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Weezer

White Album

Atlantic

7,7

Power Pop

Milo J. Krmpotic'

 

Dos padrinos de nivel

Durante la segunda mitad de los años 1960, la confluencia entre Beach Boys y Beatles resultó tan histórica en términos generales (esa sana rivalidad experimentadora que encontró sus puntos álgidos en “Pet Sounds” y “Sgt. Pepper’s”) como trágica en un particular, dado el modo en que la obsesión por Brian Wilson y una alucinada lectura entre líneas de “Helter Skelter” se combinaron en lo más profundo de la torcida psique de Charles Manson, con las asesinas consecuencias por todos conocidas. Ahora, casi cincuenta años después, el quinteto de California y el cuarteto de Liverpool vuelven a darse la mano gracias al (un)décimo trabajo de Weezer, afín al espíritu de los primeros y bautizado oficiosa pero previsiblemente (tras las variantes también homónimas de carátulas azul, verde y roja) como su “Álbum blanco”.

 

 

Pandemonio de voces

Quizá por el tono confesional de algunas de sus letras, quizá por la sinceridad que suele manifestar en sus conversaciones con la prensa, Rivers Cuomo ha visto cómo cada nuevo capítulo de su trayectoria discográfica era comentado tanto en términos de crítica musical como de psicoanálisis personal (y servidor no debe –no puede– tirar la primera piedra). Y esa actitud, cuya justicia o falta de la misma podría ser objeto de no escaso debate, ha conducido a que en muchas ocasiones se obviara una característica creativa clave: el distanciamiento irónico de que ha hecho siempre gala el amigo. En cuanto maestro ventrílocuo que es, Rivers Cuomo contiene multitudes, pero no debe necesariamente responder por las voces de todas ellas.

 

 

Un fan al timón

Como si el precedente “Everything Will Be Alright In the End” no hubiera cumplido plenamente con su objetivo de regresar a las raíces (pese a que sí les devolvió el favor de la crítica), Cuomo y compañía han prescindido de Ric Ocasek para encomendarle la batuta productora a Jack Sinclair, que en su día militó en un grupo de homenaje a Weezer y a quien se suponía dueño de una mayor conexión con el público más “joven”. Ello se ha traducido en una obra menos directa, no tan épica, pero (de nuevo) razonablemente cercana a ese santo grial que la banda llegó a esgrimir con sus primeros dos álbums, antes de extraviarse en un remolino de expectativas y juicios tanto propios como ajenos.

 

 

El bardo “nerd”

Fue sugerencia de Sinclair, por cierto, que Cuomo “saliera de casa” para recuperar la inspiración de antaño (lo de repetir barba durante el proceso de composición fue idea propia). Y aquí es donde todos los puntos anteriores van a unirse para determinar la especial personalidad del disco. Por un lado, ahí está la observación de los peculiares personajes que suelen congregarse en Venice Beach y Santa Monica. Por otro, el trasfondo de romances entre breves e imposibles que le sugirió su experiencia en Tinder (con motivación “platónica” y conocimiento de su señora esposa, ojo). Y, anudando ambas influencias, el gesto nerd marca de la casa, ejemplificado en letras como ésta: “We got the wind in our sail / Like Darwin on the Beagle / Or Mendel experimenting with a pea / We got the wind in our sail / And we can do so many great things together”.

 

 

El espejo y el alma

De tanto buscarlos, los reflejos resultan inevitables: “Do You Wanna Get High?” es “The Good Life” más “Represent”; “California Kids” le guiña un ojo a “Pink Triangle” y, de paso, a “Wouldn’t It Be Nice”; mientras que “Endless Bummer” remite inevitablemente a “Island in the Sun”. Momento en que vamos a darnos cuenta de que, como con el dichoso grial, la respuesta apunta menos a un objetivo concreto que al total del viaje. Influir en más de un Zeitgeist es algo al alcance de muy pocos (lo consiguieron los Beatles pero no tanto los Beach Boys, que ya es decir). Y, si bien 1994 difícilmente se repetirá, diez (u once) discos más tarde tenemos que acabar haciendo nuestros estos alegres e ingenuos versos de una de las nuevas piezas que han motivado esta reseña: “Girl, we got a good thing / You know where this is heading / Just a couple lovebirds / Happy to be singing…”.

Comentarios
Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com