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Discodeine  

Discodeine

Swimmer

Pschent

7,5

Pop electrónico

Vidal Romero

 

Si algo chirriaba en “Discodeine” (11), el primer disco de la pareja que conforman Pilooski y Pentile, era lo mal llevada que estaba la mezcla entre pistas de techno y temas de aire pop. Llámenlo indecisión por no estar seguros de si el giro hacia pastos más melódicos sería bien entendido por su público natural, llámenlo una simpe cuestión de transición entre el terreno del club y el de la escucha doméstica, llámenlo una torpe organización del listado de canciones, el caso es que “Discodeine” iba dando bandazos demasiado agresivos entre los cortes más rudos (“Ring mutilation”, por ejemplo) y los tres o cuatro hits que contenía (como aquel “Sinchronize” que cantaba Jarvis Cocker). Quizás conscientes de esa debilidad, los dos productores franceses han decidido enfocar su segundo asalto, “Swimmer”, de una manera más relajada y ordenada, evitando casi por completo el techno –sólo la primera mitad de “Liquid sky” podría definirse así, y pillándose un poco los dedos– y jugando a cambio la baza de un pop electrónico, en el que se respiran mucho glamour y muchas referencias clásicas.

 

Se trata de un giro que los dos compañeros han acometido a través de varias estrategias. Para empezar, han rebajado la duración de las canciones de manera notable: casi todas se asientan alrededor de los tres minutos, lo que deja el total del disco por debajo de la media hora, un minutaje mucho más habitual en el mundo del pop que en el de los clubes. Además, han cuidado el brillo del sonido, tirando de sintetizadores y teclados antiguos (hay mucho gesto analógico encerrado aquí dentro), y poniendo en valor las estructuras de los temas antes que las triquiñuelas de estudio. Y para terminar, han montado el cancionero de “Swimmer” como si se tratara de un viaje, que comienza aglutinando al principio las canciones cantadas, las más descaradamente pop, para después ir virando hacia terrenos más pantanosos y oscuros. Con sus percusiones saltarinas y sus pianos cargados de groove, “Seabox” y “Dry by” abren el paseo con citas nada escondidas a los mejores momentos de “Discodeine” y presentando en sociedad a Mak Kerr, el nuevo cantante “oficial” del proyecto. Luego llegarán esa colorista explosión psicodélica que es “Aydin”, que cuenta con el inevitable invitado de lujo (el bueno de Kevin Parker, de Tame Impala), y la también inevitable ración de melancolía –el binomio que componen “Dry wet” y Slip slow-, antes de volver a levantar el vuelo, tirando por igual de kosmische (“Shades of cyan”) y de retrofuturismo luminoso (la ya citada “Liquid sky”). Todo para desembocar en la estupenda “Plum blossom”, suma de todas las virtudes y de muchos de los sonidos desarrollados en “Swimmer”. Un disco que todavía no es perfecto –aún le falta algo más de equilibrio–, pero que sí certifica que Discodeine está en el camino adecuado.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com