son totalmente independientes, que la música funciona como un vehículo para potenciar esas letras? 

Al igual que sucede con la melodía, las letras deben poder funcionar de manera independiente a la música. Pero es verdad que les doy mucha importancia, porque cuando comencé a escribir canciones los textos que me salían eran muy malos, y tenía que esforzarme de manera especial. En cuanto a tu pregunta, casi todas las canciones en “Whelm” provienen de poemas y cuentos más largos, recortados para que puedan encajar bien en la música.

 

¿Y dónde encuentras inspiración para esos textos? ¿Hay algún escritor al que puedas considerar como tu maestro?

En mi primer EP, “Seven Hours EP” (Erased Tapes, 13) las letras eran más personales, pero en “Whelm” todos las canciones están contadas desde el punto de vista de un narrador, externo a toda la acción. Ahora mismo me interesan mucho algunos eventos históricos y las reacciones humanas ante las emociones, e imagino que escritores como Carol Ann Dufy, Sylvia Plath o Allen Ginsberg tienen algo que ver con ello. Aunque también considero importantes a otros escritores menos obvios, como Joni Mitchell, PJ Harvey o Thom Yorke.

 

¿Cómo entraste en contacto con la gente de Erased Tapes? Desde luego, es el hogar perfecto para tu música.

Escucharon una maqueta que había colgado en Soundcloud, así de sencillo. Luego nos conocimos en el quinto aniversario del sello, y a partir de ahí fue todo muy rápido. Y me alegro: con ellos me siento en casa, me siento en buenas manos.

 

Una última pregunta: estarás tocando este fin de semana en el L.E.V. Festival. ¿Qué podremos ver sobre el escenario?

Tocaremos sólo Fabian y yo. Iremos repartiéndonos los instrumentos en directo para poder tocar las canciones de una forma interesante. Pero lo que no llevaremos son visuales o complicados juegos de luces; ahora mismo lo único que nos interesa es centrarnos en la música.

 

 

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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