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Julianna Barwick Will  

Julianna Barwick

Will

Dead Oceans

8

Pop etéreo

Vidal Romero

 

El penúltimo disco de Julianna Barwick, “Nephente” (13), venía acompañado de un cierto aroma a victoria. Las dos primeras entregas de la estadounidense, “Sanguine” (06) y “The magic place” (11), habían desarrollado un lenguaje particular, apoyado en una instrumentación espartana y volátil, y gobernado por una telaraña de juegos vocales, que además de las pertinentes líneas melódicas incluía gritos y susurros, extraños ruidos guturales, montañas de efectos y todo tipo de loops y samples extravagantes. Un lenguaje que se inspiraba en la tradición clásica del sello 4AD (Dead Can Dance, This Mortal Coil, sobre todo Cocteau Twins), pero que, cosas de las modas que corrían a principios de esta década, muchos quisieron incluir dentro del saco del revival new age. Tal vez para conjurar ese etiquetado, tal vez para hacer más accesible un sonido de alto contenido emocional, pero de difícil digestión para el indie de a pie (y de ahí viene lo del aroma a victoria), los responsables de Dead Oceans enviaron a su nueva pupila a grabar al estudio que Alex Somers (de Jónsi & Alex) posee en Reijkiavik. Y ella regresó con el citado “Nephente”, un disco en el que sus canciones venían arropadas con todo tipo de lujos (cuerdas, guitarras, sintetizadores, un coro femenino de diez voces), que les aportaba grandes dosis de concreción y de carnalidad.

 

 

Frente a aquel ejercicio de naturaleza expansiva, “Will” se revela como una criatura mucho más viajera y ensimismada. Es viajera porque está grabada a salto de mata, en estudios de ciudades como Lisboa, Brooklyn o Asheville, cuyos nombres sugieren antes el cálido y rasposo abrazo de lo casero que un acabado profesional, pero también porque algo de esa provisionalidad que provoca el estar en el camino parece flotar en el ambiente. Y es ensimismada porque, más allá de algún arreglo puntual, nuestra chica vuelve a hacerse cargo de todo lo que suena aquí dentro. De ahí que las canciones suenen mucho más minimalistas y desnudas: “St. Apolonia” consiste apenas en un puñado de grabaciones de campo por cuyas grietas emerge la voz, “Nebula” desgrana motivos vocales por encima de un chelo que avanza en círculos, “Beached” se enrosca alrededor de un piano preñado de melancolía, “Same” construye una melodía épica, sintetizada y cargada de drones. Prácticamente cada tema dispone de una paleta de sonidos propios, tan espartana como expresiva, que Barwick utiliza para dar forma a fondos de carácter impresionista sobre los que esparce su particular alquimia vocal. Eso sí, se nota también (y esto es posiblemente una enseñanza sacada de “Nepenthe”) que cada gesto está medido al milímetro y que las canciones tienen una forma más redondeada, más cercana a la gravedad del suelo que a la liviandad del espacio: no hay, como sucedía en discos anteriores, momentos en los que todo parecía flotar a la deriva, sin rumbo ni finalidad aparente. Una circunstancia que, unida a la brevedad del conjunto y a la hábil disposición de sus “singles” (además de la ya citada “Same” está “See, know”, la majestuosa pista que sirve de cierre), ayuda a levantar un disco de belleza etérea y desvaída, que se queda sonando en la cabeza mucho rato después de que la última nota se haya disuelto en el aire.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com