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Justice

Woman

Because Music

8

House / Nu-Disco

Brais Suárez

 

Aquí hemos venido a bailar. Hay que tenerlo claro antes de nada. Hemos venido a bailar Justice, para ser más exactos, lo que al principio de este “Woman” bien se podría equiparar a arrodillarse frente a un bafle y dejar que el sonido te despeine, te arrastre y finalmente consiga que te agites con movimientos mezcla de Tony Manero, Prince y Phil Anselmo. “Safe and Sound” es una vuelta a muchos estilos y muchas referencias, pero todas ellas remiten a lo que desde hace ya diez años suena en los oídos al pronunciar Justice. El funk se mezcla con el disco y todo bañado de house permite alguna que otra injerencia de góspel y rock. Quizá no sea una tremenda originalidad; lo tremendo es la textura, ese sonido capaz de enchufarte entre las cuerdas de un bajo, entre el charles de una batería o en el corazón de un sintetizador.

 

Ya lo dicen en la segunda pista, “Pleasure”: “Use Your Imagination” y el placer estará garantizado. Ralentiza el inicio vertiginoso del disco, pero sus coros convertirán el baile en una liturgia irreprimible donde quiera que suene la música. Y es precisamente la pausa necesaria antes de que “Alakazam!”, donde los platillos toman las riendas hasta que se lo permiten los sintes, haga magia. Música de persecución en Ferrari Testarossa. Las descargas de adrenalina se regulan mediante contratiempos inesperados, voces siderúrgicas y silencios irreverentes. La virtud: que tantos juegos de ritmo no descuiden en ningún momento la concatenación de distintas melodías; el defecto: que tras “Fire” y “Stop” parece que seguimos escuchando la misma canción.

 

 

Los estribillos son elocuentes, pegadizos y diferentes; las progresiones, meritorias y la estética, impoluta. Dejan patente que el disco fue pensado como conjunto, pero en este tramo el conjunto se vuelve estático, no evoluciona. Es como Ryan Gosling conduciendo dentro de una plaza de toros. Muy rápido y con muchos trompos, pero siempre con la misma cara y el mismo paisaje reflejado en las gafas. Mucho polvo. “Chorus” consigue quebrar el mareo induciendo al trance. Se deleita en contrastes, gana fuerza en el ritmo y su maquinaria pesada resopla para que “Randy”, aun siendo más de lo mismo, consiga revolucionar los sentidos con un estribillo magistral. Dejamos el Testarossa y nos subimos a un Cadillac descapotable. La batería se relaja, la voz se significa y, precisamente con esta disminución del ritmo, el disco se reactiva y extiende una pista inmensa para “Heavy Metal” (que sustituye los solos de guitarra por un órgano casi transilvano), “Love S.O.S.” y “Close Call”, final de bailar agarrados mientras se encienden las luces.

 

Woman” funciona de maravilla a la primera. Es un amor platónico en conjunto y por partes. A la segunda y a la décima, también. Pero al conocerlo de cerca empiezan a surgir los momentos de tedio y las discusiones sin sentido. La confusión. No cabe la menor duda, con todo, de que cada canción se servirá por sí misma para ser tan recordada dentro de diez años como aquel revelador “We Are Your Friends”.

 

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.