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Ben Lukas Boysen

Spells

Erased Tapes

8

Neoclásica

Vidal Romero

 

Hablando hace poco con un viejo amigo de esta santa casa, llegamos a la conclusión de que Erased Tapes se ha convertido en una especie de sello-franquicia, más preocupado por consolidar un catálogo que ya es a todas luces abrumador, más interesado por dar a su público productos en los que pueda reconocerse su marca, que por formar a jóvenes valores desconocidos. De acuerdo, de vez en cuando sigue alimentando su alineación principal con promesas sacadas de la cantera (la última fue Douglas Dare, hace nada menos que tres años), pero la mayoría de sus apuestas van ya por otros derroteros: por artistas con varios discos a sus espaldas y capacidades contrastadas en directo, pero que por alguna razón no han conseguido asomar la cabeza más allá del circuito híper-especializado de la música neoclásica.

 

El berlinés Ben Lukas Boysen, por supuesto, encaja en esta descripción. En activo desde principios de la década pasada, con más de una docena de discos a sus espaldas, comenzó su carrera dándole a la IDM angulosa y al dark ambient desde Hymen Records, otro sello estupendo, que ya hace quince años comenzó a intuir las conexiones subterráneas que existían entre la música “culta” y la electrónica experimental. Uno de los primeros en cavar esos túneles fue Boysen, que al principio se hacía llamar Hecq, y que cultivaba las formas más extremas de la IDM (el breakcore y el glitchcore) como una manera de esquivar la educación “tradicional” a la que le habían sometido sus padres, una cantante de ópera y un actor de teatro. Una educación que, para su segura frustración, siempre terminaba colándose por las rendijas de sus temas, añadiendo complejas formaciones melódicas y arreglos de aire orquestal a discos tan intensos (y tan recomendables) como “Bad karma” (05) o “Night falls” (08).

 

 

Tuvieron que pasar varios años, en fin, antes de que nuestro hombre descubriera el mundo de la composición para vídeos y películas, y aceptara que sus habilidades podían tener alguna utilidad más allá de decorar violentas erupciones rítmicas. Fue así como llegaron “Restive” (12) y “Mother nature” (13), dos bandas sonoras de naturaleza asfixiante y sonido viscoso, y fue así como llegó un poco más tarde “Gravity” (13), un disco que situaba al piano en el centro de su pequeño universo. Un universo impresionista y teñido de melancolía, en el que a ratos aparecían ritmos al ralentí, grabaciones de campo, descargas digitales y arreglos de cuerda, para arropar las melodías minimalistas y de aire cinematográfico que Boysen delinea con exquisita paciencia.

 

Su nueva criatura, “Spells”, habita ese mismo universo y hasta comparte algunos elementos (de manera literal: “Nocturne 3” y “Nocturne 4”, por ejemplo, continúan una serie iniciada en “Gravity”), pero añade el atractivo de una mayor depuración del lenguaje. Con su tono pausado y su tono apesadumbrado, “The veil” marca el camino por el que se desarrollará todo el viaje: un piano minimalista que suena desde la lejanía, envuelto entre ecos majestuosos y ruidos de cinta. Una estética cercana a la que estila últimamente Nils Frahm (que no por casualidad ha masterizado el disco y actúa como padrino de nuestro hombre), pero con un punto más (digamos) comercial, posiblemente porque Boysen ha comenzado a trabajar con productoras de Hollywood. Algo que se nota en piezas como “Nocturne 3”, que tiene un poso de jazz nocturno y de cine negro, o en la estupenda “Sleepers beat theme”, que va enroscando cuerdas, arpas y melodías emocionantes de piano alrededor de un burbujeante fondo electrónico. También en “Golden times I”, que con sus ruidos de fondo, su percusión en tensión creciente y su melodía obsesiva podría servir como banda sonora para alguna serie de televisión de Netflix, o en “Golden times 2” que incluso utiliza un bombo a negras. Más delicada resulta “Keep watch”, una colección de notas sueltas que van tomando forma de himno a medida que la canción avanza, y sobre todo “Selene”, que cierra el disco con un aire como de funeral. Un disco al que, en realidad, sólo se le puede poner un pero: el hecho de que Boysen haya decidido programar todos los pianos en vez de tocarlos, de manera tan perfecta y precisa que el propio Frahm reconoce que “nadie sería capaz de afirmar que no son pianos de verdad”. Un virtuosismo innecesario, que no empaña el exquisito trabajo de composición y producción.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com