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Temples

Volcano

Heavenly

7,2

Psicodelia

Brais Suárez

 

No porque existan dos estilos muy similares el posterior es necesariamente una imitación del primero, pero es inevitable pensar que Temples todavía siguen de manera muy marcada la estela de Tame Impala. Sí, es cierto que siempre podremos remitirnos a los Beatles como referencia común e incombustible, a aquel sonido lisérgico sesentero que descompuso la música para crearla de nuevo, pero así como Tame Impala lo utiliza para reformularlo mediante una serie de subversiones de los sentidos, Temples son más limitados y arrastran los recursos de Kevin Parker y compañía hasta canciones más frágiles, más monótonas y sencillas en un estilo que no premia precisamente estos atributos.

 

Puede también ocurrir que hoy por hoy la sombra de Tame Impala sea demasiado larga, pero de ninguna manera se puede arredrar la sensación de que Temples están demasiado fresquitos y cómodos en ella. Para demostrar que sí hay alternativas, ahí están las referencias de la psicodelia electrónica actual, como el holandés Jacco Gardner, capaces de aportar detalles impensables hasta entonces.

 

 

Las transiciones de sintes de textura sesentera, las distorsión y, sobre todo, la línea de bajo están perfectamente ejecutados en este “Volcano”, que en ningún momento es un mal disco; pero son también unos rasgos tan característicos que suenan redundantes y poco originales, tanto en el propio disco como en el contexto actual. De hecho, las melodías están logradas y las canciones oscilan con fluidez y coherencia, pero los matices son muy similares y no parecen suficientes para un trabajo de doce temas, que acaban cojeando.

 

Una vez el disco gira es fácil dejarse encandilar por el golpe de efecto que causa “Certainty” al principio para seguir tomando impulso con “I Want to Be Your Man” y navegar por un bosque de colores digno del mismísimo Ken Kesey y sus Merry Pranksters. “Mystery or Pop”, de hecho, tiene un tono circense que conmina al baile y lleva la distorsión guitarrera a un estado mental confuso y placentero.

 

 

Es en estos ritmos por donde se puede comenzar a hablar del lado positivo del disco: cadencias bien configuradas con un tono sugerente y original, así como recursos inesperados. Son quiebros y destiempos que revierten el tono alegre del disco y le aportan misterio, un componente más desconcertante. Además, limitándonos exclusivamente a la obra de Temples, sí se agradece el paso adelante que dan hacia un colorido fantasioso, muy detallista y rico en retoques. Aumenta la carga electrónica y se mantiene firme sin llegar a saturar el oído. Por eso, aunque denso al principio, con un poco de concentración se profundiza en el disco para dar con un puntillismo exquisito en cada nueva escucha.

 

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.