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Discodeine

El pop en los sesenta

 

Vidal Romero

 

Es posible que en aquel momento no lo supieran, pero cuando publicaron su primer disco como Discodeine, a principios de 2011, los productores franceses Pilooski y Pentile estaban diciendo adiós tanto a sus carreras en solitario como a la escena de techno guarrete en la que se habían movido hasta entonces. Todo empezó con aquel “Discodeine” (Pschent, 11) que juntaba redondas canciones de pop con oscuros arrebatos de techno; una mezcla que los dos compinches han depurado y mejorado en una nueva entrega, “Swimmers” (Pschent, 13), mucho más orientada hacia el pop de sabor clásico y aires cinematográficos.

 

Desde su estudio en París, Cédric Marszewski (aka Pilooski) intenta recular, explica que “nunca hemos dejado de trabajar en nuestros proyectos propios”, pero termina por reconocer que es cierto “que hemos dedicado más tiempo a cosas que no se ven tanto, como campañas publicitarias, producciones para otros artistas o remezclas”, y que eso puede haber motivado “la sensación que comentas de estar desaparecidos”. Eso, y que también han dedicado “mucho tiempo a la grabación del nuevo disco. Es algo necesario cuando quieres desarrollar conceptos, cuando intentas aprender nuevas técnicas de producción o te esfuerzas por mejorar la manera en la que tocas en directo”. Y más necesario aún cuando la dinámica de trabajo pasa por encerrarse en el estudio a trabajar de una manera conjunta, en lugar de mandarse archivos a través de la red. “En esta ocasión, y por motivos de agenda, hemos tenido que recurrir al intercambio de piezas y fragmentos en más de una ocasión”, reconoce Marszewwski. “Pero siempre llega un momento en el que ya no podemos seguir por separado y nos encerramos en el estudio. Es imprescindible estar en la misma habitación para tomar las decisiones sensibles, para hacer crecer las canciones y dar los últimos toques a la producción. Para elegir qué camino hay que seguir y conseguir que todo el disco respire humanidad”.

 

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Me gusta el hecho de que “Swimmer” sea tan corto. Con sólo 29 minutos de duración, parece antes un disco de pop de los sesenta que un producto de esta era electrónica.

Esa era la intención desde el principio: eliminar todo lo superfluo para quedarnos sólo con el tuétano, con el corazón de las canciones. Se trata de una búsqueda de los elementos esenciales, pero en la decisión también tiene mucho que ver algo que nos preocupa: no estamos muy seguros de que un formato como el LP siga teniendo mucha vigencia hoy en día, y hemos pensado que tal vez grabar uno más corto tenga más sentido. Y también has dado en la tecla con esa referencia al pop de los sesenta; después de todo, esa es nuestra mayor influencia, de ahí es de donde venimos.

 

De hecho, en todo el disco  sólo hay un momento con aire oscuro y ritmos techno, que es el comienzo de “Liquid sky”. ¿Ha sido eso también premeditado, descartar los temas de techno para trabajar con estructuras más clásicas?

Es algo completamente premeditado, y que de hecho decidimos desde que comenzamos a trabajar en el disco: explorar nuestras influencias más pop y escribir canciones con una estructura clásica y arreglos muy cuidados, para que se pudieran escuchar en casa. No es que hayamos renegado de las estructuras y los ritmos más orientados a la música de club, pero creemos que tiene más sentido dejar ese tipo de recursos para las remezclas.

 

La última vez que hablamos, tu compañero Pentile me contó que os gusta pensar en los discos “como si fueran novelas, con un principio, un nudo y un desenlace”. Así que, ¿cuál sería el arco narrativo en “Swimmers”?

Es cierto, nos gusta manejar una cierta idea de “concepto”, aunque siempre de manera humilde, sin muchos fuegos artificiales. En nuestro caso, el nexo entre las canciones, la línea narrativa, no tiene mucho que ver con las letras porque la mayoría de las canciones son instrumentales. Antes bien, se trata de cómo evolucionan la atmósfera del disco y la manera en la que se va tratando el sonido en cada momento: el disco cuenta una historia, pero desde un punto de vista estrictamente musical.

 

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Para mí, y siguiendo ese razonamiento, “Swimmers” tiene una primera parte más luminosa y ligera, un arco central de transición y un acto final sombrío y a ratos ominoso.

Me parece un punto de vista interesante, aunque la verdad es que no llegamos a planear nada tan elaborado. Por ejemplo, en el montaje definitivo del disco tiene mucha más importancia la manera en la que fuimos trabajando con los ritmos. También intentamos distribuir las canciones de manera que la atmósfera no resultara demasiado oscura, aunque es posible que no lo hayamos conseguido del todo…

 

¿Puede ser que esa última parte corresponda con la búsqueda de caminos más experimentales? Algo parecido a lo que sucedía con “Figures in a soundscape”, el último corte de vuestro disco de debut.

Experimentar es siempre una parte del proceso creativo, que al final consiste en enlazar entre sí ritmos y texturas. En nuestro caso, solemos definir primero la paleta de sonidos con la que queremos trabajar, y a partir de ahí vamos escribiendo melodías. Pero como te decía antes, no hay reglas fijas: algunas de las canciones tienen su origen en ciertas melodías que, de repente, se transformaron en extraños sonidos melódicos. Es un camino de ida y vuelta.

 

En otras canciones, como “Shades of cyan”, hay también un evidente aire a kosmische. De hecho, hay referencias a la música cósmica y a la library music esparcidas por todo el disco.

Siempre hemos escuchado bandas sonoras y música con aire cinematográfico, desde Ennio Morricone a cosas de library music. Y de hecho, creo que nuestra música tiene un gran componente cinematográfico en muchas ocasiones, porque puede evocar imágenes o sentimientos. Eso sí, como no nos gusta seguir fórmulas reconocibles, tendemos a deconstruir nuestros temas, a buscar soluciones muy abstractas, cuando las cosas se vuelven demasiado obvias.


En la mayoría de las canciones cantadas ha participado Mark Kerr. ¿De dónde ha salido? ¿Ha tenido algo que ver en la producción del disco, aparte de prestar la voz?

Mark estuvo tocando la batería durante nuestra última gira, pero también lo conocemos porque colabora con mucha gente en la escena parisina, como Joakim, Catherine Ringer o Maestro. Las letras del disco y las melodías vocales son suyas, trabajadas a partir de varias partes musicales que le pasamos, pero esa es su única contribución: cuando se trata de las canciones de Discodeine nos convertimos en unos auténticos obsesos del control.

 

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También colabora Kevin Parker en “Aydin”, el single de adelanto del disco. ¿Esto se va a convertir en algo habitual, llamar a algún cantante de éxito para que colabore en el disco?

Conocí a Parker a través de Modular Records cuando me encargaron una remezcla para un tema de Tame Impala. Luego se vino a vivir a Paris durante una época y nos hicimos más amigos, así que le pasamos una pista instrumental y él nos la devolvió cantada. La verdad, se trata de una canción que grabamos hace dos años, cuando Tame Impala no era una banda tan conocida como ahora…


¿Tenéis pensado algo especial para los directos, como llevar a una banda completa o algo parecido?

Queremos hacer una gira con una banda hombre/máquina completa, que incluya un batería humano y muchos cacharros analógicos. La idea es reducir el uso de ordenadores al mínimo posible. Eso sí, lo combinaremos con otra fórmula más sencilla, con nosotros dos y menos instrumentos, para poder tocar también en clubes y locales más pequeños.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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