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Plaid

The Digging Remedy

Warp

8,7

IDM

Brais Suárez

 

 

Atacar “The Digging Remedy” es como ir deshojando una margarita. Me gusta, no me gusta, me gusta, no me gusta, me encanta, no lo aguanto… Es un disco que requiere un esfuerzo. No abusa de golpes machacantes de beat ni se refugia en ritmos evidentes que sostengan la atención en las primeras escuchas. Por el contrario, la producción lograda y la alternancia de toda una galaxia de sonidos son lo que engancha hasta dejar claro que estamos ante una obra tan inspirada como “Reachy Prints” (Warp, 2014), donde las melodías requieren ser descifradas con paciencia.

 

En general, recuerda a ese tipo de hitos que dejaron Orbital o Massive Attack, un disco que recupera sonidos casi abandonados pero que los alterna con canciones más coloridas con las que exprimen las dos décadas transcurridas desde aquellas otras. Es el caso “Do Matter”. La primera hoja: me gusta. El sinte acolchado que ocupa el trasfondo va ganando fuerza y se impone al final de la canción de la misma manera que instrumentos analógicos, como la guitarra limpia de “Melifer”, ganan terreno a lo largo del disco a la electrónica predominante.

 

“Do Matter” precede a una ecléctica “Dilatone”, con el histerismo de una alarma Casio, y, a continuación, “Clock” y “The Bee” retoman ese trip-hop clásico y delicioso. Si recuerdan a los mencionados Massive Attack no es por otro motivo que por lo olvidados que habían quedado Plaid, autores también de ese sonido pausado, de esas atmósferas acaparadoras, idílicas para el coqueteo de bases repetitivas con guitarras y percusión mucho más humanas.

 

 

Sin duda es “Melifer” la que recoge con mayor nitidez esa ambigüedad del álbum, pero también su coherencia y su capacidad para sintetizar, para desarrollar por completo un tema que no alcanza los cuatro minutos. Curiosamente es a partir de ahí, en “Baby Step Giant Step”, cuando dan un vuelco al disco y llega ese giro techno magistralmente mezclado con la progresión de sintes más armónicos y la percusión casi tribal, una canción que se debe de escuchar mil veces para conseguir resaltar su papel de transición hacia “Yu Mountain”. En esta, todo lo anterior se va conjugando para abrir la línea final del “The Digging Remedy”. “Lambswood” profundiza en la ambientación amazónica con una flauta-ocarina  que consigue un buen contraste con el beat más machacón, se tranquiliza por un instante al principio de “Saladore” y consigue la mejor armonía del disco con un teclado delicado que una vez más crece sobre una línea casi histérica de percusión y guitarra. La hostia.

 

Es una obra que recupera los mejores destellos de Plaid, que oscila entre luminosidad y ritmos obvios al principio, pero mucho menos interesantes que sus lados más ocultos y sus referencias a una electrónica casi de culto. Sólo se le puede achacar una cierta monotonía en su ecuador, pero, desde luego, es un disco hecho con la confianza de quien se sabe avalado por su talento y de quien sabe que su público lo escuchará con la calma necesaria como para, hoja a hoja, ir descubriendo los méritos y la diversidad que desvela dos canciones tan alucinantes e inteligentes como “Held” y “Wen”, que culminan la delicatessen.

 

Comentarios
Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.