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Drake

Views

Young Money Entertainment

7,5

Hip Hop / R&B

Marc García

 

Con el largamente anticipado lanzamiento de “Views” llegando por fin el pasado día 29, ya no queda ninguno de los tres ases del hip hop internacional del presente por publicar disco este año. Drake, el que ahora nos ocupa, carece de la desbordante y singularísima personalidad sonora de Kanye West, y queda lejos de la hondura lírica, la destreza técnica y la sincrética organicidad sonora de Kendrick Lamar. Sus credenciales son otras, sensiblemente menores pero de igual modo apreciables: un sonido entre lo minimalista y lo acolchado, una voz que prioriza la melodía por encima del flow en múltiples ocasiones, un confesionalismo extremo y casi autoparódico, a caballo de la lamentación y la arrogancia, y un empeño sostenido, que se ha acabado revelando fructífero, por lograr el hit crossover definitivo. En este aspecto, los discos de Drake suelen avanzar a dos velocidades: por un lado, el grueso de la propuesta sonora, por lo general despojada, pero no por ello menos triunfante (“Heavy airplay all day with no chorus”, entonaba en el corte de apertura de “Nothing Was the Same); por el otro, los temas para la radio, que dejan las aristas hip hop a un lado y parten de moldes de R&B y pop negro, y que han ido afinando su efectividad: a “Take Care”, elegante amalgama de ultimísima generación de soul clásico y electrónica puntera, le siguió la grácil, aérea, ultramelódica e irresistible “Hold On, We’re Going Home”, y a ésta suceden ahora los éxitos que han ampliado y certificado los alcances de la fama de Drake, ya convertido en icono global —con sesgos paródicos incluidos— de la era de internet.

 

 

Tanto “Hotline Bling” como “One Dance”, las cartas de presentación de “Views”, deben parte de su encanto infeccioso e inapelable a figuras de piano sucintas, persistentes; la primera recurre, además, a un beat metronómico y a un estribillo convertido en icono, y la segunda a un ejercicio notable de combinatoria sampladélica comandado por el dominio de las voces, los ritmos, los timbres, y propulsado por los aires ligeros del trópico (dancehall, UK funky, bounce) que tiñen el segmento central del disco y constituyen una de sus principales novedades. En el álbum, “One Dance” viene precedida por “Controlla”, su complemento ideal (más elemental, robusta, terrosa, casi igual de efectiva), y encuentra aliados en la cimbreante “With You” (primera nota de color del álbum), la dinámica “Too Good” (un danzarín toma y daca de reproches en el que Drake parece ofrecer la oportunidad de la contrarréplica a una voz femenina por primera vez, pero sólo porque se trata de su cómplice Rihanna, y sólo por espacio de unos pocos versos) y la rebotona “Child’s Play”: es este el sector central, la canícula, de un disco organizado conceptualmente de acuerdo con el cambio de estaciones.

 

 

Pero antes del calor ha soplado el aire gélido, que abre el compacto y lo recorre: a veces, de hecho, lo recorre literalmente, en forma de efectos de sonido que amalgaman los cortes de su primer tramo. Como Kanye West con “Ultralight Beam”, abre Drake su disco con uno de los temas más arriesgados y definitorios del mismo, uno de los más magnéticos por inesperados: “Keep the Family” es un ejercicio de croonerismo modernísimo erigido sobre un amplio y ominoso bastidor cinematográfico de cuerdas, vientos y percusiones que se aceleran amenazadoramente después de los puentes, de injertos microscópicos de coros deformes y lejanísimos. Muchos de los beats del primer tercio del álbum recurren a voces eterizadas y distantes, casi imperceptibles, vueltas un murmullo monocorde y borboteante; echan mano de cuerdas electrónicas, de crujidos de hielo, de microscópicos detalles de teclado. “Hype”, el tema más oscuro y furioso del álbum, replica a las acusaciones de Meek Mill de recurrir a negros literarios sobre el fondo memorable y perturbador de un campanilleo diabólico; “Grammys” es un showcase reiterativo para mayor gloria de un Future que gira en un maligno carrusel trap; la espectral “Pop Style” es un logrado ejercicio de paranoia aguda propulsado por un ulular fantasmagórico y un beat que suena como un sónar. El terceto final aumenta la calidez con interludios vocales de soul con guitarras impulsivas, dulces baladas sentimentales y samples vocales gospelianos, antes de acabar el recorrido en ese territorio conocidísimo donde tenemos claro para qué suena el teléfono si suena en plena medianoche. “Views”, con sus 81 minutos y sus 20 temas, cual si de álbum de la era clásica del hip hop se tratase, es una pieza irregular, líricamente irrelevante, formalmente descompensada, entre lo estimulante, lo rutinario y lo instantáneamente triunfal. Menos definitiva y consagratoria de lo que vaticinaban las expectativas de la crítica y las afirmaciones de su propio autor, más solvente de lo que, una vez recibida, algunos han querido concederle, cuenta con aciertos en ambos extremos —experimentador y radioformulesco— y le sirve a su autor para revalidar la medalla de bronce: la carrera, empero, aún tiene a otros en cabeza.

 

Marc García

Marc García (Barcelona, 1986). Licenciado en Humanidades (UPF) y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (UB). Ha colaborado en medios como Quimera, Qué Leer, numerocero, Revista de Letras, Hermano Cerdo, The Barcelona Review Panfleto Calidoscopio. Trabaja como editor de mesa, y es también corrector, redactor, traductor y lector editorial.