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Pet Shop Boys Super  

Pet Shop Boys

Super

EMI

6,7

Pop electrónico 

Brais Suárez

 

No se puede pretender sacar un disco y que el hecho de ser los Pet Shop Boys te salve el culo. No se puede porque es ruin, perezoso y casi egoísta, pero todo eso son defectos que a algunos genios se les deben permitir. Ser engendrado por los Pet Shop Boys hace que “Super” tenga esos destellos de lucidez (y esa voz tan reconfortante) ya casi míticos que evitan que se convierta en una especie de “Gangnam Style” europeizado, hace pasar desapercibidos los sintes más chavacanos y consigue unos estribillos deliciosos y unas bases muy bien logradas.

 

Esta faceta cutre, plastificada, es lo primero que destaca: se trasluce en “Happiness”, que lo remedia enseguida con un estribillo para la historia, y se eleva a su máximo exponente en “Prezzo!” y en “Undertow”, dos reminiscencias mal conservadas de los 80 en las que los teclados apocalípticos y los ecos intimidatorios de fondo nos acercan a un juicio final de mal gusto. 

 

 

Entre ellas, “Inner Sanctun” aporta una oscuridad vertiginosa impropia de los animales de compañía, cuatro minutos casi instrumentales en los que la producción de Stuart Price se manifiesta con más fuerza. Techno muy duro y muy repetido, pero muy bien ejecutado. Al contrario, “Dictator Decides” y “Sad Robot World” suponen un impase en el disco al ser las canciones más experimentales, más medidas y mejor trazadas a partir de una base (y una letra) mucho más actual, propia de Pet Shop Boys pero no anclada a su prehistoria. 

 

“Say It to Me” mezcla también sonidos característicos con un soplo de aire fresco, pero si algo representa esa dicotomía entre un sonido machacantemente rácano y la plenitud musical del dúo inglés, eso es Happiness, con unos sintes descabellados al principio y un estribillo de pura fantasía, fluido, pegadizo, con la voz adictiva de Tennant y una cadencia que no se haría molesta aunque se repitiera en cada pista.

 

 

La canción más redonda llega, no obstante, justo después: The Pop Kids, donde Lowe recupera sus discursos Keseynianos por encima de la lisergia, donde el sonido llega en su forma más pulida, donde el estribillo se une con puentes de oro al resto de la canción…

 

Es triste afirmar que no es más que otro disco, otro más entre todos los que Tennant y Lowe produjeron juntos, pero mantener viva la fuerza de su sonido durante tanto tiempo no es desde luego ninguna penuria.

 

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.