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Seward

Cuando los extremos se juntan

 

Marc Ferreiro

Fotos Jordi Vidal

 

“¿Cómo definiríais vuestra música?”. Adriano Galante, cantante y guitarra de Seward, coge el micro, observa con ojos acerados al periodista y le lanza un “ese es vuestro trabajo, el nuestro es tocarla”. Cinco minutos más tarde, se plantea cuestiones sobre la responsabilidad del artista. Martín Leiton, el contrabajista, inquiere a otro entrevistador, “¿algún otro músico os había expresado alguna vez estas reflexiones?”.

 

La anécdota, que pasó en una reciente rueda de prensa, puede explicar algunas reacciones negativas ante la propuesta de este grupo, formado en Barcelona y que, tras una insólita edición de su primer larga duración, “Home Was A Chapter Twenty Six”, del que han distribuido canciones entre páginas de Internet y un vinilo autoeditado, se dispone a actuar ante audiencias de toda Europa. Llevan cuatro años en esto y ya han glosado sus virtudes en el Reino Unido, Holanda o México. Mientras, en este país siguen siendo una especie de secreto underground, como si nadie quisiera creerse que podemos albergar una propuesta de tal calado. Los promotores de festivales han llegado a definirlos como “lo más grande que han visto en 30 años” pero les reconocen que no saben cómo comercializarlos. Mientras, aquí, algunos afirman que Seward representan todo aquello que odian. Y, otros, vibran en sus conciertos como si no hubiera un mañana. ¿Qué define a Seward? ¿Qué es lo que provoca reacciones tan extremas?

 

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Son ambiciosos, capaces, diferentes, seguros de ellos mismos. Sus directos no sólo son espectaculares sino que la música que ofrecen también lo es. Esa autoafirmación, esa convicción de la que hacen gala, puede pesar mucho en un entorno mediocre, que se mira en otros países porque su oferta palidece ante ellos. Pero Seward no parecen de aquí. Podrían provenir del Reino Unido o de Norteamérica. Y ellos lo saben y no se escudan en falsas modestias.

 

Coincido con ellos en su filmación para Tots Sants. Fascinado, observo cómo el contrabajista interpreta al piano estándares del jazz. El batería, Juan Rodríguez Berbín, tañe una guitarra. Les acompaña el guitarra Jordi Matas, que golpea las cuerdas del contrabajo. Nada que ver con efebos que estudian poses ante el espejo. Estamos ante músicos.  

 

Músicos de directo, para los que cada noche, cada espacio, es una nueva experiencia. Adriano Galante reflexiona sobre las incógnitas del escenario y cómo influyen en la percepción del público aquellas actuaciones que les marcaron.

Ir a escenarios grandes implica llevar a cabo un esfuerzo mucho mayor para expresar lo que hacemos cuando estamos más cerca del público. Un escenario grande te limita, crea mucho vacío. Debes diseñar otro tipo de costumbres. Para mi la incógnita tiene mucho valor, me gusta que un cineasta, un escritor, me borre las certezas, lo haga tan bien que yo no sepa hacia dónde me va a llevar. Es muy efectivo, te provoca sensaciones que no tienen nada que ver con lo que has experimentado antes. La gente que nos compara con bandas siempre acaba dando nombres muy distintos. En Eurosonic, un manager me decía, “Sois vosotros y The Fall”. ¡Pero qué me estás diciendo! ¡No tenemos nada que ver! Nos han comparado con Death Grips, Captain Beefheart, King Crimson, Pink Floyd. Creo que en un punto del concierto les recordamos buenos momentos que han pasado en la música que les ha marcado. No es algo matemático o estético. Creo que va más allá de eso. Nos comparan con ese tipo de bandas que les marcaron, que fueron importantes para ellos.

 

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El batería, Juan Rodríguez Berbín, es uno de los percusionistas más creativos que he visto. Cuando se sienta frente a los tambores, hace honor al verbo “to play” (jugar), a la hora de tocar su instrumento. Incide en la noción de dejar atrás lugares comunes, de dejarse sorprender.

La experiencia Seward requiere de varios encuentros. Requiere práctica, ceder a impulsos y abandonar lugares de comodidad. Ir a vernos es igual que para nosotros tocar. Ensayamos cada día, imagínate lo difícil que es intentar no repetirse. Pero no podemos fijar la innovación como premisa. Lo más bonito es que cada uno tiene un lugar desde el que siente la música y la hace, pero el lugar en el que todos nos encontramos a gusto es aquél en el que nos sorprendemos los unos a los otros, con respuestas inesperadas. Nos gusta que un mismo pasaje atraviese distintas emociones. La sorpresa es el elemento necesario. Y como público, tienes que estar dispuesto a eso. De hecho, tienes que venir a buscar eso. Sólo pido paciencia, como esos tés que los puedes infusionar cuarenta veces y que siempre te darán un sabor distinto.

 

Si el campo de juego del grupo es el directo, cabe preguntarse para qué editar un disco. Volvemos al terreno de las preguntas y las respuestas. Reflexiona Juan Rodríguez Berbín.

A todos nos encanta grabar por muchas razones, porque el proceso de grabación es otro universo, es necesario. Hemos grabado mucho más de lo que hemos editado porque solamente el proceso basta para que nos demos cuenta de cómo queremos hacerlo. Grabar sin cascos, sin barreras, tal y como componemos y tocamos, todos juntos. Los técnicos de sonido nos decían que era una equivocación porque nos contaminamos unos a otros pero luego empiezas a ver que, en la historia de la música, es éste el método preferido por los grandes técnicos de sonido, y nosotros llegamos sin mucha teoría sino a través de la práctica.

 

Les decía que son diferentes, únicos. Quizás estas reflexiones de Adriano Galante muestren por qué.

Lo que nos mueve son personajes, ni movimientos estilísticos ni maneras de ser, son personas únicas. Alguien que te da algo propio. Por mucho que vayas veinte años a la escuela para saber cómo tocaba John Coltrane y llegues a tocar exactamente igual que él, no vas a transmitir lo que él transmitía, porque su música era él, propia, única. Al tener acceso a la cultura y a la escuela, nos hemos  acostumbrado a copiar patrones. El camino de verdad es creer en ti mismo como en algo original.

 

Marc Ferreiro

Proveniente del extrarradio de Barcelona, Marc Ferreiro siempre ha querido dinamitar las limitaciones culturales y del entorno. Apasionado por la música, el cine, la narrativa, el teatro y, en definitiva, cualquier manifestación creativa, considera el periodismo como una forma de compartir experiencias. Tras formar parte de publicaciones pioneras como aB (anteriormente, aBarna), ha seguido colaborando en numerosas revistas y webs culturales. Actualmente prepara un libro que recopile sus entrevistas.

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