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The Avalanches

Wildflower

XL Recordings

8,2

Mixologia pop

Brais Suárez

 

Decir que The Avalanches vuelven 16 años después con una avalancha electrónica de soul y disco es un juego de palabras demasiado fácil, pero es también el que más se ajusta a la realidad. Lo hacen, además, como si no hubiera pasado nada, como si una década y media fuese el período de tiempo que se toma un grupo entre disco y disco. Habían sorprendido con aquel “Since I Left You” (2000)  no tanto por sus ritmos y letras como por la textura de un sonido cuyo diseño plástico y original se conserva aún ahora, a medio camino entre un peinado afro setentero y unos pantalones de rapero con el tiro por la rodilla. La cuestión es que en absoluto pierde la creatividad y se renueva con fuerza y con unas colaboraciones muy bien acopladas.

 

 

Empieza a sonar el disco y da la sensación de lanzarnos a sobrevolar las afueras de París, con esa mezcla de platos que revuelve estructuras clásicas de la Motown y con una línea vocal más hip hop ahora, más swing después. Avanza entre pasajes sonoros, locuciones de radio, percusión de mambo y modulaciones estrafalarias. “If I Was a Folkstar”, con Toro y Moi, es de lo que más llama la atención al principio, así como “Noisy Eater”, pero a medida que se presta más atención al detalle, las canciones gancho van perdiendo enteros hasta no ser más que una parte del conjunto, mientras que el inicio de “Wildflower”, con “Because I´m Me” o “Subway”, funciona como un resorte en las piernas y las caderas. Es imposible no sonreír y caminar con desparpajo, a pesar de que “Frankie Sinatra” (de mano de Danny Brown y MF Doom) se atragante con una sencillez demasiado infantil.

 

 

De hecho, las canciones que mejor funcionan son aquellas en las que The Avalanches no permiten la interferencia de nadie y se dedican a ser ellos mismos, a decorarlas con todo tipo de instrumentación extravagante y un humor envidiable. Quizá sea, no obstante, un mosaico demasiado colorido como para no acabar saturando tras 20 pistas (una hora) de tanta elocuencia musical.

 

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.