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Yorkston / Thorne / Khan

Everything sacred

Domino

7,5

Folk psicodélico

Vidal Romero

 

Siempre le ha faltado esa pizca de suerte que sí han disfrutado varios de sus compañeros de generación (los asociados a ese Fence Collective que ha crecido a caballo entre Edimburgo y la pequeña ciudad de Fife, y que nos ha dado a luminarias como King Creosote, Lone Pigeon o The Beta Band), y quizás por eso James Yorkston sigue siendo uno de los secretos mejor guardados de Escocia. Un tipo que se mueve con soltura entre el folk de cámara, la psicodelia otoñal y el pop cubista –en cierta ocasión lo definí como el cruce imposible entre Talk Talk y Julian Cope, para que se hagan una idea–, y que es incapaz de grabar discos malos.

 

El décimo dentro de su cuenta particular, “Everything sacred”, se originó de manera casual, tras conocer a Suhail Yusuf Khan en el backstage de un festival de Edimburgo, mientras ambos afinaban sus instrumentos. Miembro de una larga saga de músicos hindúes, Khan es un virtuoso del Sarangui, una especie de violín que, además de las cuatro cuerdas principales, posee dos decenas de cuerdas de alambre que vibran por simpatía y añaden un colorido zumbido de fondo; un sonido con evidentes ecos orientales, pero que también recuerda a instrumentos medievales europeos, como la zanfoña o la nyckelharpa, que tienen una cierta presencia en la tradición escocesa. Tras descubrir aquella similitud, los dos músicos decidieron que sería buena idea improvisar durante el concierto de Khan, con tan buenos resultados que decidieron llevar la aventura un poco más lejos.

 

 

Esa buena química se nota nada más comenzar el disco: a medio camino entre la raga meditativa y el folk expansivo, “Knochentanz” se extiende durante más de trece minutos en los que va saltando de lo pastoral a lo eléctrico, de lo apacible a lo tormentoso, con una facilidad que resulta pasmosa. Gran parte de culpa de esa suavidad de esas transiciones la tiene el tercer miembro del proyecto, Jon Thorne (antiguo cerebro de Lamb, por si alguien en la sala los recuerda), que añade a la fórmula un contrabajo de inspiración jazzística, contrapunto perfecto para equilibrar dos lenguajes tan diferentes entre sí. De hecho, su participación es la menos llamativa, pero resulta fundamental para coser todo el conjunto (para entendernos, se ocupa del trabajo sucio). Tan bienhallada sociedad funciona a la perfección en los otros siete cortes que incluye el disco, piezas más cortas y sencillas, que exploran diferentes estilos y dejan que cada uno de los músicos reclame su cuota de protagonismo. Así, “Sufi song”, escrita por Khan, es la que más se acerca al folklore hindú, mientras que “Everything sacred”, con un Thorne que cambia el contrabajo por la guitarra y la voz, adquiere un tono minimalista y crepuscular, y la delicada “Broken wave (a blues for Doogie)” es Yorkston en estado puro. Dos estupendas versiones de clásicos escoceses (el “Little black buzzer” de Ivor Cutler y “Song for Thirza”, de Lal Waterson) redondean un disco tan entrañable como gozoso, que se cierra con “Blues jumped the goose”, una pieza de rock somnoliento que deja al oyente con ganas de más.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com